Refugiados y muros: Día mundial del migrante Refugiados y muros: Día mundial del migrante
El 18 de diciembre se conmemora el Día Mundial del Migrante. Hay poco que celebrar. Crece el número de refugiados en el mundo, tanto... Refugiados y muros: Día mundial del migrante

 

El 18 de diciembre se conmemora el Día Mundial del Migrante. Hay poco que celebrar. Crece el número de refugiados en el mundo, tanto como las solicitudes de asilo. Para fines de 2015, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados reporta un nuevo máximo de 65.3 millones de individuos desplazados por conflictos o persecución. Si bien el crecimiento disminuye, el total sigue aumentando. Los mayores anfitriones de estos refugiados, en términos absolutos, son Turquía, Paquistán, Líbano e Irán.

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El 51% de todos ellos son menores de edad. En total, el mundo en desarrollo hospeda, en condiciones que van desde aceptables hasta la hambruna, al 86% del total de estos refugiados. Los solicitantes de asilo del triángulo del norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras), han pasado de 21,000 en 2012 a 110,000 en 2015. La tragedia masiva de los migrantes de origen del Oriente Medio, del norte de África y de Centroamérica acapara las noticias cuando alcanza a los países ricos. Pero la verdad es que las potencias mundiales han logrado que los países en desarrollo alojen, de manera poco sostenible, el “saldo humano” que resulta de sus conflictos[1]. Hay dignas excepciones. Pero incluso en países desarrollados que habían sido ampliamente receptivos (Dinamarca, Francia, Alemania, Países Bajos) la presión política capitalizada por la extrema derecha ha llevado a gobiernos moderados o socialdemócratas a cerrar fronteras.

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Ante esto, resulta difícil de asimilar que tanto Europa como Estados Unidos se erijan en víctimas de una ola migratoria producida por la incompetencia o la complicidad gubernamental en los países de origen. La violencia centroamericana, y la mexicana en menor grado, es producto de conflictos e intereses en buena medida externos. Sin soslayar nuestra responsabilidad, nuestros países estarían en mucha mejor capacidad de manejar conflictos, de gobernar, y de retener a su población, sin las intervenciones armadas de los años ochenta; los ajustes estructurales y financieros negociados con el FMI; el mercado de las drogas; o el mercado de las armas. Sin embargo, un discurso que hace caso omiso del análisis convence a los votantes y por lo mismo es, para todo fin práctico, real.

¿Dónde están México y los mexicanos en este mundo? ¿Debemos representar la causa de los países que generan emigrantes? Durante los últimos diez años México no ha sido un país de emigración. Mientras que se estima que sólo en el año 2000 la pérdida neta poblacional de México a los Estados Unidos fue de entre 600,000 y 750,000 personas, a partir de 2007 el saldo es de prácticamente cero. El total de mexicanos en Estados Unidos llegó a estimarse en 12.7 millones hacia 2007. Hoy es de menos de 12 millones. El total de indocumentados llegó a rozar los siete millones. Hoy se estima en menos de seis. Sin embargo, el discurso que logró convencer a los votantes cruciales describe una situación falsa, en la que los mexicanos invaden los Estados Unidos. Innegable que seguimos siendo muchos. Pero la mayor parte de las personas de origen mexicano en los Estados Unidos nació en ese país.

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Aunque debemos defender los derechos de los indocumentados, ni creamos ni apoyamos la migración indocumentada, y cada vez hay un menor flujo indocumentado. En ese contexto, es paradójicamente positivo que Estados Unidos refuerce muros, vallas y controles para impedir la migración indocumentada o el contrabando. Disuadir a los mexicanos de violar las leyes de México (al salir de aquí sin permiso) y de Estados Unidos (al entrar allá sin permiso) podría ser positivo. No más muertos en los desiertos.

También podría ser positivo porque es hora de que México ejerza un verdadero control fronterizo ante los Estados Unidos. No basta controlar la frontera “de aquí para allá”. Se debe controlar la frontera “de allá para acá”. Se necesita una frontera sin cruces ilegales de E.U. a México. No se ha logrado poner en práctica un mecanismo que permita a México tener toda la información sobre los deportados, y a veces ni siquiera se puede registrar el ingreso de estas personas, debido a la falta de personal, la mala comunicación binacional y los cambios en los puntos de deportación.

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México debe recibir con todas las protecciones del caso a los migrantes indocumentados que sólo violaron leyes migratorias. Pero la deportación de personas que cometieron crímenes en Estados Unidos, o el ingreso de armas en grandes transportes comerciales, son lesivos para México. Estados Unidos protege su frontera. Protejamos la nuestra.

[1] Global trends. Forced Displacement 2015. http://www.unhcr.org/576408cd7.pdf


Agustín Escobar

Agustín Escobar

Director General de CIESAS Email: ageslat@gmail.com