Nuevos vampiros acechan las salas cinematográficas  Nuevos vampiros acechan las salas cinematográficas 
Desde la mitología prehispánica en donde se asocia con diversas deidades y cultos vinculados a la fertilidad, hasta la aparición de la peste negra... Nuevos vampiros acechan las salas cinematográficas 

Desde la mitología prehispánica en donde se asocia con diversas deidades y cultos vinculados a la fertilidad, hasta la aparición de la peste negra en Europa del siglo XIV, a la que se le atribuyó de manera supersticiosa su origen a seres sobrenaturales como los vampiros, los murciélagos han sido recurrentes tanto en el imaginario social como en la mitología, las religiones, la literatura y el cine. En las creencias religiosas aparece en forma de demonio que bebe la sangre de sus víctimas y se apodera de su alma, mientras que en la literatura permanece como un clásico en el género de terror que se ha ido actualizando con el tiempo.

Nuevos vampiros acechan las salas cinematográficas La novela Drácula de Bram Stoker es un referente canónico para la creación del arquetipo del vampiro cinematográfico. La historia se sitúa en un castillo de Transilvania en Rumania y está basada en el personaje histórico de Vlad Tepes Dracul (diablo o dragón), príncipe de Valaquia, quien se caracterizó por sancionar a los traidores empalándolos, lo que le valió el título de Vlad el empalador. En la trama, el conde Drácula es un ser sobrenatural maligno que extrae la sangre de los vivos, transitando entre la vacuidad de la inmortalidad y una capacidad de amor atemporal.

En 1992, Francis Ford Coppola lleva a la pantalla la adaptación de la novela de Stoker, con una gran puesta en escena donde sobresalen los decorados, el maquillaje y la vestimenta, en conjunción con un manejo del color que prioriza una paleta de tonos rojizos  que logra sublimar la simbología de la sangre y el erotismo.

En el cine han existido miles de proyectos en torno a los vampiros, pero no todos llevados a buen puerto. Sin embargo, podemos encontrar sus orígenes desde el cine silente con Georges Méliés en La mansión del diablo (1896), cinta de escasos tres minutos, en donde se observan los efectos ilusionistas propios del director y vemos a Mefistófeles transformarse en murciélago. Sin intención de hacer una apología sobre la cinematografía vampírica, no habría que olvidar títulos relevantes como Nosferatu (1922), primera adaptación silente de Drácula de Stoker dirigida por F.W. Murnau y protagonizada por Max Schreck, considerada como una obra del expresionismo alemán, donde el juego de las luces y las sombras generan una expectación terrorífica.

Así bien, las historias de los vampiros se han transformado dando paso a nuevas temáticas que van más allá de la historia clásica de Stoker, diversificaciones que construyen nuevos elementos narrativos. En esta ocasión me gustaría presentar dos películas que poseen valiosos elementos del lenguaje cinematográfico: Una chica regresa sola a casa de noche de la directora iraní-estadounidense Ana Lily Amirpour y Sólo los amantes sobreviven del cineasta estadounidense Jim Jarmusch.

Nuevos vampiros acechan las salas cinematográficas 

La primera cinta se exhibió en el 2014 en el Festival de cine de Sudance y se basa en un corto homónimo de la misma autora, por el que obtuvo el premio del mejor cortometraje en el festival de Cine Noir Iraní (2012). La trama se sitúa en un vecindario marginal llamado “Bad city”, donde el paisaje está dominado por grandes torres de petróleo, calles solitarias y desérticas que transmiten al espectador esa terrible sensación de incomunicación. Una vampira recorre la ciudad por las noches en su patineta, acechando no sólo a sus posibles víctimas, sino a la soledad de los otros; aquellos personajes que se encuentran en una zona de exclusión: una prostituta, un dealer, un padre drogadicto, su hijo, y un pequeño niño sin hogar. Ahí se combinan las posibilidades para que surja la atracción y el amor entre la vampira y el muchacho, entre la vida y la eternidad atípica.

Bien podemos observar a la vampira maquillándose al ritmo de la música electrónica, con una excelente cámara relentí que nos conduce desde la ventana hasta su habitación para contemplar su baile, o bien, ver su andar en la oscuridad para encontrar alimento. Sin embargo, lo que más puede impactarnos de este filme es un esteticismo visual propio del cine noir. Filmada en blanco y negro, la mayoría de las escenas recrean la técnica pictórica heredada del período histórico del tenebrismo en las obras de Caravaggio. Secuencias de gran oscuridad con un violento contraste de luces y sombras, en donde elementos de la puesta en escena emergen con su propia luz para situarnos en el misterio que permanece a lo largo del filme. Misterio que más que producir una tensión dramática, genera una constante expectación sobre la hermética presencia de los personajes.

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Por otro lado, Sólo los amantes sobreviven (2013) resulta interesante en la forma en que trastoca la concepción de la tragedia vampírica ante la vida eterna. En esta cinta, Eve y Adam son una pareja de amantes vampiros que han permanecido juntos durante varios siglos y aunque Adam es un músico solitario y depresivo que rehúye de la humanidad al considerarla destructiva y dañina; Eve, en cambio, busca disfrutar de los placeres mismos de la inmortalidad. Así, subliman los goces estéticos de la cultura y la existencia: son vampiros que gustan de la literatura, de la ciencia y de la música, lo mismo que de contemplar la luna o de beber un sorbo de buena sangre en copas.

En última instancia, Jarmusch logra con esta película retratar un canto a la vida, paradoja que nos hace reflexionar sobre nuestra estancia en el mundo y como si se tratara de un eterno giro con connotaciones existenciales, el director inicia la historia con una secuencia en la que observamos la rotación de un cielo estrellado hasta convertirse en un disco que revoluciona en una tornamesa, después conocemos a los personajes ubicados en territorios diferentes: ella en Marruecos y él en Detroit. Con una cámara que busca la contemplación más que la acción, el filme nos presenta algunos diálogos con implicaciones filosóficas, donde los amantes, testigos de una humanidad cambiante, continúan girando a través del tiempo.

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Yelenia Cuervo

Yelenia Cuervo

Estudió la carrera de Filosofía y el posgrado en Estética en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es Maestra en Filosofía y Medios de Comunicación con especialidad en Filosofía y Cine por el Instituto Salesiano de Estudios Superiores.