Mujeres artistas: El eclipse de la Historia Mujeres artistas: El eclipse de la Historia
Por cada doscientos nombres masculinos que nos ofrece la Historia del Arte y la Literatura, sólo cuatro son femeninos. ¿Por qué este silencio? Mujeres artistas: El eclipse de la Historia

Por cada doscientos nombres masculinos que nos ofrece la Historia del Arte y la Literatura, sólo cuatro son femeninos. ¿Por qué este silencio? ¿Qué fue de ellas? ¿No crearon? ¿Es el talento una cuestión de género? Obviamente no, tampoco lo es la inteligencia. Nuestra sociedad es patriarcal desde su origen. Hoy en día las mujeres creadoras aún encuentran ciertas trabas a la hora de obtener apoyos a sus proyectos si comparamos su suerte con la de sus compañeros varones, pero en siglos pasados triunfar en este campo y en cualquier otro que pudiera suponer un reconocimiento social importante, como la ciencia o la política, era una realidad inalcanzable.

Tuvieron que conformarse con ser musas, transcriptoras, difusoras, mecenas o amantes. Y, sin embargo, tras la estela de sus vidas asoma un legado inmortal.

Algunas lo intentaron, muy pocas lo consiguieron. Sus compañeros, en la mayoría de los casos, frenaron su inspiración y sus ambiciones. La mentalidad de una sociedad machista hizo de su genialidad un eclipse lunar.

Hoy en día, ensayos financiados por entidades públicas y otros proyectos privados tratan de rescatar su esencia del negro pozo del olvido. Sin embargo, ellas aún no aparecen en los principales manuales de la Historia del Arte y la Literatura. Su obra no llega a colegios, institutos y Universidades de no ser por la preocupación activa de algunos docentes. Ellas siguen viviendo en la sombra.

Resulta imposible en un único reportaje citarlas a todas. Me detengo sólo en varios casos elegidos al subjetivo azar. Mi más sincero homenaje será siempre para aquellas cuyo nombre no logró ver la luz.

Pintura y Escultura. Bellas Artes.

Camille Claudel

Camille Claudel

Camille Claudel (1864-1943), artista francesa que trascendió a la historia como la “escultora maldita”. Desde niña le gustaba trabajar con el barro recreando los rostros de personas de su entorno. En 1883 se traslada a París proveniente de Nogent-sur-Seine, con el fin de perfeccionar su técnica escultórica en la Academia Colarussi. Allí conocerá a Auguste Rodin, que será su maestro durante un tiempo. Entre ambos surgirá una apasionada historia de amor. Camille posa para el genio, su rostro y su cuerpo inundan la obra del genial escultor y Camille colabora con Rodin en La puerta del Infierno. Vivirán juntos y Camille comenzará a ser conocida en los grandes círculos artísticos de París contando con el respaldo de Rodin. Sin embargo, la relación se rompe porque él se enamora de Rose Beuret. Camille enferma de celos y a esta etapa pertenecen dos de sus obras más conocidas: “La implorante” y “La edad madura”.  Su delicada hipersensibilidad hará que sufra sin medida por el desamor de Rodin. Se encierra en su taller y en 1913 su hermano Paul decide internarla en el Hospital psiquiátrico de Ville-Èvrard, un lugar que jamás la ayudará a superar el dolor y en el que permanecerá encerrada treinta años.

Entre sus obras más destacadas merece la pena resaltar “Las habladoras”, “La ola” y “La edad madura”.

Artemisia Gentileschi (1593-1654)

Artemisia Gentileschi

Artemisia Gentileschi

Fue hija de un pintor napolitano de la Escuela Romana de Caravaggio. Sus trabajos iniciales siguen la línea de este autor, pero a medida que Artemisia crece resulta evidente su acercamiento a la Escuela de Bolonia y el trabajo de Annibale Carraci. Por ser mujer no se le permite acceder a estudiar en escuelas profesionales de Bellas Artes, así que su padre le procura un maestro privado, Agostino Tassi. Por desgracia, este maestro fue la ruina social y moral de la pintora, ya que Tassi era un hombre depravado que la violó y humilló públicamente. Artemisia tuvo que soportar un juicio horrible para demostrar la culpabilidad de su mentor y este suceso trágico marcará su obra. Es evidente en “Judit decapitando a Holofernes” la crudeza del episodio que tuvo que padecer. El cuadro servirá de reclamo y de terapia, pues Judit muestra el rostro airado de la pintora y Holofernes la crueldad sin fin de Tassi.

Vivió en Florencia y Roma y aceptó un matrimonio acordado por su padre con un pintor florentino (Pietro Antonio Stiattesi). Mantuvo lazos de cordial amistad con importantes personalidades del arte en la Italia de su época, como Galileo Galilei o Buonarroti el joven, sobrino de Michelangelo.

Entre sus obras más importantes, además de las versiones ya mencionadas de Judit y Holofernes, destacan María Magdalena como Melancolía, Retrato de un Confaloneiro o el Nacimiento de San Juan Bautista, algunas de ellas pueden contemplarse en el Museo Soumaya de Ciudad de México.

Artemisia supo captar como pocos artistas la naturaleza femenina en el arte. Sus protagonistas rezuman una fuerza y una delicadeza únicas y su grandeza está a la altura de los grandes pintores del barroco italiano.

Leonora Carrington (1917-2011)

Leonora Carrington

Leonora Carrington

Nació en Inglaterra, pero se nacionalizó mexicana. Su obra pictórica es eminentemente surrealista. Influida por el pintor alemán Max Ernst, se adentrará en el Surrealismo y las vanguardias, estableciendo lazos de amistad con figuras como André Breton, Miró, Picasso y Dalí. A pesar de la oposición de su familia inicia una relación amorosa con Max, pero su postura política antifascista durante la ocupación nazi de Francia hará que él acabe detenido y Leonora sufrirá una profunda inestabilidad psíquica. La trasladan a España y la ingresan en una clínica mental en Santander. Termina huyendo a Lisboa y de ahí logra viajar a México, gracias a la ayuda de la embajada. Conoce entonces a Renato Leduc, con quien contrae un breve matrimonio.

En México establece lazos de amistad con importantes intelectuales del momento. Destacan entre sus obras “El mundo mágico de los mayas” y “Retrato de Max Ernst”.

Música

Clara Wieck (1819-1896)

Clara Wieck

Clara Wieck

Hija de un célebre maestro —Friedrich Wieck— y de una afamada cantante y pianista —Marianne Tromlitz—, Clara Wieck, conocida también como Clara Schumann, recibió una completa y esmerada educación musical. Desde temprana edad se vio impulsada a componer música, pero Clara no tenía una visión feminista del arte y no se creía digna de ser autora en un mundo de hombres. Siendo aún menor de edad conoció a Robert Schumann, que entonces era alumno de su padre. Se casó con él a pesar de la oposición de su familia y ayudó a su esposo en muchas de sus composiciones, como intérprete y como transcriptora. Clara conoció a grandes personalidades de su época —Goethe, Liszt— y fue una admirada pianista, ofreciendo giras por toda Europa que ayudaron a sustentar la frágil economía familiar de los Schumann con ocho hijos a cargo y la desequilibrada salud mental de Robert, que en ocasiones intentó suicidarse. Las graves crisis económicas y emocionales del matrimonio no fueron ambiente propicio para que Clara iniciase una carrera en solitario como compositora. Eligió dedicarse a la interpretación ya que esta le procuraba más ingresos. Sin embargo, se conservan varias obras de gran calidad de Clara Wieck, como sus Lieder, obra coral de gran dificultad o las “Variaciones sobre un tema de Robert Schumann Op. 20”, así como varias melodías para piano solo. Polémica fue su amistad con Brahms, a quien conoció en vida de Robert. El joven Brahms se convirtió en un gran amigo de la familia desde su juventud, lo cual es llamativo dado su carácter reservado e introvertido. El músico alemán pronto se enamoró de Clara, confiaba en ella a la hora de presentarle sus obras y fue su deseo que Clara interpretase varias de ellas. Se desconoce la naturaleza real de esta relación tras la muerte de Robert. Está claro que hubo una gran amistad entre ambos y que Brahms admiraba profundamente a Clara y la amaba, como evidencian algunas de sus cartas. Ambos vivieron juntos un tiempo en Dusseldorf y en Suiza, aunque jamás llegaron a contraer matrimonio y destruyeron gran parte de las misivas que se enviaron durante años. Brahms inmortalizó su amor por Clara en el Tema Alpino de su Primera Sinfonía. “En lo alto de la montaña, en lo profundo del valle, te saludo mil veces”, le dijo Johannes al acabar su composición. Una mujer clave en la obra de dos grandes genios que podría haber aportado un legado propio de haber vivido en un entorno social e histórico adecuado.

Alma Mahler (1879-1964)

Alma Mahler

Alma Mahler

Nació en Viena y creció en un ambiente artístico y liberal. Alma recibió una sólida educación musical y pronto se convirtió en una afamada pianista. El problema de Alma siempre fue el amor. Grandes genios se enamoraron de ella y su inquietante y agitada vida amorosa la apartó poco a poco de su iniciativa creadora. Pasará a la historia por su papel de musa. Se dice que inspiró a Gustav Klimt en “El Beso”, Oskar Kokoschka la inmortalizó como “La novia del viento” y quien fuera su primer esposo y seguramente el hombre a quien más amó, Gustav Mahler, dedicó a Alma muchas melodías en sus sinfonías más conocidas y valiosas, como los grandes temas de la octava. Su relación fue muy tormentosa, llena de obstáculos al principio. Se complicó aún más cuando Gustav le exigió a Alma su absoluta renuncia a componer, la necesitaba a su servicio y la competencia entre autores podría afectar a la calidad de su producción. Esta egoísta decisión por parte de Mahler, que fue aceptada por Alma en un principio, se convirtió en el elemento generador de su pronosticable ruptura. Posteriormente se uniría a otros hombres de los que también fue inspiración, como el arquitecto Walter Gropius, con quien había sido infiel a Mahler o el escritor Franz Werfel. En realidad, Alma sacrificó su vida como creadora en favor del amor y la obra de los grandes genios a los que amó y sólo han llegado a nosotros 16 lieder que aún se interpretan hoy. Es el más claro ejemplo de un legado truncado por circunstancias adversas, como la muerte de varios de sus hijos, pero jamás por falta de talento.

Lili Boulanger (1893-1918)

Lili Boulanger

Lili Boulanger

Lili nació en París y a pesar de ser una gran desconocida para el gran público, fue una notable directora de orquesta y compositora francesa, alumna de Gabriel Fauré y partícipe del impresionismo artístico galo. Nació y creció en una familia dedicada a la música, y es notable la influencia emocional y musical de su hermana Nadia, su abuela Juliette (cantante) y la labor pedagógica de su padre.

Su débil salud le impidió acercarse con más asiduidad a otros artistas del momento, pero a pesar de sus problemas respiratorios llegó a ganar el Gran Prix de Rome en 1913 con su obra “Faust et Helene”, convirtiéndose en la primera mujer en obtener el prestigioso galardón que ya habían conseguido músicos varones como Berlioz y Bizet. Trabajó hasta el final de su vida, dejando incompleta la ópera “La princesa Maleine”. Fue una compositora incansable, a pesar de las difíciles circunstancias que la rodearon nunca abandonó la música en el terreno creador.

Literatura

Las sin sombrero: las mujeres olvidadas de la Generación del 27 en España.

La Generación del 27 ha pasado a la Historia de la Literatura en lengua española como la Edad de Plata de la Poesía. Nombres como Gerardo Diego, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca o Dámaso Alonso componen un grupo que supo atraer lo mejor de las vanguardias al terreno lírico. Se sumaron al movimiento otras disciplinas como la pintura con Salvador Dalí a la cabeza del surrealismo o Luis Buñuel en el cine. Pero lo que muy pocos saben es que, si para estos hombres la edad fue de plata, el grupo de mujeres que formaba parte de esta generación supuso la Edad de Oro de la Poesía femenina en lengua hispana. Sin embargo, pocos conocen a este clan de artistas llamado “las sin sombrero”, un puñado de mujeres creadoras comprometidas, valientes y luchadoras que dejaron un legado de primer nivel.

En los últimos años se han realizado numerosos estudios públicos y privados para rescatarlas del pozo del olvido. Destaca sin duda el Proyecto Transmedia dirigido por Tània Balló, Serrana Torres y Manuel Jiménez Núñez.

Entre las mujeres que formaron parte de este equipo moderno y transgresor de principios del siglo XX figuran las pintoras Maruja Mallo, Rosario de Velasco y Margarita Manso; la escultora, ilustradora y poeta Marga Gil Roësset, las escritoras María Zambrano, Rosa Chacel y María Teresa León, las poetas Josefina de la Torre, Zenobia Camprubí, Ernestina de Champourcín y Concha Méndez y la artista gráfica Ángeles Santos.

Las sin sombrero: las mujeres olvidadas de la Generación del 27 en España.

Su activismo surge en el contexto histórico de la Segunda República española, una época de avances tecnológicos y sociales en la que el papel de la mujer adquiere singular relevancia, herederas del movimiento feminista iniciado por la Generación del 14 gracias al impulso de mujeres pioneras como Clara Campoamor, Victoria Kent y Carmen Burgos que, entre otras cosas, lograron el sufragio femenino.

El nombre de las “sin sombrero” viene dado por una anécdota protagonizada por Lorca, Dalí, Margarita Manso y Maruja Mallo que un día de los años 20 decidieron pasear por la Puerta del Sol en Madrid quitándose el sombrero. Este gesto que hoy nos puede parecer simpático, tenía entonces tintes revolucionarios, sobre todo en el caso de las mujeres, ya que simbolizaba rebelión y desacato, pero ellas lo hacían como metáfora visual, queriendo liberar las ideas mediante el ademán de desnudar sus cabezas. En una época que precedió a la dictadura de Primo de Rivera, su decisión se consideró provocadora, pues significaba que no se conformaban con el rol que la sociedad les imponía como esposas y madres.

No fue un grupo anexo al de sus compañeros varones. Ambos, hombres y mujeres, eran amigos, se reunían en lugares comunes y discutían sobre arte y literatura. A veces el encuentro se producía en publicaciones conjuntas, como La Revista de Occidente fundada por Ortega y Gasset o la Gaceta Literaria de Giménez Caballero. Presencialmente se reunían con sus compañeros en cafés de Madrid y paseando por la calle. Entre ellas era común la resistencia en el grupo femenino de la Residencia de Estudiantes o el Lyceum Club.

Siendo excelentes compañeras y no careciendo su obra de calidad y talento, resulta asombroso que aún hoy en día su labor no haya sido debidamente reconocida. Debería estudiarse su trayectoria en centros de enseñanza y por el momento la difusión al cuerpo estudiantil sólo llega a través de apuntes y conferencias de algunos profesores.

La Guerra Civil acabó con este clan que prometía haber dejado un legado insustituible. Muchas de ellas se vieron obligadas a permanecer en el exilio, otras terminaron en la cárcel o fueron silenciadas con la muerte.

Las sin sombrero alcanzaron muchos logros que hoy disfrutamos, lucharon por la igualdad de género, contra la violencia machista y por el derecho de las mujeres a ser independientes y libres. Desenterrar sus nombres es un deber moral.

Marta Muñiz Rueda

Marta Muñiz Rueda

Nace en Gijón, Asturias, en 1970. Licenciada en Filología Hispánica y titulada en Música. Ganadora del Premio de Poesía Esencia de Mujer (Astorga, 2015), del II Certamen de Poesía Lord Byron (Avilés, 2016), Primer Premio del VI Certamen de Relatos Río Órbigo, (León, 2016). Ha publicado el libro de poemas “El otoño es nuestro” (Tres voces, tres mundos II, Ed. Csed-Poesía, 2015), la colección de relatos “13 cuentos dementes para mentes insomnes y un relato para supersticiosos” (Ed. Piediciones, 2016) y la novela “Tiempo de cerezas”, (Ed. Camelot, 2017). Colabora asiduamente en eventos literarios y ha participado en numerosas publicaciones colectivas, tanto en revistas (La Curuja, FAKE-España, Espacio Luke) como en antologías o misceláneas (“Poemas por vidas”, “15 autores, 24 horas”, “Sagrado Invierno”). El próximo día 1 de julio de 2017 participará en el VIII ENCUENTRO POÉTICO de San Miguel de Escalada.