Putin, el ganador Putin, el ganador
Para el momento en que su servidor estaba escribiendo estas letras, Donald J. Trump tenía apenas una cuantas horas de haber tomado protesta como... Putin, el ganador

Para el momento en que su servidor estaba escribiendo estas letras, Donald J. Trump tenía apenas una cuantas horas de haber tomado protesta como el 45º Presidente de los Estados Unidos. Durante su discurso al tomar posesión del cargo, Trump nos dejó ver varios ápices acerca de las acciones, lineamientos en política interior y exterior y el tono del régimen que estará encabezando, los cuales no son en absoluto alentadores para la comunidad internacional (se confirma, al menos en una primera aproximación que será un gobierno autoritario, ultranacionalista, proteccionista, incendiario y populista con pleno apego a los pilares de poder duro), y como muestra, algunos fragmentos de su discurso inaugural como fue: “Tomo el poder y se los regreso a ustedes, al pueblo”, “Estado Unidos ha protegido las fronteras de otros países, es hora de que protejamos la nuestras” y “El sol brillará para quienes estén del lado de Estados Unidos”; pero sí lo son para una personalidad, que desde hace un par de años ha sido catalogado como la persona “más poderosa del mundo”, y esta personalidad es el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin.

Ha sido ampliamente difundido y analizado en diversos medios de comunicación internacionales, así como en diferentes columnas y artículos de opinión de varios especialistas en todas las latitudes, las implicaciones del hackeo que catapultó la intervención rusa en el Proceso Electoral de los Estados Unidos que favoreció claramente a Donald J. Trump horas antes del comienzo de la jornada electoral, que junto a otros fenómenos que ya se han mencionado en publicaciones anteriores de esta columna, lo llevaron a ser el nuevo ocupante de la Casa Blanca.

Putin, el ganador

Apenas se han logrado desmenuzar en algunos elementos las razones que llevaron a Vladimir Putin a ordenar este hackeo ruso para decantar las preferencias hacia Trump, pero lo que puedo asegurar, es que él estaba plenamente consciente, ante la férrea respuesta por parte del entonces saliente presidente Barack Obama y la empatía rusa por parte del Presidente Electo, de la oportunidad histórica de tener influencia dentro de la Oficina Oval, y lograr al fin consolidar la presencia hegemónica rusa a nivel internacional, como el mismo siempre lo ha buscado, con base en un crisol de sentimiento guerrero y de supremacía que ha estado tatuado en las mismas mitocondrias rusas, y que había sido frenado por la administración Obama.

La coyuntura reciente propia de las relaciones internacionales entre Estados Unidos y Rusia han sido muy difíciles y ríspidas, no sólo dentro del tema de Siria, las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a Rusia, la posibilidad de anexión de Ucrania a la Zona Euro y a la OTAN, la Crisis de los Refugiados, la anexión rusa de Crimea y/o y la crisis de Ucrania, la instalación de un escudo antimisiles tanto por parte de la OTAN como su contraparte rusa de acuerdo con intereses geopolíticos y sus compromisos remanentes dentro del acuerdo SORT (Tratado de Reducciones de Ofensivas Estratégicas firmado por Putin y George Bush en 2002), su enfoque en ocasiones cooperativo en la lucha contra el terrorismo, sino  también en temas de las propias vísceras de Rusia, como lo son los asesinatos políticos, la violación de los Derechos Humanos en Rusia, el déficit en la libertad de expresión y de prensa, la discriminación hacia derechos civiles de la comunidad LGBT, entre otros, lo que ha ocasionado tensiones notorias entre la Casa Blanca y el Kremlin, y estas tensiones parecía que podrían continuar si Hillary Clinton hubiera ganado las elecciones, pero los resultados fueron otros.

Putin, el ganador

La clara empatía de Trump hacia Putin fue un tema del cual fue cuestionado durante su campaña, pero no provocó ciertamente un daño considerable, sino todo lo contrario, el primer rédito ganado fue que la primera llamada que recibió Donald Trump, apenas se confirmó su triunfo en las urnas, fue justamente de Vladimir Putin, la mesa ya estaba puesta, y sólo faltaba servir la cena, la cual se sirvió con el nombramiento (con falta de la confirmación por parte del Congreso Norteamericano) de Rex Tillerson como Secretario de Estado de los Estados Unidos (quien es sumamente cercano a Vladimir Putin).

El discurso ultranacionalista y ciertamente fascista de Donald Trump ha enfocado sus baterías no solo a países como China y México, sino también hacia Alemania y gran parte de los países de la Zona Euro, lo que ha generado un clima de incertidumbre respecto a las propias relaciones en el hemisferio occidental, lo cual genera un debilitamiento obvio dentro del rol de la Unión Europea dentro de la propia dinámica internacional (agregándole el BREXIT), y aunado con los constantes roces y declaraciones poco afortunadas contra China (y más específicamente sobre el tema de “Una Sola China” y temas comerciales) le da una posición sumamente ventajosa a Vladimir Putin, ya que no sólo puede contar con mucho mayor peso geopolítico dentro de las decisiones del continente y del rol de Rusia en la comunidad internacional, sino que los desencuentros propios entre Pekín y Washington D.C., le dan una capacidad inigualable de influir en las decisiones de China dentro del marco de la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái) en donde ambos son miembros, por lo que cuenta con una oportunidad histórica y como jamás se había presentado anteriormente, el Kremlin será una constante tanto en la Casa Blanca, como en el Zhongnanhai.

Los vientos suenan a favor de Rusia mi estimado lector, ya que Vladimir Putin entendió todos los costos derivados de la Guerra Fría y supo capitalizarlos hoy en día en una Rusia fuerte dentro de un mundo mutipolar, en donde el centro del poder parece oscilar con inercia propia hacia el hemisferio oriental, por lo que las decisiones en materia de política exterior de Donald Trump serán determinantes para la estabilidad misma del Sistema de Naciones actual o el amanecer de uno nuevo con un Kremlin como actor protagonista.

Diego Sanchez Campia

Diego Sanchez Campia

Soy Internacionalista por la FCPyS de la UNAM, especializado en Diplomacia Digital, con especial énfasis en Diplomacia en Redes Sociales.Actualmente tengo el proyecto Red México / México Sin Frontera (www.mexicosinfrontera.com) , que está enfocado en información en protección, asistencia consular y protección preventiva para mexicanos en el exterior por medio de redes sociales.He participado con publicaciones para Líderes Internacionales y Paradigmas (dependiente de Urbi et Orbi del ITAM).