Peña Nieto: “¿Qué hubieran hecho ustedes?” Peña Nieto: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”
Enrique Peña Nieto es un hombre comprensivo, que entiende de sentimientos, sobre todo de enojos y molestias –segundo 00:32 del mensaje a la nación: Peña Nieto: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”

Enrique Peña Nieto es un hombre comprensivo, que entiende de sentimientos, sobre todo de enojos y molestias –segundo 00:32 del mensaje a la nación: https://www.youtube.com/watch?v=qId4Cu-wCDw- . Un hombre empático, sensible, que después de jugar  al golf – en un exclusivo centro turístico de Mazatlán, Sinaloa- se presentó ante el país para explicar, cinco días después, el porqué  del aumento en los precios de las gasolinas; aumentos, por cierto, que detonaron un ciclo de protestas que en determinados puntos del centro del país, degeneraron en un extendido estado de psicosis.

En punto de las 21:55 horas, todos los televisores encendidos de la geografía nacional mostraron el impoluto traje, la corbata intacta y la camisa alba del presidente. También transmitieron uno de los más incomprensibles e ineficaces discursos –por decir lo menos- que los anales de la comunicación política en el país recuerde.

Se trataba del tradicional mensaje de año nuevo. En la prensa, incluso, se anticipaba cierto carácter anodino en su contenido. No se esperaba un posicionamiento contundente respecto al tema en boga en la agenda mediática y social: el aumento en los precios de las gasolinas y las reacciones de protesta a la medida.

Peña Nieto: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”

Sin embargo y contra todo pronóstico, el presidente defendió, con una severa reprimenda, el ajuste en el precio de las gasolinas y el recibimiento que este tuvo en amplios sectores sociales. Fue un lance arriesgado, propio, quizá, de la desesperación y el enfado.

Por principio de cuentas, el presidente exculpó –como no podría hacerlo de otra manera- el más caro logro de su administración, las reformas estructurales, particularmente la energética, de ser el origen de los males actuales. La responsabilidad del aumento en los precios de la gasolina se ubica, según su visión, más allá de las fronteras: “se trata de un aumento que viene del exterior”, refirió enfático.

De no haber tomado la determinación que finalmente se tomó, prosigue en su razonamiento el titular del ejecutivo, tres hubieran sido, en resumidas cuentas, las consecuencias: un recorte a los programas sociales, aumentar los impuestos o incrementar la deuda del país. Tres circunstancias, por cierto, que se han verificado, todas sin excepción, en los casi cinco años de su administración.

Políticamente relevante fue la acusación directa que sobre el gobierno de Felipe Calderón lanzó el presidente Peña Nieto. Lo fue porque, hasta el momento, no se tenía registro de exabrupto alguno dirigido contra el último sexenio panista. Si bien la animadversión a la administración calderonista es un tópico habitual, aunque discreto, dentro de la propia estructura burocrática del peñismo, no se conocía ninguna crítica pública como la que tuvo lugar en el discurso presidencial:

En el pasado, otros gobiernos decidieron mantener artificialmente bajo el precio de la gasolina, para evitar costos políticos. Lo pudieron hacer porque el país producía más petróleo, que se vendía más caro que nunca en la historia y el Gobierno tenía ingresos excedentes. Así, tan sólo en el sexenio anterior, se perdieron casi un billón de pesos, es decir un millón de millones, subsidiando la gasolina”.

El explícito rompimiento de lanzas inaugura formalmente el inicio de hostilidades declarativas de cara a las elecciones presidenciales del 2018, en las que, es posible, Margarita Zavala –esposa de Felipe Calderón- sea la abanderada del Partido Acción Nacional.

Si bien la crítica al sexenio pasado abona al debate y promueve el necesario estudio sobre las finanzas del Estado y la racionalidad en el uso del dinero público, los señalamientos presidenciales son, por lo menos, un tanto extraños. Hasta donde se sabe, el último secretario de Hacienda y Crédito Público –el funcionario por cuyo escritorio algo se supo de aquel “millón de millones”- de la administración de Felipe Calderón se llamó José Antonio Meade Kuribreña que, entre otras cosas, ocupa el mismo cargo en el gabinete del presidente Peña Nieto. Peccata minuta.

Peña Nieto: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”

Para el ámbito internacional, el presidente tenía también algunas palabras. Prioritariamente cursis y lacayunas.

Pese a la ostensible ofensiva política y declarativa que Donald Trump, el inverosímil presidente electo de los Estados Unidos, ha desplegada en contra de México, Enrique Peña Nieto se propuso “construir una relación positiva con el nuevo gobierno”; entre las estrategias con las que cuenta para dicho propósito, enumeró las siguientes: “(Refrendar) los sentimientos de amistad del pueblo de México con el pueblo norteamericano, y (trabajar) con toda decisión para mantener y fortalecer las relaciones económicas, culturales y familiares entre los dos países”.

En tanto, en el arsenal de argumentos con los que cuenta para “refrendar los sentimientos de amistad”, el presidente dijo contar con la “inquebrantable dignidad -del país, se entiende-, la fuerza de su historia, su cultura excepcional y, hoy como siempre, con la unidad nacional”, luego, didáctico, explicó sus componentes: “la unidad está hecha de compartir valores profundos, de amor a la Patria y del orgullo de ser mexicanos; de cumplir todos los días con el esfuerzo generoso (…)”.

Fue, como se ve, un mensaje temporalmente inoportuno, rebasado y confuso. Si su objetivo era el empatizar con la ciudadanía inconforme el raciocinio presidencial detrás de las últimas polémicas decisiones, el saldo es un rotundo fracaso.  No podría ser de otra manera. Se trató de una reprensión colectiva y en cadena nacional. Nulamente empática, incluso anticlimática.

Peña Nieto: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”

Un comentario, mejor dicho: una pregunta, condensó el carácter afrentoso y fallidamente empático del mensaje en su totalidad. “¿Qué hubieran hecho ustedes?”, preguntó el presidente. Si el cuestionamiento no hubiera sido más que un malogrado recurso retórico, mucha menor sería la indignación que generó, pero no se trató de una floritura inocente incrustada gratuitamente en el discurso. Por lo pronto, la pregunta bosquejó toda clase de respuestas en redes sociales que, en su mayoría, se correspondían con el recuerdo a las pifias más sonadas del sexenio.

En buena medida, la interrogante presidencial, lanzada en la compleja coyuntura, más que compresión, se leyó como una provocación. Una provocación en cadena nacional.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.