¿Qué pasó con Lesvy? ¿Qué pasó con Lesvy?
Una mujer murió. Tenía 22 años. Su cuerpo fue hallado a unos metros del Instituto de Ingeniería de la UNAM, nuestra Universidad. Lesvy Berlín... ¿Qué pasó con Lesvy?

Desde algún lugar de la martirizada pléyade chilanga, informo a mi coronel:

Una mujer murió. Tenía 22 años. Su cuerpo fue hallado a unos metros del Instituto de Ingeniería de la UNAM, nuestra Universidad. Lesvy Berlín Osorio -se llamaba- murió al costado de un teléfono público; el cable del artefacto rodeaba su cuello. Una inocua correa de perro caía en su desmayada mano. La muerte siempre es así: absurda.

¿Qué se llevan los muertos cuando se mueren?, ¿qué se queda con ellos? Si responde que la memoria, mi coronel, también esa se la quisieron arrebatar. No pudieron. Apenas trascendía la noticia de su muerte, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ) -la “Procu”, para nosotros- hizo lo de nunca: hizo algo. Pero mal. En su cuenta de Twitter, presurosos, una batería de mensajes pretendía demoler la reputación de Lesvy. Peor aún, casi justificaba su muerte.

“#InformaPGJ Su madre y novio aseguraron que ella ya no estudiaba desde 2014, y dejó sus clases en CCH Sur, donde debía materias”. Otro: “InformaPGJ El día de los hechos, la pareja se reunió con varios amigos en CU, donde estuvieron alcoholizándose y drogándose”. Las cursivas son mías, la indignación, de todos.

Para la PGJ, Lesvy no era una ciudadana merecedora de nada. Era, solamente, una mujer, con la preparatoria trunca, que se drogaba y alcoholizaba. “¿Lo investigamos? Nada de eso, en algo andaba”.

Horizontum. ¿Qué pasó con Lesvy?

Metida la pata hasta la cadera, la PGJ cortó cabezas. Metafóricamente, claro, que literalmente es otra cosa. A la titular de la oficina de comunicación social, Elena Cárdenas,  le pusieron los pies en polvorosa. Lo que no cambió gran cosa. La muerte de Lesvy sigue en el incómodo umbral de la irresolución. Nada para nadie. Todos pierden.

Como fuera, la muerte de la joven se complicó, y mucho. Más allá de la gravísima equivocación de la Procuraduría, el ambiente, de por sí enrarecido, se crispó aún más por los inesperados vuelcos que dio la narrativa. Uno de ellos francamente espeluznante, como de novela negra. Y de eso, algo sabemos, mi coronel.

Un grupo de radicales ecologistas, anti-humanos y tecnofóbicos, “Individualistas Tendiendo a lo Salvaje-Grupo Indiscriminado Tendiendo a lo Salvaje” (ITS/GITS), se atribuyó el asesinato de Lesvy y del homicidio de dos personas, además de la colocación de artefactos explosivos en las instalaciones de la Universidad y de una tácita pero no menos agresiva campaña contra la ortografía y la sintaxis.

“La muerte continúa rondando…”, anuncian melodramáticamente los sociópatas, “lo habíamos advertido desde un comienzo… nos responsabilizamos de los siguientes actos perpetuados –le digo, campaña contra la sintaxis-:
-Domingo 30 de abril. Asesinato de dos individuos a las orillas del ‘Monte Tláloc (…)-Jueves 4 de mayo: Abandono de un artefacto incendiario en el salón p 104  de la facultad de ciencias de la unam –le digo, campaña contra la ortografía-”.

Horizontum. ¿Qué pasó con Lesvy?

Y rematan, casi como para convencerse a sí mismos: “Con estos actos dejamos en claro que esto no es un juego, nuestras palabras van en serio”. No obstante, las pruebas documentales de sus supuestas trastadas son  risibles, patéticas. Por ejemplo, la “bomba” abandonada en algún lugar de la Universidad tiene una manufactura más bien pobre. En la postal, un reloj grande, malamente adherido a una botella transparente, tiene un aspecto caricaturesco, cómico. Eso debía explotar; por fortuna, no se tienen noticias de que lo haya hecho, ni siquiera de que en realidad hubiera existido.

De Lesvy y su muerte, ITS/GITS dice: “Ni siquiera en sus malditas ciudades estarán a salvo, ni siquiera en sus malditas escuelas podrán sentirse seguros a pesar de sus cientos de cámaras, por eso es que también nos responsabilizamos del homicidio de otro ser humano en Ciudad Universitaria el día 3 de mayo”.

Rubem Fonseca decía, en voz de Mandrake, un miembro de nuestra estirpe literaria, mi coronel, que “la verdad es más extraña que la ficción porque no está obligada a obedecer lo posible”.

Por ahora, la PGJ apuesta a dos bandas contradictorias. Sus filtraciones son la clave. Por un lado, presume el suicidio de Lesvy; por el otro, “sugiere” la participación del novio en su muerte. Asentado en el expediente del caso, CI-FCY/COY-1/UI-1/CD/1099/05-2017, tres peritajes en mecánica de hechos suponen que la joven se enredó el cuello con el cable del teléfono y se dejó caer. Tampoco hallaron, los investigadores, rastros que denunciaran huellas de ataques o de defensa previa.

Del novio afirman que se encuentra bajo investigación. Cuatro veces estuvo preso, dicen. Por  delitos de robo a negocio, robo sin violencia, allanamiento de morada y contra servidores públicos.

En firme, mi coronel, parecen perfilar, orientar un juicio social anticipado. Mejor sería que investiguen, que dejen las filtraciones por la paz. Nada abonan y mucho confunden. O, quizá, justo eso es lo que quieren.

Como sea, una mujer murió. Tenía 22 años y se llamaba Lesvy Berlín Osorio. Eso tiene la muerte: siempre nos extravía.

Seguimos atentos, indignados e informando, mi coronel.


Filiberto García

Filiberto García, nació en la Ciudad de los Palacios, otrora México-Tenochtitlán. Formó parte, brevemente, de los servicios de inteligencia mexicanos.. Su paso en los entretelones del espionaje lo consignó un novelista de los buenos. Luego, Filiberto, herido por la abulia y temprano aburrimiento -su trabajo de espía no duró más que una novela- se dedicó a estudiar periodismo. Se le quedó lo de "mi coronel", y a él le escribe, periódicamente, uno que otro análisis. A veces escribe en serio. Pero siempre lo hace en “Horizontum”. Pura sátira.