“Nocturnal Animals”: los mensajes cifrados de la ficción “Nocturnal Animals”: los mensajes cifrados de la ficción
La segunda película de Tom Ford “Nocturnal Animals” (2016), no es una pieza al azar, es un filme que, entre otras cosas, deja ver... “Nocturnal Animals”: los mensajes cifrados de la ficción

La segunda película de Tom Ford “Nocturnal Animals” (2016), no es una pieza al azar, es un filme que, entre otras cosas, deja ver el amor por la moda y el arte de su creador. El nombre de Tom Ford está indisolublemente vinculado a la marca que fundó en 2006, una empresa que ha buscado proyectar sofisticación por sobre todos los adjetivos de la moda. Considerado como un genio creativo, Ford es quien reinventó la casa Gucci además de ser el director creativo de Yves Saint-Laurent.

No obstante, “Nocturnal Animals” no es un filme que hable de moda, aunque sí un elemento presente. Hijo del periodista Frank Mankiewicz, quien fue secretario de prensa de Bobby Kennedy, Ford aprendió muy pronto que seguir los pasos de su padre no era lo suyo. No fue la rigurosa realidad tanto como la versatilidad creativa lo que a él le atrajo.

“Nocturnal Animals”: los mensajes cifrados de la ficción

Así que por 30 años ha estado en el negocio del diseño de modas, proceso que compara con hacer películas. “Lo más importante, en ambos, es que tienes un mensaje, algo que realmente necesitas decir. Luego te rodeas de un gran equipo y creas un proceso para decirlo”, explica Ford para el New York Times.

Su vena cinematográfica le viene de familia. Su abuelo fue Herman Mankiewicz, el creador, junto a Orson Welles de “Citizen Kane”. Mientras que su tío abuelo fue Joseph Mankiewicz, quien escribió y dirigió “All about Eve” y “Letter to Three Wives”. Con estos antecedentes, Ford estrenó su opera prima “A single man” (2009), una historia sobre un profesor universitario gay, película que no sólo dirigió, sino que también produjo y fue coescritor del guion. Filme que gira en torno a la sexualidad, el suicidio y a los miedos sociales y personales.

La nueva película guarda algunos ecos de su primer filme aunque las diferencias son evidentes. Este thriller psicológico plantea las complejidades de la ficción al ser una historia en otra historia. “Vivía en el cine. Era más real para mí que la realidad”, dijo Ford en la entrevista que hace Philip Galanes. Y esta realidad que plantea es una profunda alegoría sobre la revelación que hace el arte a través de los mecanismos de la ficción.

“Nocturnal Animals” está basada en la novela “Tony and Susan” de Austin Wright (1922-2003), escritor, crítico y profesor emérito de la Universidad de Cincinnati, que publicó esta novela en 1993. Wright no vivió lo suficiente para ver su novela más exitosa llevada a la pantalla, a pesar de que primero Universal Estudios y luego HBO tuvieron los derechos de la historia.

“Nocturnal Animals”: los mensajes cifrados de la ficción

En noviembre de 2016 se estrena esta adaptación cinematográfica que cuenta con la pericia actoral de Jake Gyllenhaal, Amy Adams, Michael Shannon y Aaron Taylor-Johnson. El argumento es sencillo, Susan (Adams) quien dirige una galería de Arte en Los Ángeles recibe el manuscrito de la novela escrita por Edward (Gyllenhaal), su ex esposo de quien no ha sabido en 25 años. Titulada “Nocturnal Animals” y dedicada a ella, Susan decide leer la novela, picada por la curiosidad y los recuerdos. La novela de Edward la sorprende no sólo por estar bien narrada, sino porque contiene una historia pavorosamente violenta sobre la muerte, la injusticia y la venganza.

Los personajes de la historia, Tony y Laura (Isla Fisher) junto a su hija adolescente India (Ellie Bamber) emprenden un viaje a Marfa, Texas. En la negra y solitaria autopista, sólo el aburrimiento parece asaltarlos. En el punto más crucial de la noche se encuentran con Ray (Taylor-Johnson) y sus dos amigos, Lou y Turk, quienes les cierran el camino.

Un mínimo gesto detona la desgracia: Ray la toma contra la familia, sacándolos de la carretera. Tony se ve incapaz de confrontar a los tres hombres. Las palabras se tornan en amenazas y las amenazas en golpes. Las mujeres son llevadas a la fuerza por Ray y Lou, mientras que Turk obliga a Tony a manejar a un lugar perdido del desierto texano y es abandonado ahí. Al otro día consigue ayuda y conoce al detective Bob Andes (Michael Shannon), quien encuentra los cuerpos de Laura e India. Tony siente la punzada del arrepentimiento por no haber frenado a sus atacantes.

Susan detiene la lectura, algo en la descripción de las mujeres la recuerda a ella misma y a su hija. Pero no tienen nada de qué asustarse, la ficción del libro, a pesar de su crudeza, no deja de ser ficción. Sin embargo, algo toca a Susan: el recuerdo de su relación con Edward, de quien se enamora muy joven, los dos con sus pretensiones de artistas bajo el brazo. Ella venida de un mundo de riqueza y conservadurismo se niega a repetir los moldes sociales con los que ha crecido, especialmente la figura materna. Para Edward el mundo es más sencillo. Su mayor ambición es convertirse en escritor.

Sin embargo, Susan recibe la advertencia antes del matrimonio: sus orígenes opuestos vislumbran su fracaso. La felicidad se esfuma rápidamente; la fe que ella decía tenerle a él en sus pretensiones de escritor terminan por flaquear y un tercero en discordia (más en sintonía con el mundo opulento de Susan) rompen el vínculo de la pareja. Ella sabe que ha asestado un golpe mortal.

Mientras Susan lee en su enorme palacio de cristal y concreto, rodeada de piezas de arte moderno (una estatua de Jeff Koons indica el alto estatus de la familia) sufre en cada página que imagina y cada episodio que recuerda. Incapaz de dormir por su insomnio crónico, deambula por su casa en la soledad que enmarca su permanente estado de infelicidad, fantasía y absurdo. En su vida cómoda, casi idílica, hay nubes en el paraíso. Su marido la engaña y el dinero escasea. Su trabajo como mercader de arte no tiene un profundo significado. Y no hay nada que ella pueda hacer al respecto.

Mientras la historia de Tony avanza Susan descubre otra peculiaridad. No es en la descripción física, ni siquiera en la circunstancia que viven hombre y personaje, pero Tony y Edward se parecen en un elemento fatídico: la debilidad. Tanto el uno como el otro pierden a lo que más quieren al enfrentarse a una fuerza mayor.

Stephen King escribió que “la ficción es la verdad dentro de la mentira”. Y esa es tal vez la metáfora que encontramos en este filme de Tom Ford, quien pone de relieve el hecho de la gran diferencia de la ficción y la verdad. A veces se dice más, se entiende más gracias a una historia que guarda en su invención todos los elementos de la verdad.

Yvonn Márquez

Estudia el doctorado en Literatura en Lenguas Romances, en la Universidad de Cincinnati, donde también es profesora de español. Es Maestra en Literatura Mexicana por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) con una tesis sobre el teatro de Elena Garro. Ha escrito reseñas de cine, música, literatura y danza. Trabajó como reportera y difusora cultural. Fundó y dirigió el suplemento cultural “Ágora Letras”.