Oscar Oramas: En el arte hay que ser necio Oscar Oramas: En el arte hay que ser necio
Oscar Oramas es poco dado a las entrevistas. Sobre todo evade las que suelen ser políticamente correctas. Él prefiere hablar con su obra. Siente... Oscar Oramas: En el arte hay que ser necio

“Si te pones a hacer concesiones igual te va bien comercialmente, pero a la hora de acostarte, tal vez no estés tan feliz”

Oscar Oramas: En el arte hay que ser necioOscar Oramas es poco dado a las entrevistas. Sobre todo evade las que suelen ser políticamente correctas. Él prefiere hablar con su obra. Siente que el artista plástico tiene que decir con trabajo. La parte buena es cuando está embarrado de pintura, cuando se enfrenta a su lienzo en blanco. “Es un pleito entre el cuadro y yo, igual que el del pez y el viejo Santiago de Hemingway. Puede durar semanas, y al final, si logro vencer, eso lo disfruto muchísimo”, dice, desde una esquina de la mesa en su cocina.

“Yo sé que de repente hay que aparecer, y decir estoy aquí, o lo que sea. Pero vamos a ver qué inventamos. Te voy a dar un poco de guerra”, aclara, mientras intento hilvanar mi cuestionario. Trato de olvidar las preguntas. Nos acomodados en la mesa y el diálogo fluye como buenos coterráneos. Por coincidencias nacimos en la misma ciudad en el centro de Cuba, Sancti Spíritus. Sus recuerdos de infancia resultan un buen comienzo para intentar descifrar  sus códigos como creador de una obra pictórica hecha en México y expuesta además en España, Estados Unidos y Francia.

-No te gusta lo políticamente correcto, ¿tiene que ver con tu formación en Cuba, de la rigidez de sus escuelas y universidades?

-Tuve una formación bastante formal. En Cuba estuve en la escuela de diseño de la Universidad de La Habana, en el Instituto Superior de Diseño Industrial. Esa carrera tenía bastante de dibujo y de técnicas de artes plásticas. También era otra época. No había tantas computadoras. Eso nos proveyó de otra formación. La verdad, desde pequeño el arte fue lo que más me gustó.

“Recuerdo que mi mamá nos llevaba, a mi hermano y a mí, a un pequeño taller en los sótanos de la biblioteca de Sancti Spíritus. Los fines de semana daban clases de artes plásticas para niños. Ahí nos entreteníamos muchísimo. Y luego ya eso se te va dando. También en mi casa siempre había algún que otro librito con cosas de pinturas. Después en la universidad acabé de desarrollar.

-Pero tu formación como pintor no fue sólo en Cuba.

Oscar Oramas: En el arte hay que ser necio-Más tarde  vine a México y estuve dos años en la Academia de San Carlos. Un centro con una bonita historia. Por allí pasaron como alumnos o como maestros grandes pintores mexicanos, como Diego Rivera. Ya hoy eso no pasa. La Academia está llena de tipos ahí que no se han desarrollado profesionalmente. Están muy metidos en lo académico. La enseñanza está algo limitada.

“Los grandes artistas de México actualmente no están vinculados a la Academia y es una lástima. De alguna manera la experiencia ahí fue muy rica, porque había estudiantes de todo el mundo. Ese intercambio multicultural me enseñó muchísimo, más de lo que aprendí en las aulas. Eso fue en 1995.

-¿Te radicaste en México desde esa fecha?

-Sí, hasta el día de hoy. Estuve un rato por España, pero no nos gustó la perspectiva y regresamos.

-Pero hacer una carrera aquí tampoco es fácil, más siendo extranjero. Aquí fue donde comenzaste hacer un curriculum como artista plástico.

-Sí, en Cuba hice pocas cosas. Eran trabajos muy experimentales. No tenían mucho de pintura. Eran más bien de objetos, de diseño, una mezcla multifuncional. Aquí ya me concentré en la pintura  y realmente he ido evolucionando. Hoy creo que he madurado. Este es un camino que hay que tomarlo con calma. Creo que me faltó un poco de coaching, alguien  que me aconsejara, que fuera guardando el trabajo. Tal vez…  Si ahora pudiera hacer ese camino, no hubiera enseñado muchas cosas. Las hubiera guardado. Las veo como parte de mi evolución, no como mi obra.

-¿Consideras que ya llegaste a tu madurez creativa?

-Ahora realmente siento que tengo una obra madura. Al principio el cuadro me revolcaba. Y te digo cuadro, porque lo que me gusta es pintar en escala humana. En la actualidad hay muchas cosas muy grandes. Me gusta verlas, experimentar con eso, pero no me gusta hacerlas. Prefiero un espacio más humano, más íntimo, donde tenga una interacción más cercana con la pieza. Ya he podido dominar esa cosa a placer. Al principio no era tan fácil que estuviera al frente de la escena. Ahora, a esta edad, creo que sí.

-¿Crees que empezaste tarde o en el momento oportuno?

-No, no. Creo que cada cual madura a cierta edad. Incluso no es sólo madurar técnicamente, sino en lo intelectual también. Ningún arte es muy distinto al periodismo. Tienen las mismas cuestiones: qué vas a decir, cómo y cuándo. Y si te vas por esas cositas, lo más difícil es encontrar el tema. Y cuando lo tienes, muchas veces no sabes cómo decirlo o tienes que probar cómo decirlo, hasta encontrar un lenguaje propio.

“Eso es lo difícil del arte ahora: cómo hacer tu propio rollo, tu propio cuento. El mundo está lleno de artistas, de academias, y la gente está sobreinformada. Ahora hay una locura de información. También hay superdotados, como Pablo Picasso, quien a los 26 años hizo Las señoritas de Avignon, pero también hay gente que tiene que trabajar y trabajar,  a ver si algún día madura y eres grande.

Oscar Oramas: En el arte hay que ser necio

-¿Y ya sabes lo que realmente quieres hacer?

-Ahora me siento más cómodo. Estoy más consciente de lo que pasa. Pero muchas veces acabo con el cuadro. Lo niego, renuncio a todo o a una gran parte.

-¿Lo rompes?

-No, lo voy embarrando, tapando cosas. Creo que lo más importante es que he sido capaz de renunciar a mi propia obra, con tal de tener una mejor. Tengo visión para quedarme con lo mínimo. De editar mi propio trabajo. Hacer un examen de autocrítica. Decir esto no me sirve o  sobra. Hay otros artistas que ya saben qué es lo que van a pintar y cómo lo van a hacer. También hay muchos que repiten el mismo cuadro toda la vida. No puedo hacer eso. Regularmente voy alterando el método. Cada cual hace su propio caminito.

-¿Y cómo te ha ido con el mercado? ¿Has tenido que hacer concesiones como creador?

-Desde un inicio combiné el arte con la parte comercial. Es distinto, pero también es comunicación visual. Eso me ha permitido tener la carrera de la pintura muy independiente. He tenido la posibilidad de ser necio, que muchas veces hay que serlo. Si te pones a hacer concesiones, igual te va bien comercialmente, pero a la hora de acostarte en la noche, tal vez no estés tan feliz.

-¿Cómo Oscar Oramas definiría a Oscar Oramas?

Oscar Oramas: En el arte hay que ser necio-Alguien que tiene cierto dominio de la comunicación visual.  En el tema del arte soy muy celoso. Existe la visión de que el artista se tiene que estar muriendo de hambre, y su obra en un rincón, pero no puedes someter a tu familia a pasar penurias por si el arte va bien o mal comercialmente. Yo nunca he hecho eso, ni tengo exclusividad con nadie. Tampoco dependo del arte para vivir. Siempre hay una manera de soportar tu trabajo como artista.

-En tu proceso de crecimiento has pasado por distintas facetas o estilos. Tus primeras obras eran pop y ahora veo que vas por otro camino.

-Sí, la verdad. Esos primeros eran bastante estudiantiles. Luego me acerqué mucho al informalismo español, al expresionismo abstracto. Mezclé muchas cosas. Yo sigo estudiando a los grandes maestros. Leo sobre historia del arte o copio algún cuadro para ir creciendo, pensando cómo se hizo. Todo eso te va enriqueciendo. Al final comienzas a destilar el ron bueno.

-Algunos críticos te han definido como camaleónico.

-Me aburro de las cosas. En la vida no, pero en el trabajo me aburro de repetir el mismo cuadro. Trato de ir alterando el método. Creo que eso es parte del período de maduración. Lo mismo hago cosas abstractas que figurativas. Incluso, las puedo hacer el mismo día.

-La inspiración de un artista suele ser rara, ¿cuál ha sido la tuya, tus temas, tus preocupaciones?

-Mis cuadros salen de la energía. El camino formal que tomo no es tan explícito, está un poco encerrado. Creo que es parte del carácter de cada quien. Si yo me pusiera a meter todas mis preocupaciones en mis cuadros de una manera explícita, el resultado sería muy distinto a lo que es hoy.  Mi obra es mirar hacia dentro. La uso como meditación. A veces sale medio violenta, a veces medio tranquila.

-Con la herencia cubana en tus venas, resulta extraño que te definas como un hombre cerrado, introvertido.

Oscar Oramas: En el arte hay que ser necio-En este mundo hay de todo.  A veces soy demasiado hermético, aunque lo mantengo bastante controlado. En mis cuadros se nota mucho. Al final, la obra y el pequeño espacio donde trabajo es mi santuario, el lugar donde reposo la mente.

-¿Compartes tus ideas con alguien más?

-Tengo poca retroalimentación o contrapunto con otros artistas.

-¿Trabajas en función de exposiciones, encargos, concursos, series?

-No. Muchas veces agarro una idea y por ahí me voy. Luego lo que hago es editar. Decir esto puede ir con esto. Las voy agrupando, viendo cuáles son parientes. Recién hice unas pinturas y los que las han visto han dicho que están un poco oscuras. Fue inconsciente.

-¿Te agota pintar?

-En lo físico no. Intelectualmente sí. Me aburro del tema.

-Aunque eres cubano, tu obra es en México.

-Lo de la nacionalidad no importa. Yo vivo en un país, que no es uno ni otro. No tengo esa dependencia de mi nacionalidad para hacer una obra. Yo vivo con las cosas que me gustan, con la música, ciertas lecturas y deportes. Vivo en un país que lo mismo podría estar aquí,  que en otro lugar y seguiría siendo el mismo. Mi país es mi cabeza, los afectos, preferencias… Es cierto que cuando uno cambia de entorno tiene que reconstruir los lazos afectivos y tenerlos cercanos. Tengo mi familia, esposa, hijos, mis perros y la comunidad donde vivo, en esta localidad de Coyoacán,  en la que llevamos un chorro de años. Pero el código postal no define mi obra. Lo que pasa es adentro, en mi cabeza, y eso no depende de un lugar.

-¿Te gustaría pintar en Cuba?

-Me gustaría, aunque en Cuba todo es un pedo. Muchas cosas las mando a otros lugares. Estoy trabajando con galerías en Estados Unidos, Francia y España. Eso en Cuba sería un problema. Pero no importa si no estoy allá o estoy aquí. Al final es tu intelecto el que se desarrolla. Lezama Lima no salió de Cuba y se conocía las calles de París como si las estuviera caminando. Tengo muy pocos contactos con pintores cubanos. En México y en Cuba hay muy buenos pintores. He aprendido de ellos sin que me hayan enseñado.

-¿Puede un pintor sentir envidia de otro?

Oscar Oramas: En el arte hay que ser necio– Claro. Si es buena o mala depende de la carga que cada cual traiga. La he sentido, claro, entre admiración y envidia. Digo, coño, si yo hubiera podido hacer esto. Veo una obra de Sorolla, y pienso que yo no haría eso, pero, puta, si lo hubiera hecho qué genial, con esa destreza, maestría académica.  Envidio a todos los grandes maestros. Ponlos en fila. Picasso acabó con todos. Hizo lo que tenía que hacer.  Me encanta Tiziano, Rembrandt, Velázquez, Goya, Turner, Monet, Freud, Auerbach, Baselitz. Toda la escuela del expresionismo norteamericano, Barceló, Sicilia. De los cubanos Fidelio Ponce es mi favorito. Aquí Toledo, que todo lo que toca lo convierte en una cosa genial.

“He ido a un museo a ver un cuadro en especial. Una vez fui al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y fui directo a ver el Retrato de Juan de Pareja, de Velázquez. Otra vez entré al  Museum of Modern Art, MOMA, a ver una pieza de Kooning, de la que decían que estaba hecha con una energía feroz, loca. Cuando la vi, la verdad era un cuadrito pequeño embarrado. No sentí eso, pero ahí estaba el tríptico de Monet, Reflejos de nubes en el estanque de nenúfares. Para mí, sí tenía esa energía fiera, loca y fue hecho por un hombre de 80 años, y 50 años antes que el de Kooning. Eso es envidia…, de la buena.

Katia Monteagudo

Katia Monteagudo

Licenciada en Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Especializada en temas políticos, globales, económicos y sociales, y en el uso de técnicas narrativas, investigativas, manejo de las nuevas herramientas digitales para la búsqueda, procesamiento, publicación y distribución online de información, junto a la capacidad de articular comunidades a partir de estrategias comunicativas 2.0. Dominio de procesos de edición de medios impresos, digitales y en el fotoperiodismo.