<i>Memorias de una Geisha</i>, un bestseller sobre la belleza y el sometimiento <i>Memorias de una Geisha</i>, un bestseller sobre la belleza y el sometimiento
Suma de Letras, que forma parte de Penguin Random House Grupo Editorial, lanzará en México una edición especial de aniversario de Memorias de una... <i>Memorias de una Geisha</i>, un bestseller sobre la belleza y el sometimiento

Suma de Letras, que forma parte de Penguin Random House Grupo Editorial, lanzará en México una edición especial de aniversario de Memorias de una Geisha, apasionante y sorprendente historia que ha batido récords de permanencia en las listas de bestsellers de todo el mundo y conquistado a lectores de más de 26 idiomas.

El libro cuenta la historia de Sayuri, una anciana japonesa afincada en Nueva York que poco antes de su muerte relata su vida a un joven amigo americano. El escritor hereda la verdad de cómo, desde una mísera infancia, ella llegó a convertirse en una de las geishas más famosas del Japón de entreguerras, un país donde aún resonaban los ecos feudales y donde las tradiciones ancestrales empezaban a convivir con los modos del mundo moderno.

Memorias de una Geisha, un bestseller sobre la belleza y el sometimientoDe la mano de Sayuri entraremos en un mundo secreto dominado por las pasiones y sostenido por las apariencias, en el que la sensualidad y la belleza no pueden separarse del sometimiento: un mundo en el que las jóvenes aspirantes a geishas son duramente adiestradas en el arte de la seducción, y donde deben convencerse de que, para ellas, el amor no es más que un espejismo.

FRAGMENTO

“En toda mi vida sólo había tenido con este Presidente un brevísimo encuentro, pero desde entonces había pasado muchos momentos imaginándolo. Era como un trozo de una canción que llevaba desde entonces grabada en mi mente. Aunque, claro, algunas notas habían cambiado con el tiempo —lo que significa que esperaba que su frente fuera más ancha y su cabello cano menos espeso—. Me asaltó la duda de si sería el mismo, pero me sentía tan tranquila que enseguida supe sin vacilar que lo había encontrado.

“Mientras Mameha saludaba a los dos hombres, yo me quedé detrás esperando mi turno para hacer las reverencias. ¿Y si cuando intentara hablar mi voz sonaba como un trapo abrillantando la madera? Nobu me miraba, con sus trágicas cicatrices, pero no estaba segura de que el Presidente hubiera reparado siquiera en mi presencia; me intimidaba mirar en su dirección. Cuando Mameha ocupó su lugar y empezó a alisarse el kimono sobre las rodillas, vi que el Presidente me miraba con lo que yo creí que era curiosidad. Se me quedaron los pies fríos, pues toda la sangre se me agolpó en la cara.

“—Presidente Iwamura… Presidente Nobu —dijo Mameha—, ésta es mi nueva hermana pequeña, Sayuri.

“Estoy segura de que alguna vez habrás oído hablar de Iwamura Ken, el fundador de la Compañía Eléctrica Iwamura. Y tal vez también has oído hablar de Nobu Toshikazu. No ha habido en Japón una asociación comercial más famosa que la suya. Eran como un árbol y sus raíces o como un santuario y la verja que lo antecede. Incluso yo había oído hablar de ellos con sólo catorce años. Pero nunca había imaginado que Iwamura Ken podría ser el mismo hombre que yo había conocido en las orillas del arroyo Shirakawa. Bueno, pues me puse de rodillas e hice mis reverencias, acompañadas de toda la retahíla acostumbrada sobre su indulgencia conmigo y todo lo demás. Cuando terminé, me fui a arrodillar en el espacio libre que quedaba entre los dos. Nobu se enzarzó en una conversación con el hombre que tenía al otro lado, mientras que el Presidente estaba callado, con una taza de té entre las manos; a sus pies había una bandeja completa. Mameha empezó a hablar con él; yo agarré la pequeña tetera y me aparté la manga para servirle. Para mi sorpresa, los ojos del Presidente giraron en la dirección de mi brazo. Por supuesto, a mí me entraron ganas de ver por mí misma exactamente lo que estaba viendo él. Tal vez debido al tipo de luz del paraninfo, la cara interna de mi brazo parecía brillar con el suave destello de las perlas y tenía un hermoso tono marfil. Ninguna parte de mi cuerpo me había llamado la atención de este modo antes. Me daba cuenta de que los ojos del Presidente no se habían movido; y mientras siguiera mirándome el brazo, yo no pensaba apartarlo. Y entonces, de pronto, Mameha se quedó en silencio. Me pareció que había dejado de hablar porque el Presidente me estaba mirando a mí en lugar de escucharla a ella. Entonces me di cuenta de lo que pasaba realmente.

La tetera estaba vacía. Es más, ya estaba vacía cuando la agarré.

Un momento antes me había sentido hasta resplandeciente, pero en ese momento balbucí una disculpa y dejé la tetera en la bandeja lo más rápido que pude. Mameha se echó a reír:

—Ya ve que es una chica resuelta, Presidente —dijo—. Si la tetera hubiera tenido una sola gota de té, Sayuri la habría sacado.

—Ese kimono que lleva tu hermana pequeña es ciertamente hermoso, Mameha —dijo el Presidente—. ¿Puedo recordar habértelo visto a ti, en tus días de aprendiza?

De quedarme alguna duda sobre si este hombre era realmente el Presidente de mis sueños, ésta se habría desvanecido al escuchar la conocida dulzura de su voz.”

Arthur Golden, el autor de este bestseller, nació en Chattanooga (Tennessee). Tras estudiar en Harvard, donde se especializó en Arte Japonés, pasó un tiempo en China y Japón. Cuando regresó a los Estados Unidos, continuó sus estudios en la Universidad de Boston. Vive en Brookline (Massachussets) con su esposa y sus dos hijos.

La Redacción

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