(Por fin) Firmes ante Trump (Por fin) Firmes ante Trump
El gobierno mexicano, tras las pifias iniciales, endureció sus posicionamientos ante Donald Trump y su administración. De la tibieza declarativa con la que se... (Por fin) Firmes ante Trump

El gobierno mexicano, tras las pifias iniciales, endureció sus posicionamientos ante Donald Trump y su administración. De la tibieza declarativa con la que se abordaron los exabruptos de la campaña electoral, que llegó al extremo de la invitación al magnate para presentarse en Los Pinos –el mejor evento de su campaña electoral-, hasta los llamamientos de rotunda negativa a continuar con las negociaciones bilaterales si determinadas propuestas son contempladas, hay un trecho considerable.

La nueva retórica gubernamental, mucho más contundente, parece impelida por los altos costos políticos que la extrema mesura de la primera estrategia trajo para la presidencia de Enrique Peña Nieto. En efecto, plagada de mensajes ambiguos y declaraciones grises, casi mediocres, el primer abordaje comunicacional al fenómeno de Donald Trump en Estados Unidos le reportó más problemas que beneficios al gobierno mexicano. Más que respuestas efectivas, la “cordialidad” de la primera hora fue leída por el público mexicano como un insufrible catálogo de actos de sumisión.

En el trayecto hacia la actual modificación mucho influyó, con seguridad, la impredecible conducta del presidente estadounidense, quien ignorante de los usos y costumbres de la comunicación diplomática, regulada por antiguas reglas de moderación, un día sí y el otro también violentaba los más elementales códigos diplomáticos. Así, pues, poco a poco, a trompicones, el gobierno mexicano parece haber encontrado el tono justo para su interlocución con el estadounidense.

Los logros han sido palpables. Sólo cuando los funcionarios mexicanos endurecieron el tono ante los estadounidenses, estos mutaron su discurso hacia posiciones verosímiles y francamente contradictorias a las sostenidas por su jefe inmediato, el propio Trump, empeñado en una dura embestida contra la realidad.

Ahí están, por ejemplo, las declaraciones que Idelfonso Guajardo, secretario de Economía, hizo durante el programa noticioso de Carlos Loret de Mola, en las que adelantó la posibilidad de que México abandonara el Tratado de Libro Comercio con América del Norte (TLCAN) de no reportarle beneficios concretos bajo nuevos términos. Sus palabras vinieron a cuento poco después de la visita de John F. Kelly y Rex Tillerson.

“Si vamos a ir por algo que sea menor –afirmó el funcionario- a lo que tenemos, pues no tiene sentido quedarnos (…) Este tratado tiene que llegar con una estrategia en donde todos ganen. Es imposible venderlo aquí en casa sino hay claros beneficios para México”.

En tanto, Luis Videgaray, canciller mexicano, refirió en días recientes lo siguiente: “Somos un país soberano y nada habrá de estar por encima del interés de México y de los mexicanos, cualquier acuerdo que se proponga y que lastime o vulnere el interés económico o social de México, y que lastime la dignidad de la nación serán inaceptables”.

Mientras tanto, Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, mantuvo en los mismos términos su intervención durante el encuentro entre funcionarios mexicanos y estadounidenses. Así lo dijo:

“Planteamos nuestro desacuerdo ante algunas medidas que recientemente anunció el Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos y que tiene implicaciones directas para nuestro país. Hemos compartido nuestra preocupación ante un eventual aumento de las deportaciones y ante la posibilidad de que los ciudadanos de otros países pudieran ser retornados a nuestro territorio”.

Paradójicamente, quien más podría beneficiarse de este endurecimiento retórico, el presidente Peña Nieto,  es quien menos ha desplegado mensajes en un tono parecido al de los otros funcionarios mexicanos. Según parece, su estrategia particular es la de inmiscuirse lo menos posible en el estira y afloja de la interlocución bilateral, y no comprometer así su posición de interlocutor válido ante Donald Trump.

A pesar de los esfuerzos de algunos funcionarios de la administración de Trump por redefinir el marco general de la comunicación con el gobierno mexicano, perturbada por los exabruptos del presidente estadounidense, aún nada está dicho. Lo cierto es que el potencial perturbador del impredecible magnate sigue vigente, y la amenaza de revertir lo hasta ahora avanzado no está del todo descartada.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.