Monsreal, narrador de tiempo completo Monsreal, narrador de tiempo completo
El amor de Agustín Monsreal por la literatura inició en la juventud, vía la oratoria, la declamación y la actuación. Ese amor lo ha... Monsreal, narrador de tiempo completo

El amor de Agustín Monsreal por la literatura inició en la juventud, vía la oratoria, la declamación y la actuación. Ese amor lo ha alimentado con una fiera ironía mediante artimañas y estiramientos del lenguaje, de embrollar las palabras, aglutinarlas o, simplemente, de encontrar su grandeza.
Comenzó a escribir “para distraer los ocios del cuerpo”, asegura. Se hace llamar “Agustín Séptimo”. Nació en la blanca ciudad de Mérida hace 76 años. En 2016 celebró siete décadas y media de vida con la publicación de seis libros de narrativa, uno de haikus y un audiolibro. En varios se le puede encontrar como una sombra, o a través de un alter ego o de las “muchas vidas” que guarda dentro de sí y que resurgen como puntos de vistas vertidos en divagaciones, incluso existenciales. En otros, entrega prosas inmorales o de tópicos románticos (como el deseo y el amor) que, como en los boleros, hablan de “los amores de nunca acabar” o de los celos que enferman las relaciones sentimentales, casi siempre integradas por tres: “ese tercer elemento que puede ser un sueño, un fantasma, otra presencia; un elemento que irrumpe siempre para que la pareja no vaya pareja”, al decir de la escritora Rosa Beltrán.

Agustín Monsreal es un narrador reflexivo, de esa estirpe de escritores que exponen lo que piensan, con la certeza que merece escribirse. Sin embargo, nunca es pedante. Sus ficciones siempre incluyen guiños de complicidad para con los lectores, de manera que gran parte de sus textos no son sólo “una recreación del ego” -congruente con los consejos de su Decálogo para cuentistas-. Basta revisar las primeras 51 páginas de Los pigmeos vuelven a casa (Ficticia, 2016), repletas de notas y aclaraciones, que encaminan la escritura y toda anécdota biográfica, esa vida imaginaria del cuentista, poeta, lector y también dibujante Agustín Monsreal, hacia el juego de la metaficción, tal y como lo había establecido en La banda de los enanos calvos (1987; reeditado en 2008), en cuyos relatos el narrador —“un hombre a la vieja escuela”, diría Eduardo Antonio Parra— se confunde con el autor para crear un personaje entrañable, dispuesto a contarnos lo mismo sobre ese diario de desgracias del escritor, que sobre la tragicomedia de la vida, desde una idiosincrasia que no podría ser sino  mexicana.

Agustín Monsreal

Hay en cambio otros cuentos en los que Monsreal deja que otros personajes sean quienes narren, cómo en aquella época en la que escuchaba las voces de las mujeres de la casa, inundando todo con sus historias, formando el oído del futuro escritor, aquel que en más de 20 libros ha explorado el cuento, el relato, el aforismo, el ensayo, y la minificción, sin caer en las exigencias editoriales de publicar una novela.

En su vida, Monsreal ha obtenido varios premios y uno que otro trofeo literario. Formó parte de un grupo de narradores que se hicieron llamar “Imaginarios” —de los que sólo él continuó en activo—; acompañó a Edmundo Valadés en la legendaria revista El Cuento; convivió de cerca con Juan Rulfo; y no pocos escritores le han dedicado dignas palabras. A sus cuentos Orlando Ortiz les atribuyó un género propio (“el Mons-realismo”) y, en ese mismo sentido, hay quienes desde la crítica literaria le han atribuido la creación de un universo propio. Habrá que sumar que Monsreal es uno de los mejores representantes de la tradición de la literatura mínima hispanoamericana. Su dominio total de las dimensiones de la minificción se manifiestan en tres libros: el ya mencionado Los pigmeos vuelven a casa; Los hermanos menores de los pigmeos (Ficticia, 2004); y Mínimas minificciones mínimas (BUAP, 2016). Su cuento corto, muy corto intitulado “Reencarnación” es un prodigio absoluto.

“Reencarnación” antecede a Mamá duerme sola esta noche (Jus, 2016), categorizada por el editor como novela, pero defendido, por el propio autor, como un cuento largo, muy largo, de 160 páginas. La anécdota es simple: cuatro hombres buscan llevar serenata a sus progenitoras en el Día de la Madre. Parranda y desmadre (que no es lo mismo) son elementos cruciales de este texto narrativo, deslumbrante por sus giros lingüísticos, en el que —asegura Eduardo A. Parra—, Monsreal “fuerza la lengua mexicana para que diga más de lo que regularmente denota, retorciendo los términos para encontrar un colorido distinto, novedoso, chispeante para la vista y el oído”. Ya Emmanuel Carballo había reconocido “este personalísimo manejo del idioma”, por lo que lo definió como “el cuentista más extraño de su generación”.

A Monsreal se lee con la certidumbre de que nos encontramos ante un narrador ameno, sin temor a desenmascarar los falsos puritanismos y que sabe que la imaginación es un placer simple, pero del que no todos podemos disfrutar.


Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.