Reforma energética: ni más petróleo, ni más empleo Reforma energética: ni más petróleo, ni más empleo
La actual política energética mexicana se propuso una ambiciosa transformación de las industrias del sector, desde su aprobación tres años atrás. La prueba de... Reforma energética: ni más petróleo, ni más empleo

Tiranía del mercado pone en peligro actual política energética. Pemex puede perder más activos físicos de los previstos.

La actual política energética mexicana se propuso una ambiciosa transformación de las industrias del sector, desde su aprobación tres años atrás. La prueba de una real reforma estructural -tanto en la exploración y extracción como en el procesamiento de los hidrocarburos-, está en los cambios  constitucionales, en los paquetes legislativos secundarios aprobados y en las modificaciones administrativas para su instrumentación.

Tres artículos, casi sacralizados de la Constitución, se enmendaron en diciembre de 2013 para permitir la inversión privada en la exploración, producción, transporte y refinación del combustible fósil. Estos fueron el Artículo 25, que salvaguardaba la rectoría económica del gobierno;  el Artículo 27, que otorgaba a Petróleos Mexicanos (PEMEX)  el monopolio de toda la cadena de valor de hidrocarburos, y el Artículo 28, el cual aseguraba la propiedad y el control de las reservas de hidrocarburos al Estado mexicano.

Reforma energética: ni más petróleo, ni más empleoPara mediados de 2014, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) realiza la llamada ronda cero. Ahí a PEMEX se le adjudica el 90% de las reservas probadas y reservas probables, y el 83% de sus recursos prospectivos. Con esta plataforma se detona la apertura del sector petrolero a la inversión privada.

A finales de ese mismo año, en la primera fase de la ronda uno para la exploración de 14 bloques en aguas someras, unas 48 compañías -incluyendo Total, BP, Shell y Chevron- se registraron para entrar a los cuartos de datos. Luego serían asignados los primeros dos contratos de exploración y producción, desde la nacionalización de los campos en 1938.

La segunda fase de la ronda uno se hizo a principios de 2015. Esta se concentró en la exploración de aguas profundas. Unas 24 compañías expresaron su interés en los cuartos de datos. Le siguió la tercera fase en mayo de 2015. La misma se focalizó en la producción convencional terrestre. La cuarta parte de la ronda uno aún está por venir. Esta se orientará a las aguas profundas del Golfo de México. También hacia la explotación, en la Cuenca de Burgos, de los prospectos de lutita, cuya subasta sería la cereza del pastel petrolero.

Todo ese proceso resultó posible por la nueva reforma energética, la cual había sido aprobada en un corto tiempo, por un gobierno con apenas un año en el poder, y con implicaciones trascendentales, al abrir al sector petrolero a la inversión privada, después de casi ocho décadas de férreo control estatal.

La campaña propagandística de esta reforma fue hábilmente orientada a dar como soluciones imprescindibles a los atractivos de la inversión privada, y a la conversión de los monopolios naturales, PEMEX y CFE, en compañías competitivas sin ser privatizadas, ni entera, ni parcialmente, sólo despresurizándolas de la provisión de casi el 40% del presupuesto federal.

Con todo esto se crearía un nuevo sector energético, el cual aportaría fuentes alternativas de ingresos gubernamentales para financiar programas sociales e infraestructuras y, en general, estimular el crecimiento económico. Tales propósitos fueron bombardeados a la opinión pública.

Las cuentas del mercado

No obstante, el efecto de la tiranía del mercado petrolero anticipó el juicio final de la historia. El precio del barril evolucionó perversamente contra productores, además de desencadenar una política fiscal contraccionista.

Reforma energética: ni más petróleo, ni más empleoEl actual escenario global pudiera minar varias bondades técnicas de la reforma. Igual desvanecer las expectativas demasiado optimistas y los aparentes méritos políticos de los reformadores para inducir una acelerada transformación del sector energético mexicano.

Con la vuelta de campana de la economía internacional y, específicamente, de la caída de dos tercios del precio de barril de petróleo, con respecto a aquel que sirvió de base, autoridades energéticas e inversionistas estarían obligados a tomar nuevas decisiones.

En muy corto plazo pareciera anticiparnos que hicimos una osada apuesta, pretendiendo reposicionar a PEMEX, diversificar la canasta energética y adquirir seguridad en el sector. Nos comprometimos con transferencia de riquezas naturales y con la liquidación irrevocable de activos físicos, para terminar viendo cómo se esfuman esas expectativas, además de tener menores capacidades endógenas para intentarlo de nuevo por cuenta propia.

El gobierno mexicano espera que una vez abierta toda la industria de hidrocarburos, no sólo se revierta la declinación productiva,  mediante el aumento de la producción de 500 mil b/d y mayor eficiencia de refinación, sino que la inversión pudiera alcanzar 15 mil millones de dólares (MMUSD) al año.

Pero en el período 2014-2018 hay una inversión prospectiva acumulada de 370,000 MMUSD para el año 2020, condicionada al acompañamiento de un flujo de gasto de capital de PEMEX sostenido en ese período, la cual rentabiliza e induce a la inversión privada esperada. (Cuadro 1)

Reforma energética: ni más petróleo, ni más empleo

El ajuste del gasto público internalizado en el presupuesto de 2016, el recorte  instrumentado a principios de este mismo año -que mayoritariamente incide en Pemex-, y la reducción prevista en los Pre-criterios de Política Económica 2017, han socavado las expectativas de inversión privada en energía y, eventualmente, reducirán las metas esperadas de empleo y producto. Es muy probable que esas reducciones -en parte por la pérdida de ingresos petroleros por menos volumen y menor valor de las exportaciones de crudo-, impedirán previsiblemente que Pemex desarrolle de forma apropiada a los activos físicos adjudicados en la ronda cero.

Una apuesta riesgosa

El cisne negro aparecido justo en el eufórico comienzo de la implementación de la reforma energética, configura un riesgo no menor a los derivados de la tiranía del mercado.

Bajo el argumento de transmitirle al mercado una señal de que el país cuenta con una infraestructura de inversión robusta para atraer a las empresas petroleras líderes en el mundo, y poseer un transparente mecanismo de subastas, los reformadores suavizaron los términos de referencia de la primera fase de la ronda uno. Decidieron revisar las garantías vistas  demasiado onerosas por los participantes.

Reforma energética: ni más petróleo, ni más empleoEsto permitiría hacer una segunda oferta, si aquellas ofrecidas en principio  quedaban por debajo de los montos mínimos fijados por el gobierno, y la anulación de la regla que prohibía al consorcio en puja reemplazar la salida prematura de operadores preseleccionados, y demorar las subsiguientes subastas planeadas de la ronda uno.

En otros términos, el riesgo está en que la visión minimalista de los reformadores puede conducir a enajenar activos físicos que aún posee Pemex: 10,000 millones de barriles (mmb) de reservas convencionales, 16.5 de billones de pies cúbicos (bpc) de reservas probadas de gas natural; una estimación de 555 bpc de gas no convencional y hasta 15,000 mmb de petróleo no convencional por ser descubiertos.

Además de que está el peligro de que suscriban alianzas subordinadas en aquellas asociaciones susceptibles de suscribirse.  Más si se sabe, que la administración de Pemex no es conducida por alguien con visión de estadista. La han dominado, desde hace mucho tiempo, financistas, “poolishers” y “liquidadores” con visión minimalista. Reitero.

Otras fuentes de riesgos de que la reforma energética no reditue a México los resultados esperados en su diseño, son:

  • La disolución en la práctica del Pacto por México por estrategias políticas electorales.
  • La  escasez relativa de personal calificado para las entidades regulatorias,  al menos que, como ha pasado en otros países de América Latina, se recontrate a profesionales desempleados de los monopolios energéticos estatales.
  • La  relativa escasez de agua para explotar 6,000 billones de metros    cúbicos de shale gas recuperable      en la Cuenca de Burgos. No hay evidencias de que reservorios sean   suficientes para abastecer los requerimientos, tanto de la    agricultura como de la fractura de shale     gas,     ambas intensivas en el consumo de agua.
  • Reforma energética: ni más petróleo, ni más empleoLa creciente competencia de los nuevos oleoductos desde el interior de Estados Unidos hasta la costa norte del Golfo de México.    Estos fueron completados y han asegurado la producción de las arenas bituminosas y del shale   Bakken. Casi un millón de b/d del crudo pesado canadiense está fluyendo en la actualidad hacia las refinerías USGC, compitiendo directamente con los crudos pesados mexicanos, lo cual presionará a la baja en sus precios.

Lo anterior explica por qué persiste el enigma sobre cuál será el saldo neto de la Reforma Energética 2013. Sin profetizar un desastre, provocado por la revancha del mercado contra reformadores y la levedad congénita de éstos, hay que reconocer los efectos negativos del nuevo orden petrolero y la temeridad de nuestras autoridades competentes.

 


Benjamín García Páez

Benjamín García Páez

Estudió la licenciatura en Economía en la Universidad Autónoma de Puebla; la maestría y el doctorado en Economía, en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Por su sólida formación y compromiso con la enseñanza, recibió en 2005, el Premio Universidad Nacional en Docencia en ciencias económico-administrativas.