Recomendación literaria: Ricardo Piglia con El camino de Ida Recomendación literaria: Ricardo Piglia con El camino de Ida
En el verano de 2013, Ricardo Piglia parecía de vuelta de todo. Con su camino hecho. Una de las voces narrativas más prestigiosas, desde... Recomendación literaria: Ricardo Piglia con El camino de Ida

En el verano de 2013, Ricardo Piglia parecía de vuelta de todo. Con su camino hecho. Una de las voces narrativas más prestigiosas, desde el Boom, en el espacio de la lengua, con miles de lectores y sus obras traducidas a decenas de idiomas. Un crítico sutil, con ojo clínico para asomarse a las honduras de la tradición y olfato suficiente como para anotarle algún gol a los guardianes del legado de Borges. Un comentarista audaz que invoca al incorregible nubarrón de Roberto Artl –ese cadáver incómodo que se embute en un féretro para intentar expulsarlo por la ventana- y lo deja flotando sobre Buenos Aires y la literatura argentina.

Está en Caracas. En algún momento Piglia no puede más que contestar las preguntas de un joven y desmañado reportero. Su plan, pasados los 70 años, consiste en seguir escribiendo, pero en el futuro próximo estaría ocupado con su inminente novela, El camino de Ida. Por lo demás, probablemente seguiría releyendo ciertas cosas y, claro, esperando sólo por las publicaciones de Don DeLillo.

Recomendación literaria: Ricardo Piglia con El camino de IdaPiglia dice “El camino de Ida” y parece que se está despidiendo. El camino de ida, al fin y al cabo, es el único camino que tiene cualquiera, no hay regreso posible.

Tiene la costumbre de duplicar el discurso; solo cree en las historias que son, como mínimo, dos historias, pero esa tarde nada sugiere, y él tampoco sospecha, que morirá tres años y medio después, en enero último, engarrotados sus músculos debido a una esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Piglia es amable, es lúcido, es vivaz. No luce robusto como un ombú de la pampa; su conversación resulta en cambio penetrante y ligera como el efecto del mate.

En septiembre de 2013 sale a la luz en Argentina la primera edición de El camino de Ida; en octubre, aparece la edición mexicana.

Ida Brown es en la novela el objeto de deseo intelectual y carnal del protagonista/narrador y es también la víctima de un crimen que detona el enigma.

Emilio Renzi –alter ego incansable de Piglia en sus ficciones- es un profesor argentino que viaja a una universidad de élite norteamericana para impartir un curso sobre Guillermo Enrique Hudson; Ida es una brillante académica experta en Charles Dickens. Ambos son lectores de Joseph Conrad. Hudson es el hijo, nacido en el Cono Sur, de emigrantes anglosajones que termina emigrando a Inglaterra para escribir, ya en la vejez, Allá lejos y hace tiempo, evocación de las planicies y las rancherías sudamericanas de su infancia; Dickens es el inglés que escribe acerca de los desclasados que habitan los sumideros de la Inglaterra urbana durante la era industrial; Conrad es un polaco que llega a Inglaterra, asume el inglés como lengua literaria aunque jamás deja de cifrar en su obra el extrañamiento, la incomunicación, el error de paralaje que arrastra el extranjero, de ahí, tal vez, que su elemento favorito sea el mar y su metáfora más recurrente el viaje.

Como en el resto de la obra de Piglia, la cita aquí es un mecanismo central y los autores citados -sus mundos, sus personajes- suelen desembarcar en el mundo real ficticio creado por Piglia para convertirse entonces en parte esencial de la nueva historia. Si en sus Tesis sobre el cuento el autor argentino dice que un relato corto siempre posee dos hilos narrativos (una fábula en la superficie y otra ocurriendo en el envés de la trama), las novelas de Piglia pueden ser varias novelas.

Las referencias librescas que obsesionan a Ida, a Renzi o a su vecina rusa, Nina (Dostoievski, Tolstoi), pueden leerse como parte de una reflexión integradora acerca de la deriva, no solo literaria, de la modernidad hasta su naufragio en el presente (que algunos llaman posmodernidad). Los flujos y reflujos de la civilización global –migratorios, pero también éticos, estéticos- se rastrean, se yuxtaponen y entreveran mediante un ejercicio indirecto de crítica que acontece en los intersticios de la acción novelesca.

En la actualidad narrativa, Renzi e Ida tienen un pasado íntimo y eventualmente vuelven a ser amantes; ella busca la plenitud comunicativa y el cuerpo es la última frontera. ¿Cuántos amantes en su vida? ¿Quién, quiénes? Las preguntas rondan de vez en cuando la cabeza de Renzi.

Un día todos se enteran de la muerte de Ida como consecuencia de una explosión en su automóvil. Los engranajes de la ficción noir comienzan a moverse; los oficiales a cargo interrogan a Renzi, que puede o no ser culpable; él a su vez busca un detective privado, este tiene contactos con el FBI y comienza a trasvasar información privilegiada hasta Renzi, que nos informa a nosotros.

Hay una pista, o más bien hay un contexto. Ha habido muertes similares, hasta el momento inexplicables, en diferentes partes del país durante mucho tiempo. No hay un sentido legible ni un patrón de temporalidad detectable ni una firma estilística que conduzca al autor. Eso sí, todas las víctimas tienen un perfil común: son lumbreras de las ciencias y/o la academia en Estados Unidos. Renzi ahora se pregunta si la ilustre profesora, con su carga de cinismo y de lecturas, o bien harta de cinismo y de lecturas, no habrá pasado de la teoría a la acción; de la libertad intelectual y el sosegado albedrío sexual al terrorismo y la anarquía militante. ¿Era apenas una víctima más en la serie de crímenes o, tal vez, Ida Brown transportaba un artefacto explosivo como cómplice en los ataques selectivos contra las cabezas más esplendentes del firmamento intelectual estadounidense?

Recomendación literaria: Ricardo Piglia con El camino de Ida

Una mañana aparece en los principales diarios del país un Manifiesto que reivindica los asesinatos y se pronuncia contra el capitalismo y su expansión tecnológica, que “no se detiene ante ningún límite: ni biológico, ni ético, ni económico, ni social”. Los científicos, “técnicos del saber práctico”, serían responsables de la violencia de un sistema global articulado en nombre del progreso.

Un nuevo personaje entra en el juego, Thomas Munk, alias Recycler, exalumno genial de Harvard y exprofesor de Berkeley retirado durante décadas en una cabaña solitaria, a quien su hermano denuncia como autor del Manifiesto. Renzi va hasta la cárcel para entrevistarse con él porque necesita respuestas sobre Ida.

Piglia construye con Munk una versión literaria del matemático, ermitaño y terrorista Ted Kaczynszki (La sociedad industrial y su futuro), conocido en los medios como Unabomber, quien fue condenado a varias cadenas perpetuas tras considerarse responsable, entre 1978 y 1995, de una serie de atentados semejantes a los relatados en la ficción de Piglia.

Munk también es lector de Conrad. En una época huérfana de grandes relatos sociales (religiones, ideologías…), ha preferido confiarse a las modestas ficciones de la literatura. Comprende que el tema de Conrad es en realidad el viaje existencial, el tránsito hacia la conversión en Otro. Munk ha dejado de ser un catedrático para encarnar al hombre de acción de esta era: el lobo solitario.

Emilio Renzi sí regresa a su país de origen. Aun así, cumple la función de un Hudson que cuenta su nostalgia, una historia sobre su vida en otra parte, allá lejos y hace tiempo. Una nostalgia, sin embargo, contaminada por los hechos dramáticos de una época que ya ha perdido toda candidez; una historia que no puede permitirse ser idílica.

“Fue Ida quien me ligó a esta historia y por ella he escrito este libro”, confiesa Renzi casi al final del libro. Ida Brown es el camino.

Entonces: Recycler es Unabomber; Emilio y Renzi son respectivamente el segundo nombre y el segundo apellido de Ricardo Emilio Piglia Renzi, quien fue, en efecto, profesor universitario en los Estados Unidos durante muchos años y finalmente retornó a la Argentina donde trabajó hasta el final en la publicación de los diarios que escribió desde la adolescencia; El camino de Ida fue su quinta y última novela. Un trecho de su propia ruta y una insospechada despedida.

Recomendación literaria: Ricardo Piglia con El camino de Ida

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Ricardo Piglia (Adrogué, 1941-Buenos Aires, 2017). Publicó en 1967 su primer libro de cuento, La invasión, premiado por Casa de las Américas. En 1980, la novela Respiración artificial lo consagró internacionalmente. Escribió además las novelas La ciudad ausente, Plata quemada, Blanco nocturno (Premio Rómulo Gallegos, 2011). También es autor de varios libros de ensayos y de los volúmenes autobiográficos Los diarios de Emilio Renzi, divididos en tres partes: Los años de formación (1957-1967), 2015; Los años felices (1968-1975), 2016, y Un día en la vida, 2017.

Fue profesor de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de California en Davis y la Universidad de Princeton, EE.UU. Fue guionista de las películas El astillero (1999), La sonámbula, recuerdos del futuro (1998) y Comodines (1997), así como co-guionista de la película Corazón Iluminado.

En 2011 regresó a Argentina, tras años en EEUU. En 2014 se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Murió el 6 de enero de 2017.

 

 

Jesús Adonis Martínez Peña