Putin, entre la imagen homófoba y la misoginia existente. Visión de una periodista millennial rusa Putin, entre la imagen homófoba y la misoginia existente. Visión de una periodista millennial rusa
A pesar de las modernizaciones y avances a los que hemos llegado, a lo largo de los siglos, no todas las sociedades del mundo... Putin, entre la imagen homófoba y la misoginia existente. Visión de una periodista millennial rusa

A pesar de las modernizaciones y avances a los que hemos llegado, a lo largo de los siglos, no todas las sociedades del mundo están en el mismo nivel en la línea temporal de la historia. Aunque compartamos época y planeta, ni las tradiciones ni la ciencia ni la mentalidad se encuentran todas a la par. Por tanto, el punto clave, para empezar, es comprender que cada cultura está formada por sus valores y creencias propias y compararlas es en vano. Las diferentes sociedades van avanzando con diferentes ritmos. Lo que en una parte del mundo es algo normal y corriente, en la otra puede ser una exaltación.

Por eso mismo nos cuesta tanto comprender las costumbres entre los diferentes países. No se trata de justificar así lo malo, sino tratar de entender por qué actúan de ese modo, sin dejar de promover un cambio hacia la libertad de elección, hacia el respeto de cada individuo.

Putin es muy criticado por ser un líder homófobo, entre otros aspectos de su política. Aunque él asegura que no hay restricciones de ningún tipo, la realidad es que toda propaganda, a favor de parejas del mismo sexo, está prohibida en el país.

No obstante, la homosexualidad no siempre ha sido mal vista en la Federación Rusa. Durante el siglo XV, cuando Kiev era el centro del país, existía una homosexualidad relativamente conocida y tolerada, tanto entre las clases más bajas como entre la realeza, entre los cuales uno de los más destacados fue Iván el Terrible. Sin embargo, ya desde entonces la principal opositora era la Iglesia Ortodoxa, la cual ha ido influyendo en la sociedad rusa de modo que fueron naciendo normativas en el código penal contra estos grupos.

Putin, entre la imagen homófoba y la misoginia existente. Visión de una periodista millennial rusa

En 1716, bajo el mandato de Pedro I el Grande, nació la primera ley que prohibía a los soldados en activo yacer con otros hombres. El hecho de que la regla se aplicase sólo al ejército dejaba en evidencia que la homosexualidad entre los hombres de la guerra estaba latente y normalizada. El zar Nicolás I de Rusia se convirtió en el primero en incorporar la homosexualidad en el código penal, pero de una forma suave y no con grandes castigos, continuando esta tendencia sobre todo entre los hombres de las clases altas.

Vladimir Nabokov, un escritor de origen ruso y nacionalizado estadounidense, escribió en uno de sus libros que el Estado no debe entrometerse en la orientación sexual de los ciudadanos. La Revolución de 1905 y el Manifiesto de Octubre promovieron que la homosexualidad vuelva a ser un asunto extendido y sin represión, con gran impacto en el arte ruso y en la sociedad en general.

Con la llegada de los bolcheviques, tras la Revolución de 1917, fue abolida cualquier pena impuesta por el Antiguo Testamento, incluyendo aquella que prohibía a los hombres tener relaciones sexuales con hombres. Sin embargo, la homosexualidad era extendida sobre todo entre la burguesía por lo que fue considerada por los bolcheviques como una enfermedad dada entre el sector y que, por tanto, debía ser curada y castigada en los casos que hiciese falta.

Con Stalin fue cuando la homosexualidad en Rusia fue criminalizada, del mismo modo que la prostitución. A raíz de ese momento, los homosexuales fueron perseguidos y castigados a cinco años de trabajos forzados. Aunque en 1993 Boris Yeltsin eliminó aquella prohibición, un alto porcentaje de la ciudadanía tenía algún problema en aceptar a los gays. Actualmente, además de estar prohibida cualquier tipo de propaganda que la promueva, no es legal informar a los menores acerca de la homosexualidad.

Putin, entre la imagen homófoba y la misoginia existente. Visión de una periodista millennial rusa

Hoy existe una fuerte represión social y, lo que es peor, gubernamental que persigue al sector homosexual y busca cada día nuevos proyectos para no llevar a cabo la normalización que pretenden conseguir las organizaciones LGTB y de Derechos Humanos.

En lo personal he encontrado a chicos homosexuales que reconocen que no pueden ir por la calle de la mano con su pareja porque los miran mal, escupen e incluso los agreden. Todos los días encontramos noticias de jóvenes atacados o asesinados solamente por su orientación sexual.

En un documental realizado por Oliver Stone, The Putin Interviews, en el que se pueden observar numerosos encuentros entre el cineasta y el presidente, Vladimir Putin respondió que no se ducharía con un gay porque “¿Para qué provocarlo?”, a la pregunta del director de qué haría si tuviese que compartir ducha con un homosexual en un submarino. Asimismo, en 2013 se aprobó una normativa que sanciona las conductas que validen la conducta homosexual. A raíz de este hecho, se produjeron protestas en contra de la ley en las que el objeto a destacar fue un cartel en el que se aprecia a un Putin maquillado con los colores de la bandera LGTB de fondo. La imagen ha sido considerada como ilegal, acusada de ser material extremista.

Por otro lado, también el sector de las mujeres ha sido afectado por el presidente. Por un lado dijo que “las mejores prostitutas del mundo son las rusas”, refiriéndose a las mismas como “chicas que tienen baja responsabilidad social”, cuando varios medios aseguraron que el presidente norteamericano Donald Trump frecuentaba prostitutas rusas. En otra ocasión el presidente ruso afirmó que él “nunca ha tenido un día malo, porque no es mujer”. Además de alegar que las mujeres hacen muy bien su constante trabajo de cuidar de los hijos y de los hombres, sin tener ni un fin de semana libre, como si ese fuese el único trabajo al que pudiese aspirar la mujer.

Putin, entre la imagen homófoba y la misoginia existente. Visión de una periodista millennial rusa

Como alguien que lleva viviendo tantos años fuera de Rusia, personalmente no he tenido que enfrentar este tipo de comentarios ni acciones directamente; sin embargo, no deja de afectarme que desde la tierra en la que nací se siga machacando la libertad de esta forma. Me encantaría defender que lo publicado no es veraz o que en realidad se han malinterpretado las palabras; no obstante, es difícil cuando éstas se contrastan con los hechos. Es una pena no poder sentirse orgullosa de su país en algo tan humano como eso.

Categorizamos a las personas por sus gustos y preferencias, por su apariencia física y las primeras impresiones; sin embargo, parece que no nos queremos dar cuenta de que son cualidades de los demás que no nos afectan personalmente. La orientación sexual es una de éstas. No es ningún trastorno mental ni algo que se contagie, ni tampoco una moda. ¿Qué tiene el heterosexual para que sea más respetable que un homosexual? Ambas son personas, eso es lo que importa.

Cuando se dan grupos extremistas que no respetan esta realidad, hay un problema en la sociedad. Pero además, éste resulta difícil de solucionar cuando el país cuenta con un gobernante que no promueve la libertad de elección, sino que se convierte en el apoyo de esas agrupaciones. El presidente Vladimir Putin asegura que no hay medidas que promuevan el rechazo hacia el sector LGTB y que no reciben ningún trato discriminatorio; sin embargo, tampoco promueve la aceptación de los mismos. El país se ha estancado en un pensamiento retrógrado y el máximo líder no ayuda en su avance.


Valeria Babich

Valeria Babich

Nací en Rusia en 1995.Llevo viviendo 14 años en España. Soy recién graduada de Periodismo en la Universidad de Sevilla. Estuve un semestre en el Instituto Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México. He colaborado en proyectos de programas de radio e hice prácticas en un programa televisivo. Me encanta el cine, la literatura, la música y viajar.