Navega otra vez La Nao de China Navega otra vez La Nao de China
Marco Polo no sólo develó otro mundo para Europa, también le creó una nueva obsesión: el camino de la seda. La gran ruta... Navega otra vez La Nao de China

Marco Polo no sólo develó otro mundo para Europa, también le creó una  nueva obsesión: el camino de la seda. La gran ruta de comercio desde el norte de China hasta el desierto de Arabia. Pero el paso se volvió imposible, y los caminos por el oeste horrorizaban. Ni pensar viajar por el lado contrario. La tierra se creía plana, y nadie apostaba por su redondez.

No obstante, espíritus osados comenzaron a pensar en esa vía. Si la tierra era en verdad redonda, se podía llegar hasta el oriente por el lado opuesto, dedujeron. Cristóbal Colón fue el primero. Y a la mar echó sus naves en busca de una nueva ruta hacia “las Indias”, aunque nunca imaginó que a medio camino otro gran continente se interponía. Otros viajeros confirmaron poco después que aún no se había llegado al destino propuesto.

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El camino de la seda seguía siendo una obsesión. Pero hasta que en 1521 Cortés derrotara al imperio Azteca y Magallanes descubriera el archipiélago de las Filipinas, la idea de seguir hasta el camino de la seda no se hizo realidad. Ambas tierras se integraron al gran imperio español, y fueron las claves para abrir la vía hacia el oriente por el lado oeste del mundo.

Medio siglo después de la muerte de Colón, los galeones españoles comenzaron a navegar por nuevos océanos. Andrés de Urdaneta, marinero y fraile, inauguró esta ruta en 1565.  La nao de China, como bautizaron a las naves españolas que cruzaban el Pacífico, una o dos veces al año, recorría la distancia entre Manila (Filipinas) y los puertos de la entonces Nueva España, principalmente hasta Acapulco. También llegaban hasta la Bahía de Banderas, San Blas o al Cabo San Lucas.

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Ese recorrido fue posible gracias al descubrimiento de la corriente de Kuro-Siwo en dirección este. Magallanes y Elcano fueron los primeros en conocerla hacia el oeste, pero no hacia atrás. El viaje de ida podía durar unos tres meses. El tornaviaje otros cuatro o cinco meses. Este último representó toda una hazaña naviera y cultural, al lograr vincular las civilizaciones del Pacífico oriental y las del Nuevo Mundo. Igual convirtió a España en el imperio más extenso del mundo.

Este trayecto fue una de las rutas comerciales más larga de la historia. Durante dos siglos y medio estuvo funcionando. El último barco que lo hizo zarpó del puerto acapulqueño en 1815. La guerra de independencia le puso fin a ese recorrido, que continuaba por tierra hasta Veracruz, donde nuevamente las mercancías eran embarcadas en la Flota de Indias y seguían viaje por el océano Atlántico, pasando por Cartagena de Indias, Portobelo, La Habana hasta llegar a Sevilla o Cádiz.

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La vox populi bautizó a estos galeones españoles, construidos con variadas maderas tropicales a prueba de cañonazos, como la nao de China, aunque partían del archipiélago filipino. Esos navíos cargaban unas 800 toneladas de mercancías. Y ahora vuelven a remontar los mares, tras la nueva exposición organizada por el museo Franz Mayer de la Ciudad de México, en colaboración con el Museo Internacional del Barroco de Puebla, el Museo Naval de Madrid y cinco colecciones particulares, y abierta al público hasta el 30 de octubre próximo.

Tornaviaje. La nao de China y el barroco en México (1565-1815), título de la muestra, está conformada por 19 piezas de las colecciones del Museo Naval, cinco  colecciones particulares y 173 piezas de la Colección Franz Mayer. Su  curaduría estuvo a cargo del Dr. Luis Gerardo Morales Moreno,  quien organizó esta nueva travesía mediante cinco ejes temáticos: navegación, comercio, corsarios y naufragios, cultura material y la cuenca del Pacífico.

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Estos puntos destacan la importancia de ese circuito mercantil, el cual facilitó a los barcos anclados en Asia retornar al Nuevo Mundo. Igual describen las rutas de intercambio comercial que enlazaron a la Nueva España con Asia por el Pacífico, y con Europa por el Atlántico, además de otras rutas entre la Ciudad de México, Veracruz y Acapulco.

También narran las luchas por el control de los mares entre españoles, británicos y holandeses, y el fin de la hegemonía marítima portuguesa y española durante el siglo XVII, además de dar cuenta de distintos tipos de consumo. El viaje de la nao de China marcó un tipo de tráfico mercantil entre distintas zonas, los gustos de sus élites y grupos populares, de una extensión geográfica que está conformada hoy por más de 50 países. Una región de gran variedad cultural, de religiones y nacionalidades.

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Entre las piezas que reúne la expo del Franz Mayer se encuentran el  Biombo de las batallas(1690-1697), enconchado de Alejandro Farnesio; un calvario guatemalteco del siglo XVIII; mantones de Manila de la Dinastía Qing; un casco de infantería del siglo XVI; un altar en madera de teca tallada del siglo XVII; porcelanas chinas por encargo, así como marfiles del siglo XVII e instrumentos de navegación náutica como brújulas, sextantes y octantes, entre otros objetos de esos viejos galeones, echados a la mar por la obsesión del camino de la seda y los sueños de conquistas de nuevos mundos.


Katia Monteagudo

Katia Monteagudo

Licenciada en Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Especializada en temas políticos, globales, económicos y sociales, y en el uso de técnicas narrativas, investigativas, manejo de las nuevas herramientas digitales para la búsqueda, procesamiento, publicación y distribución online de información, junto a la capacidad de articular comunidades a partir de estrategias comunicativas 2.0. Dominio de procesos de edición de medios impresos, digitales y en el fotoperiodismo.