Realmente soy un morboso: Ronnie Medellín Realmente soy un morboso: Ronnie Medellín
El cómic, el cine y el morbo han sido partes fundamentales en la escritura de Ronnie Medellín (Minatitlán, Veracruz, 1984), quien es el autor... Realmente soy un morboso: Ronnie Medellín

 

El cómic, el cine y el morbo han sido partes fundamentales en la escritura de Ronnie Medellín (Minatitlán, Veracruz, 1984), quien es el autor de dos libros de cuentos y acreedor del Premio Nacional de Novela Joven “José Revueltas”, por su obra Dieciséis toneladas, la cual abreva del blues y el box para entregar un relato policial clásico.

¿Cómo surge tu pasión por la novela negra?

-Mi primer acercamiento real, si mal no recuerdo, fue Batman: la serie animada que se transmitió durante la década de los noventa. Yo era muy chico –tendría, nueve o diez años- y no entendía lo que estaba viendo, porque sólo había sombras y edificios largos art decò. El segundo acercamiento –ya de más grande- fue El complot mongol, de Rafael Bernal, que se convertiría en mi piedra angular y no sólo porque fuera la primera novela de policiaco que me impactó. También el cine, principalmente La soga de Alfred Hitchcock, que no es policíaco, pero es misterio..

Dieciséis toneladas es el título de una canción,  ¿podrías revelar el misterio?

Creo que el blues es el soundtrack perfecto, porque en éstel se mezcla fantasía y realidad. Es sentimental pero también es agresivo; es decir, es una música que inició como protesta, pero también es pasional, como lo que intenta ser esta novela. Entonces el blues es un hilo conductor. La historia de la rola (“16 tons”) es un problema, porque es una canción folklórica de afroamericanos que fue llevada a la popularidad por un blanco y tenemos la idea de que es una canción sexy, pero realmente habla sobre los campos algodoneros y de venderle tu alma al diablo. El diablo es un personaje que me fascina.

-¿A qué se debe que Dieciséis toneladas tenga una estructura fragmentada, a manera de relatos?

-Más que pensar en cuentos, pensé en una especie de viñetas, como en el cómic, a la vez que parecido a Psicosis de Hitchcock. Pasa que la novela la escribí sin pensar en los personajes principales, esos se los regalé a los otros dos que aparecen para poder contar su historia, (debido a que) me gusta darle su lugar a cada personaje. Es que, desde niño tengo una obsesión por preguntarme “¿qué estará haciendo Tom Cruise en este momento?” y ese es mi punto de partida, el morbo. Realmente soy muy morboso. No puedo irme de una fiesta sin que alguien me cuente una historia de espantos. Lo perrón de la novela negra es que te permite extenderte porque, cuando entras/sales de la línea narrativa, del argumento, no importa. Lo que te permite es conocer al personaje y seguir la aventura.

-¿Cuál es tu aventura o reto?

Me inicié en la escritura para escribir ciencia ficción, pero no lo he hecho como he querido. Acabo de terminar una novela de realidades alternas, lo que llamo un thriller de ciencia ficción para Godínez. También estoy escribiendo otra de terror y fantasía, un tanto juvenil, y acabo de concluir la estructura de otra novela negra. El problema con ganar premios y de ser publicados es mantenerse así,  con material para ser de nuevo tomado en cuenta. Creo en la literatura como un oficio. No veo problema en trabajar por encargo porque sigues siendo tú. Tuve un inter porque estudié la maestría en Derechos Humanos. Justo eso me llevó a cuestionarme qué estaba haciendo: ¿estoy trayendo más violencia a un mundo de por sí violento? Aún no he salido de ese dilema, pero creo que me sirvió para encontrarle un sentido (a la escritura).

-¿Qué hay en tu novela que vincule con la obra de Revueltas?

-Más allá de Bernal y de Rulfo, en mis primeras lecturas también está José Revueltas, porque tenía un amigo que su papá era muy fan, entonces cuando yo iba allí, los leía. ¿Con qué me puedo identificar con él? Con su versatilidad. Me gusta estar abierto a narrar. Con Dieciséis toneladas no siento que haya escrito un homenaje, pero sí comparto la manera en que él interpreta la moral: no hay ni buenos ni malos. Todos somos partes de un sistema y, fuera de etiquetas políticas, ese sistema es absorbente.

-¿La novela negra en México podría diversificarse?

-Yo creo que sí. Sería interesante que la novela negra no sólo creciera de manera comercial, sino también fuese vista como estudio (social). Ahora tenemos encuentros de escritores. Me parece que son un esfuerzo valioso por congeniar la literatura ágil, de aventuras y la perspectiva social. Es curioso, pero en otros países la novela negra se toma como algo serio. No digo que el mexicano tenga que burlarse de todo, pero antropológicamente hablando, necesitamos espacios lúdicos para respirar. No hay que tomarla tan en serio y disfrutar de la ficción. Lo que sí tenemos que tomarnos en serio son los problemas que hay allá afuera.


Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.