Redescubriendo la literatura latinoamericana Redescubriendo la literatura latinoamericana
Hablar de literatura latinoamericana actual parece un callejón sin salida. Desde aquellas opiniones que niegan su existencia, como Jorge Volpi (en Revista de la... Redescubriendo la literatura latinoamericana

Hablar de literatura latinoamericana actual parece un callejón sin salida. Desde aquellas opiniones que niegan su existencia, como Jorge Volpi (en Revista de la Universidad de México No. 31 págs. 90-92.) quien en 2006 afirmaba que el virus del realismo mágico terminó por liquidarla y “sólo unos pocos académicos nostálgicos se empeñan en preservar”, hasta los que la ven saludable y vigorosa, acorde con una época en que la idea de “latinoamericano” se ha transformado.

Si bien el fenómeno literario del boom latinoamericano generó el mercado internacional para la literatura latinoamericana actual, las circunstancias hoy a la década del 60 del siglo XX son muy diferentes. En una entrevista para Periodista Digital (30/05/2014), el autor de Aquellos años del boom (premio Gaziel de Biografías y Memorias) Xavi Ayén, daba una pista: (con el boom) “hay ese paralelismo de que el tercer mundo se convierte en primer mundo en cuanto a literatura y Estados Unidos reacciona creando toda una serie de cátedras, seminarios y revistas para captar a los escritores latinoamericanos”; situación que pervive hasta nuestros días, tal y como recuerda a Horizontum el académico Pablo Brescia, coorganizador de la conferencia “Our America? Past and Future of the New Latin American Fiction” realizada en el marco del Coloquio Internacional de Literatura en el campus principal de la USF en Tampa, Florida: “Borges decía que la literatura latinoamericana era un invento de los departamentos de literatura en EE UU. Algo de eso hay. Ahora bien, el avance de los llamados ‘estudios culturales’ sobre la literatura en estos departamentos ha sido notable. Muchas veces, hay mucho de ‘culturales’ y poco de ‘estudios’. Otra veces, abre el campo de lectura”, refiere.

Redescubriendo la literatura latinoamericana

Más allá de la academia, para la narradora uruguaya Natalia Mardero “el boom quedó muy lejos”, al menos en ese rasgo que lo identificó: el compromiso político y social de los escritores, el cual “tampoco es algo que defina a la literatura de nuestros días. Los nuevos escritores tratan más de diferenciarse que parecerse”, afirma vía electrónica, desde Montevideo.

De algún modo, todo este debate nació en 1996 con la compilación McOndo, ideada por los narradores chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez, un guiño irónico que se leyó como todo un desafío a los resabios del realismo mágico (novelas de Isabel Allende, por ejemplo) a la vez que un nuevo paso (ideológico) para redescubrir la literatura que se crea en Hispanoamérica y que, al paso de los años, devino en proyectos como Bogotá 39 que, en agosto de 2007, reunió a 39 escritores menores de 39 años, lo que permitió generar un primer mapeo (comercial) del acontecer literario actual en el continente.

Desde Curitiba, Brasil, la escritora Maria Alzira Brum profundiza: “En la primera década del 2000, y sobre todo en y con internet, el concepto de literatura latinoamericana ha sido retomado a la luz de nuevos o renovados saberes y prácticas, tanto desde una perspectiva más liberal, de utilizar la internet para que escritores (poetas y narradores) difundan su trabajo y entrar en los grandes medios de producción y difusión de literatura, como desde una perspectiva de izquierda, inspirada en la contracultura por una parte y en el ciberactivismo por otra. Ambas perspectivas estaban más o menos afinadas con la emergencia de la izquierda progresista o del populismo en países latinoamericanos y se caracterizaron, entre otras cosas, por la formación de redes de creadores-lectores, por prácticas editoriales y de difusión basadas en la prensa libre, la literatura marginal, el Do it Yourself. En este contexto aparecen las cartoneras y asimismo la idea del escritor como celebridad de un nicho. Hoy, si bien no han desaparecido esas tendencias, lo que se percibe como una onda conservadora atraviesa también la literatura. Hay un revival de discursos liberales, de derecha, tradicionales o no, tanto en la literatura como en su entorno”.

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Vista por bloques o regiones, la literatura latinoamericana forma parte también del mercado a la usanza del arte contemporáneo. Luego de varios esfuerzos de difusión, entre los que destacan Centroamérica Cuenta y las ediciones del Hay Festival (en Colombia y México, principalmente), los entusiastas de la literatura latinoamericana celebran la existencia de un amplio conglomerado de autores cuyas obras se publican desde Montevideo hasta Miami y Los Ángeles ya sea en ediciones periféricas (como las cartoneras) hasta sellos trasnacionales. Así es como veinte años después de aquella “malhadada antología” (Paz Soldán dixit), pero sobre todo una vez concluido el auge de gobiernos progresistas en Latinoamérica, la feria internacional del libro más importante de Iberoamérica, la FIL Guadalajara, tiene como invitado de honor a toda la región. ¿Se abrirán nuevos vínculos?, ¿generará algo más que un directorio o un listado de los autores locales más representativos?

El novelista y traductor quiteño César Ramiro Vásconez pone el dedo en la llaga respecto a si existe una literatura continental. De entrada, nos dice, “no hay unidad en la lengua y menos la puede haber en la literatura”. Y no sólo eso, bastaría recordar que cada región y cada país tiene un desarrollo cultural diferente. Por ejemplo, “Centroamérica es una región balcanizada, hiper fragmentada”, dice el poeta y editor guatemalteco Armando Rivera. Por tanto “yo no me atrevería a decir que hay una literatura latinoamericana, no hay un movimiento de la envergadura del boom, sino una suerte de literaturas locales (contemporáneas) en español que se están intercomunicando”, lo que se asemeja con la reflexión de Brum.

Vásconez coincide con Mardero: “si algo podría definirla es la disgregación de estéticas y voces, pero encuentro a muy pocos autores a los cuales subrayar”, debido “a una serie de escrituras estandarizadas que solo anuncian el riesgo pero se quedan estancadas en lo convencional”, critica. Rivera cuestiona: “Cítame a tres autores salvadoreños o costarricenses con influencia” dentro y fuera de su propio país. Lo anterior puede tener dos aristas, dice, “una mala desde el sentido universalista pero otra buena desde el espacio local, donde se distribuyen sólo mil o 500 ejemplares de literatura no comercial”, lo que significa que “no tienen incidencia ‘en’”.

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Brescia acota que “la idea de literatura latinoamericana se viene cuestionando desde hace bastante tiempo, quizá con más fuerza en los últimos treinta años, a partir de la ‘globalización’ y la idea de ‘literatura mundial’”. Sin embargo, para el también narrador –cuyos cuentos forman parte de varias antologías que reúnen a las plumas hispanas más destacas del género en Estados Unidos-, sí se puede hablar de una literatura latinoamericana “porque los lectores y escritores se refieren a ella de esa manera”, aunque ésta “goza de muchos escritores y pocos lectores”.

Vásconez complementa esto último: “El estado de salud (de la literatura latinoamericana) es equívoco, hay una enorme producción editorial mientras la industria cultural está muriendo. Mientras tanto, el cognitariado oculta el vasallaje dentro de la academia con el discurso postcolonial, la cual ha devenido en un sistema de explotación laboral donde los investigadores suman puntajes en seminarios en condiciones draconianas”, resume. Y agrega: “la distribución de libros en el continente está interconectada a la producción literaria, no son fenómenos aislados. El hecho de que nos llegue muy poco o nada de lo que hace la edición independiente en Bolivia o en Paraguay dice mucho sobre un estancamiento de la conversación”.

¿Y cómo circula la literatura latinoamericana en el continente? El escritor peruano Diego Trelles Paz, editor de la antología El futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana (2009) nos explica: “Con la apertura de matrices locales de las grandes casas editoriales internacionales en muchos de los países de la región, si bien surgen mejores condiciones de publicación para muchos autores, la circulación de los libros se suele limitar al consumo interno. Los libros no solo no llegan a España, sino que rara vez llegan a un país vecino del mismo hemisferio. Todo está condicionado por las ventas y por la popularidad y visibilidad del autor, desde luego que también por su calidad aunque hay novelas estupendas que no logran cruzar fronteras simplemente porque no venden lo que se espera”. Trelles Paz da un voto de confianza a las editoriales independientes de los distintos países, incluidas las españolas que, “de la mano de los mismos autores que desean ser leídos en otros países”, contrarrestan la escasa circulación de obras. Mardero también las pondera: “las editoriales independientes van ganando territorio y profesionalización. Son quienes han dado mayor vida a los nuevos escritores en los últimos años”, asegura. Por su parte, Rivera rescata la existencia de “un sedimento donde se pueden presentar propuestas de literatura y no sólo de mercadeo. Finalmente, la subalternidad tiene espacio dentro de esa contradicción que son las ferias de libros, hay un elemento creador por parte de sectores no eminentemente comerciales”, dice. Más allá de editoriales, Brum concluye que en la actualidad en Latinoamérica “hay una ansia, aunque minoritaria, de regresar a pequeñas comunidades conectadas por el afecto, la revaloración de las palabras y la busca de puntos de vista y contextos de producción. No hay una oposición entre salud y enfermedad, hay procesos y, en ellos, mayor o menor capacidad para cambiar de hábitos. Tal vez se pudiera hablar de crisis y asimismo, ojalá, de caos creativo”.

Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.