Picasso y Diego Rivera, juntos otra vez Picasso y Diego Rivera, juntos otra vez
Las afinidades y fobias de dos colosos del arte moderno, Pablo Picasso y Diego Rivera, son el hilo conductor de la muestra que... Picasso y Diego Rivera, juntos otra vez

Las afinidades y fobias de dos colosos del arte moderno, Pablo Picasso y Diego Rivera,  son el hilo conductor de la muestra que acaba de inaugurar el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, con 40 obras de ambos creadores, provenientes de varias instituciones.

Los dos pintores se conocieron en los primeros años del pasado siglo. Europa estaba enfrascada en la Primera Guerra Mundial, y ambos entablaron una amistad bajo los influjos de la política, el alcohol y la bohemia de un París, desbordado de maravillas para la creación.

Allí se fueron de juergas. Uno era el maestro y otro el pupilo. Rivera aprendía del cubism de Picasso. Pero allí también se pelearon. Se distanciaron por creer uno, Diego, que el otro le plagiaba uno de sus cuadros: Paisaje Zapatista. Rompieron su sintonía y nunca más se compuso. Más de un siglo después de aquella pelea, vuelven a estar juntos.

Horizontum. Picasso y Diego Rivera, juntos otra vez

Los dos tuvieron una formación académica clásica, fueron pintores precoces, comunistas y outsiders en París. “La amistad entre los dos se fragua en gran medida porque los dos hablaban español en ese ambiente francés, cuenta Michel Govan, director de Los Ángeles County Museum of Art, donde primero se exhibió la muestra durante el año pasado.

Las piezas que abren la exposición son dos autorretratos, ambos de 1906. Junto a Rivera, una escultura mexica con forma de serpiente. Al lado de Picasso, una escultura de arte ibérico, hombre atacado por un león. Los ojos almendrados del retrato picassiano, “que se llegó a pensar que eran influencia africana”, corresponden con los de la escultura ibérica.

Horizontum. Picasso y Diego Rivera, juntos otra vez

Ambos creadores se identificaron con el tiempo con figuras míticas. Uno con la serpiente emplumada, Quetzalcoatl, la deidad mexica de la creación, la unidad de todos los elementos. El otro, con el Minotauro grecolatino, la contradicción entre lo racional y lo irracional.

Diana Magaloni,  también curadora de la muestra, ahí está otra de las diferencias: “El universo de Picasso era más solipsista, obsesivo y autorreferencial. Rivera, sin embargo, abrió su discurso hacia una investigación de la historia y la civilización”.

La Redacción

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