Nuestra ciudad fabulada Nuestra ciudad fabulada
La Ciudad de México guarda memorias asombrosas. Aquí lo posible y lo imposible conviven cada día sin mayores miramientos. No es gratuito que escritores... Nuestra ciudad fabulada

La Ciudad de México guarda memorias asombrosas. Aquí lo posible y lo imposible conviven cada día sin mayores miramientos. No es gratuito que escritores y artistas, nacionales y extranjeros, se hayan interesado en ella durante siglos. La capital del país ha servido como fuente de bellos y oscuros imaginarios, desde la mitología prehispánica que narra la historia de un águila devorando un animal sobre una nopalera (se cree que originalmente se trataba de un pez, pero tal símbolo no alcanzaba a cumplir la idea católica del bien derrotando al mal), pasando por las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, de una Tenochtitlan que se divisaba más  esplendorosa que Venecia desde lo alto de los volcanes, hasta los fantásticos escritos de Alexander von Humboldt que veía en la Nueva España un cuerno de la abundancia.

Plumas talentosas como Carlos Fuentes (La región más transparente), Agustín Yáñez (Ojerosa y pintada), y Efraín Huerta (Los hombres del alba), trataron tanto la visión cosmopolita, como su contraparte obrera y barrial. Nietzsche escribió alguna vez acerca de la Ciudad de México. Lo más curioso es que lo hizo sin haberla visitado jamás, por lo que la visión del filósofo alemán se parecía más a aquellos mapas del siglo XVI y XVII, donde la “ciudad de los palacios” era una especie de Amsterdam o de Roma, y los templos mexicas eran rematados con almenas al estilo de los castillos europeos.

Muchos años más tarde, Serguéi Eisenstein, el cineasta ruso, visitaría el callejón de Ave María, cerca de la hoy avenida Pino Suárez, donde conocería a la célebre prostituta “La Matildona”, de la cual dejó constancia en bosquejos y dibujos, mujer que fue inspiración de intelectuales mexicanos y europeos de aquella época, y a la cual el escritor español Jaime Bagrela, en su libro El fifí de Plateros, dedica un capítulo completo. Eisenstein también visitaría otros sitios de la capital, que le ayudaron a comprender la idiosincrasia de celebración y muerte de nuestro pueblo, que muy bien retrata en su documental ¡Qué vida México!

En fin, episodios y leyendas sobran entre avenidas y colonias de la Ciudad de México. Con ello hemos inventado, al paso del tiempo, nuestro espacio, un espacio que de manera particular o colectiva erigimos de manera socio y psicológica. Nuestra capital (Tenochtitlan, Nueva España, DF, Ciudad de México, ahora CDMX), al paso del tiempo va siendo nuevamente reconstruida por nuevos habitantes, a los cuales alimenta, en una operación simbiótica, de anhelos, angustias y esperanzas.

Nuestra capital es un territorio real, pero es también una ciudad fabulada por y para todos, que consigue a través de tanto soñarla, una identidad única que la vuelve maravillosa y temible. Buena o mala en nuestra fabulación, no importa. Lo trascendental acerca de nuestra metrópolis, como sucede en la metáfora de la rosa en la historia “El principito”, es que para nosotros se trata de la ciudad más bella del planeta porque es nuestra. Y punto.

Ulises Paniagua

Ulises Paniagua

Ulises Paniagua (México, 1976). Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Tiene un posgrado en la especialidad de imaginarios literarios. Es autor de una novela: La ira del sapo (2016); así como de cuatro libros de cuentos: Patibulario, cuentos al final del túnel, (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), y Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015). Su obra incluye cuatro poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015).