México ante la era Post-Petrolera México ante la era Post-Petrolera
A principios de septiembre, en este 2016 se habrán perdido por renta petrolera 436.4 mil millones de pesos, el equivalente a 2.5 del PIB... México ante la era Post-Petrolera

¿Podemos dejar de depender de este recurso natural?

De acuerdo con el Paquete Económico 2016 (PE 2016) presentado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), a principios de septiembre, en este 2016 se habrán perdido por renta petrolera 436.4 mil millones de pesos, el equivalente a 2.5 del PIB. Para darnos una idea de lo que representa, esto equivale a la suma de los presupuestos de las secretarías de educación y salud o más de 5 veces el presupuesto de PROSPERA, en sus vertientes de salud, educación y desarrollo social. En algunos países ricos en petróleo, como el nuestro, a cada ciudadano le toca una parte de dichas regalías, lo que comúnmente se denomina como renta petrolera per cápita (por habitante). No se reparte dinero en México porque la renta por petróleo entra en una caja única que vigila la Tesorería de la Federación, pero si en México se repartiera proporcionalmente la renta a cada persona (adulto o menor), hasta el año pasado tenía derecho a recibir alrededor de 8,000 pesos anuales. Ahora serían sólo 4,000 pesos y en el futuro, muy posiblemente será aún menos. El resultado a nivel gobierno lo refleja la carta del presidente que acompaña el envío del PE 2016: se reducirá el gasto en 5.9% para 2016 (términos reales), es decir casi el triple. Es el primer ajuste a la baja y de tal magnitud en décadas.

México ante la era Post-Petrolera

Ante la incontrolable baja de precios, la declinación de la producción que provocamos maximizando irrazonablemente la renta y el retraso de los “efectos multiplicadores” de la reforma energética, ¿qué ocurrirá en el futuro tomando en cuenta que los precios del petróleo se mantendrán bajos y que seguramente la producción irá disminuyendo gradualmente? ¿Cuál es el balance general de un gobierno petrolizado por más de 3 décadas? ¿Hubo y habrá efectos negativos, o aún, positivos? Hoy, 36 países cuyos gobiernos dependen del petróleo en el globo han sido afectados de distintas maneras por haber usado intensivamente un recurso natural no renovable en sus finanzas públicas. Sin embargo, en perspectiva larga, sí existe un efecto compartido por todos: se han sustituido impuestos.

Sustituir impuestos no es sólo un componente económico. Es también político y genuinamente social. Sustituir impuestos por petróleo debilita al estado, en particular le hace daño a uno como el nuestro que recauda poquísimo, que es famoso en el mundo por lo mismo. Un estado, un gobierno, economía y sociedad, acostumbrados a “salvarse” por el uso y abuso de un recurso natural no es fuerte, ni sostenible, y desde luego no es legítimamente representativo y democrático (ni federal como ocurre aquí). Si no existiera la presencia de petróleo tendríamos que: a) utilizar responsable y productivamente el gasto y/o b) recaudar impuestos con una ciudadanía contributiva que aportara voluntariamente parte de sus ingresos al gobierno y que estuviese alerta a exigir a sus gobernantes bienes y servicios públicos de calidad. Es decir, si no tuviéramos petróleo tendríamos que construir economía competitiva y ciudadanía vía impuestos. No poca cosa.

México ante la era Post-PetroleraLa dependencia gubernamental de un recurso natural provoca mutaciones dentro del gobierno, en su relación con la economía y desde luego, con la sociedad. Si no se tuviera pleno control gubernamental sobre dicho recurso, ¿cómo podrían otorgarse incentivos fiscales a empresas e individuos sin una justificación técnica y evaluación de impacto, disculpar la elusión y evasión de impuestos y debilitar las capacidades recaudatorias de nuestros gobiernos? ¿Cómo se hubieran podido sortear las crisis de deuda y económicas en los ochenta, los noventa y en la década pasada si no se tuviera un control relativamente eficiente y eficaz de la renta petrolera? ¿Cómo se hubiera podido mantener un nivel de gasto por encima de los ingresos y por encima del crecimiento económico en la última década si no se tuvieran ingresos cuantiosos impulsados por un precio alzado de petróleo y un tipo de cambio favorecedor? No hay reformas fiscales recurrentes que eleven significativamente la recaudación de impuestos si el gobierno no se inserta de manera eficiente y virtuosa, representativa y democrática, con la economía y la sociedad. Los resultados generales de la reforma fiscal son esclarecedores: prácticamente no hubo recaudación adicional en el 2014 y en 2015 poco más de 1 punto del PIB.

Como lo demuestra el PE 2016 y las proyecciones que nos comparte SHCP para el 2021, no se espera que el precio por barril suba ni que haya más producción, ni que exportemos más petróleo. Si, aún como lo denota la posición típicamente cauta y conservadora oficial, no habrá más ingresos petroleros, entonces estamos ante un periodo inter-temporal o relativamente largo donde no podremos paliar –como ha ocurrido por lo menos desde 1983- la debilidad del estado y la ausencia de gobierno con petróleo. Esto requerirá de un pacto fiscal que debería, al menos en teoría, transformar la legitimidad fiscal y más específicamente la legitimidad contributiva, del Estado. Por lo tanto, un estado y un gobierno post-petrolero implicarán una economía y una sociedad, también post-petroleras. El gobierno tendrá que cambiar sustantivamente su funcionamiento, construir una cadena de valor genuina con la economía y modificar su inserción social. De igual manera y como contraparte, éstos dos últimos grandes agregados –economía y sociedad- tendrán que construir una nueva forma de relacionarse con el gobierno, lo que devendría en un nuevo Estado, uno cuyo perfil fiscal verdaderamente correspondiese con el tamaño de territorio, población, perfil macroeconómico y grado de desarrollo de México.

México ante la era Post-PetroleraEl petróleo sigue siendo, al menos en el subconsciente colectivo, importante para la economía, la soberanía y aún la identidad. Paradójicamente este subconsciente colectivo es, después de la reforma reciente, más bien un inconsciente colectivo. Las protestas masivas contra la reforma energética consumada no tuvieron lugar y los dirigentes más proclives a ellas no levantaron la mano. Una cosa son las entrañas y otra el razonamiento informado. El petróleo es un tema todavía incomprendido por la mayoría de la población pero campo fértil para que nuestras élites tomen decisiones trascendentales a partir de análisis riesgosos. Esperemos que, para cuando vuelva a haber petróleo, no lo desperdiciemos como lo hemos hecho.

Gabriel Gabriel Farfán Mares

Gabriel Gabriel Farfán Mares