“No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en Cuernavaca “No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en Cuernavaca
En México existen denuncias desde mediados del pasado siglo, pero han sido acalladas por la necesidad de la Iglesia de ocultar la vida sexual... “No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en Cuernavaca

A los 11 años de edad Jesús Romero quería ser sacerdote. Una mañana el párroco Carlos López se acercó a la familia y propuso ser su guía espiritual. El cura pidió permiso a su madre para llevarlo a Cuernavaca. Allí lo hizo dormir junto a él en la misma cama. Desnudo. El niño despertó asustado esa madrugada. López manoseaba sus genitales.

“No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en CuernavacaAsí iniciaron cinco largos años de abusos sexuales. Cuenta que primero fueron toqueteos, luego sexo oral y más tarde penetración. “Me daba mucho miedo, no había palabras, todo ocurría en silencio, en las noches, y en el día era sacerdote y a veces sentía que era mi papá”.

Esta historia, que empezó en el año 1994, se narra en el documental Agnus Dei, Cordero de Dios (2011), de la cineasta Alejandra Sánchez. La cinta fue analizada en la ONU en 2014, y las cartas de denuncia recibieron respuesta del Vaticano en 2015. Sin embargo, el agresor de Jesús Romero no fue detenido hasta septiembre de 2016.

El pasado 7 de abril, Romero volvió a hablar ante los medios, cuando el episcopado mexicano dijo en un comunicado que los niños víctimas de la pederastia clerical son “mártires” de la Iglesia Católica.

Indignado, declaró: “No somos mártires, sino víctimas de clérigos solapados por el cardenal Norberto Rivera”.

Otros manifestaron que la jerarquía católica aún encubre a padres pederastas y mencionaron casos recientes en Oaxaca, San Luis Potosí y León, donde los obispos conocieron las denuncias, pero no dieron protección a los niños abusados.

“No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en CuernavacaPara Fernando González, sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el escrito de la jerarquía católica es un homenaje a la eufemización y al borramiento de su propia responsabilidad. Resulta una respuesta que sigue estructuralmente la línea que ellos han mantenido durante siglos.

Esta clasificación no tiene nada que ver con la noción de martirio, dice González. “Mártires, dentro de los términos de la iglesia, son aquellos que mueren por odio a la fe. Porque otros odian su fe católica y los mandan a matar”, explica en entrevista con Horizontum. El padre Alberto Athié, por su parte, señala: “no son mártires, porque esos niños no se ofrendaron por su fe en términos espirituales y morales, sino víctimas que buscan verdad y justicia”.

“Los niños no se entregaron al cura por su fe, el cura los agarró, los abusó, los violentó. Por lo tanto, está mal utilizado el término de mártir”, afirma González, psicoanalista y autor de varios libros, entre los que destaca La iglesia del silencio: de mártires y pederastas.

El experto insiste en el uso habitual de un doble discurso dentro de la jerarquía católica. “Habla como si fuera dos instituciones diferentes, pero esto sólo responde a una política estructural de la propia Iglesia”.

González devela ese arte de decir y desdecir para ocultar las cosas que están presentes en el anuncio del episcopado mexicano el pasado 7 de abril: “Los menores son víctimas de una estructura clerical con síntomas desbordantes de poder, de espectadores silenciosos y del ocultamiento y la complicidad”. Pero al mismo tiempo dice: “La Iglesia pide justicia y que no haya impunidad”.

Es decir, por un lado plantea: “Nosotros, la Jerarquía, fuimos culpables estructuralmente”, y al mismo tiempo se cambia de lugar: “pero la Iglesia pide justicia”, como si la Iglesia no fueran ellos. Esta dicotomía trata de ocultar que la institución es culpable y cómplice, afirma.

A juicio de González, tal ambigüedad responde a que necesariamente la Iglesia Católica tiene que vivir de una hipocresía institucional en el plano de la sexualidad. “Jamás pueden hablar abiertamente de que tienen un grupo de curas pederastas, sacerdotes homosexuales y heterosexuales”.

PEDERASTIA E IMPUNIDAD

“No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en CuernavacaEra el 31 de agosto de 1956 y el entonces Arzobispo Primado de México, Miguel Darío Miranda, escribía una carta a la Santa Sede, advirtiendo de las conductas inadecuadas del padre Marcial Maciel, fundador de Los Legionarios de Cristo.

La misiva, destinada al padre Arcadio Larraona, secretario de la Congregación de Religiosos del Vaticano, alertaba de varias denuncias contra Maciel: “Los cargos principales que de estas declaraciones se desprenden contra el padre Maciel se reducen a tres: faltas contra Sextum cometidas con alumnos de la congregación; hábito de inyectarse enervantes, que ya ha degenerado en vicio de difícil curación; y medios tortuosos, especialmente la mentira, para lograr los fines que se propone”.

Sin embargo, esos documentos fueron ocultados por el Vaticano hasta el año 2011 y el padre Maciel, tras habérsele demostrado más de 100 casos de abusos sexuales contra menores, murió sin responder por sus delitos.

González asegura que en México existen denuncias desde mediados del pasado siglo, pero han sido acalladas por la necesidad de la Iglesia de ocultar la vida sexual del clero, sumado a un sistema de justicia corrupto. Uno de los pilares de la Iglesia Católica es la sacralización del cuerpo sacerdotal, el cual tiene que aparecer como algo desexualizado y sacralizado. Esto lleva a una especie de omertá como el de la mafia siciliana.

A su juicio, este anuncio sale en un contexto en que la Iglesia está cercada por las denuncias de los últimos años y considera que estos son pronunciamientos cíclicos, como el del año 2002, donde salió a la luz el escándalo por los casos de pederastia episcopal en Estados Unidos.

En el estatuto para la protección de niños y jóvenes del año 2002, Abelardo Alvarado, jefe del episcopado mexicano, afirmaba: “Este asunto de la pederastia es inédito”. Señala González que hasta ese momento, el criterio de la Iglesia era que todos los casos se debían mantener en una reserva casi absoluta.

“No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en CuernavacaCon este fin, el anuncio de Alvarado planteaba: “Lo primero era proteger a las víctimas. Para proteger a las víctimas, había que guardar silencio. Segundo, se buscaba que no se hiciera daño a los fieles, porque los fieles eran o menores de edad o gente humilde a la que había que proteger; y tercero, se trataba de cuidar el prestigio de la Iglesia como institución”.

Para González, el contexto social mexicano propicia el silencio de las víctimas. La pederastia es un proceso complejo porque engancha a la víctima, que son, en su mayoría, de procedencia humilde, sin recursos para enfrentar el poder judicial. Esto, aunado al concepto de familia, donde los padres tratan de proteger a los hijos del escándalo, o sienten que es una vergüenza, o creen que hablarlo puede dañar a una institución como la Iglesia o la familia.

Además, señala nuestro entrevistado, en México hay una articulación entre jueces, curas, padres y abusados, donde prima la subjetividad por encima del hecho, y donde una denuncia se puede volver en tu contra y terminar acusado de dañar una institución.

Para ello, dice, hay silencios que le atañen a estructuras de poder que no son la Iglesia. Por ejemplo, cuando fue a salir por el Canal 40 el caso del padre Maciel, los directivos recibieron muchas presiones para que no pasaran la denuncia por la televisión.

Relata que los Legionarios de Cristo fueron con el director del Canal 40 para que suspendieran la transmisión, el director de la Universidad Iberoamericana, Enrique González Torres, pidió lo mismo porque involucraría a los jesuitas, el Secretario de Comunicaciones y Transporte, Luis Sacristán, cercano al Opus Dei, alertó con acusarlos de difamación, Lorenzo y Roberto Servitje, católicos y empresarios de Bimbo, amenazaron con quitar millones de pesos en publicidad y hasta el secretario particular del presidente de la República, que en ese momento era Ernesto Zedillo, pidió discreción por el bien del país.

Esto da una idea de todas las fuerzas fácticas para impedir que saliera un programa de televisión. Los Legionarios tenían relación con todos los poderes importantes. El PRI, el PAN, el clero, los empresarios, los funcionarios, los secretarios de Estado. Hay una colisión entre jueces y la Iglesia. La cosa es muy complicada para niños abusados, advierte González.

“No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en Cuernavaca

El psicoanalista repasa algunas de las estrategias de la Iglesia para proteger a los curas pederastas. Lo primero era la llamada “cura geográfica”, que consiste en cambiar de sitio a los sacerdotes pederastas. En segundo lugar, la tardanza en los procesos y por último, convertir al delito en pecado, a través del derecho canónico, con lo cual evitaban que algunos casos llegaran a la justicia. “Esta realidad se facilita mucho en un país con un sistema judicial y político coludido con las instituciones religiosas”, afirma.

“No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en Cuernavaca

El documental Agnus Dei, Cordero de Dios (2011), de la cineasta Alejandra Sánchez, narra la historia de los abusos del párroco mexicano Carlos López.

Al respecto, el director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México, Juan Pérez García, coincide en que por más que la Iglesia los considere mártires, todo queda en el ámbito religioso, pero no en la lógica de la justicia.

González subraya además que las declaraciones de la Iglesia y la posterior misa para reparar el daño a las víctimas retoma la antigua estrategia de convertir el delito en pecado. “No pasa por la justicia, porque estructuralmente, cuidan la desacralización del cuerpo sacerdotal. Además, los sacerdotes se escudan en el derecho canónico. Y esos casos que deberían pasar por la justicia criminal, lo pasan por el derecho canónico, y un acto delictivo es convertido en pecado, y como pecado tiene perdón divino”. Así se ha perpetuado la impunidad entre los pederastas dentro de la Iglesia.

Para el especialista, el derecho canónico permite el borramiento de la violación, como decía Michael Foucault: “La confesión es el arte de borrar lo que vas a hacer al día siguiente”.

En México, la confesión también borra el sufrimiento de las víctimas, que sortean amenazas, juicios interminables y la complicidad de las autoridades judiciales y eclesiásticas. Los supuestos mártires de la Iglesia padecen un verdadero martirio para lograr que sus violadores sean condenados, aunque las cifras de estas penas son escasas.

“No somos mártires, somos víctimas”, la historia de Jesús Romero violado desde los 11 años por un cura pederasta en Cuernavaca

Fernando González*

La pederastia clerical ha dejado más de mil víctimas en México, la mayoría de los casos han quedado impunes, según datos recogidos por el padre Alberto Athié.

A nivel mundial, el panorama es bastante similar. Se calcula que la mayoría de los casos han sido silenciados y, a pesar de eso, las indemnizaciones pagadas por la Iglesia Católica a algunas víctimas, en más de una veintena de países en los últimos años, podrían alcanzar cuatro mil millones de dólares.

En enero de 2015, Jesús Romero recibió una carta del papa Francisco, en la que le pedía perdón a nombre de la Iglesia por los abusos cometidos por el cura Carlos López. A pesar de las disculpas, del posterior encarcelamiento de su violador, aquel niño de 11 años continúa sin poder definir algunas palabras: miedo, culpa, confusión, dolor.

* Sociólogo e investigador de la UNAM, autor de estudios sobre los Legionarios de Cristo, los escándalos y las complicidades en casos de pederastia.


Yeanny González

Yeanny González

Licenciada en Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Redactora-reportera de temas políticos, económicos y sociales. Dominio de redes sociales y habilidades como fotorreportera. Actualmente culmina su maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM.