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La propuesta de ley que, de aprobarse, permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo fue rechazada finalmente. En dos comisiones legislativas distintas –Comisión... Matrimonio igualitario 0,  Conservadurismo 1

La propuesta de ley que, de aprobarse, permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo fue rechazada finalmente. En dos comisiones legislativas distintas –Comisión de Derechos Humanos y Comisión de Puntos Constitucionales-, legisladores del Partido Acción Nacional, Nueva Alianza, Encuentro Social,  “Verde”, y un grupo de diputados priistas, desecharon el proyecto de iniciativa; en tanto, entre quienes votaron a favor se contaron los diputados del Partido de la Revolución Democrática, Movimiento de Regeneración Nacional y, paradójicamente, otro grupo de priistas. Los parlamentarios de Movimiento Ciudadano, presuntamente progresistas, optaron por abstenerse.

Así culminó, sólo por ahora, el largo debate que suscita el matrimonio civil igualitario en México. En esta edición, la polémica fue inaugurada luego de que el presidente Enrique Peña Nieto enviara al Congreso de la Unión, un paquete de modificaciones legales –entre los que se contaba una modificación constitucional y otras tantas en el Código Civil Federal- que garantizaba, entre otras cosas, la unión matrimonial entre parejas del mismo sexo y el reconocimiento legal para adoptar.

En un primer momento, la iniciativa presidencial fue recibida con gratitud y sorpresa. No era para menos. Durante su carrera política, el presidente y el grupo político que llegó con él a Los Pinos, no habían mostrado mayor interés sobre el tema; incluso, en ciertos sectores de su partido –como finalmente se verificó durante la votación en comisiones-, la medida les era francamente dañosa.

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Tampoco escapó a la opinión pública que la medida llegaba apenas un mes antes de que se celebraran elecciones intermedias, en las que se elegirían a 12 gobernadores, y justo en un momento en que la popularidad del presidente se encontraba particularmente mermada: 30% de aprobación en abril, de acuerdo con el diario Reforma –un mes antes, por cierto, de que se presentara la propuesta. No sin razón, la iniciativa fue calificada como electorera.

Y, en efecto, lo fue.

No bien la iniciativa comenzaba a ser procesada por los legisladores y la opinión pública, cuando fue manifiesta la orfandad política en la que caía irremisiblemente. En efecto, pocos fueron los políticos que, desde el sector gubernamental, ensayaron alguna pálida defensa en torno a la medida presidencial. El abandono de la propuesta fue particularmente visible desde el PRI (Partido Revolucionario Institucional), que a despecho de su proverbial disciplina para acompañar las determinaciones de los presidentes emanados de sus filas, en esta ocasión acusó cierto desdén en la defensa y promoción de la empresa presidencial.

Eludido el debate en las esferas de discusión y decisión institucional, la polémica se trasladó a las calles y encontró como sus protagonistas a dos sectores sociales orgánicamente enfrentados.

Desde el flanco derecho, el Frente Nacional por la Familia aglutinó bajo su férula una pléyade de organizaciones sociales de corte conservador, que pugnan por una familia “tradicional” y que dan en llamar, sin muchas elaboraciones teóricas, como “natural”. Para enfrentar la iniciativa, dispusieron de una larga estrategia de choque, centrada en la movilización pública, que encontró su culminación en la “Gran Marcha Nacional” –así, con mayúsculas- convocada para el 24 de septiembre en la Ciudad de México.

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Tanto la marcha, como la movilización misma, estuvieron inspiradas en combatir el contenido explícito y el, digamos, “oculto” de la iniciativa que, según su lectura, se centraba en lo siguiente:

“(…) – Que nuestros niños puedan cambiar de sexo sin la intervención de padres de familia  o tutores.

(…) – A través de los libros de texto de la SEP y desde preescolar, les enseñarán a los niños la homosexualidad y actividades sexuales, y como padre de familia no te podrás oponer.

-Cambiar las leyes de género, es decir los hombres podrán entrar al baño de mujeres y viceversa”. (sic)

Desde el flanco izquierdo se presentó un atomizado y muy heterogéneo grupo para respaldar social y políticamente la iniciativa presidencial. El improvisado conglomerado que se propuso defender el matrimonio civil igualitario en el mismo espacio en que la derecha lo había hecho, la calle, nunca terminó de mostrar la organicidad ni eficacia organizativa que presentaron sus oponentes ideológicos. Paradojas de la dinámica social.

Como fuera, la última palabra está lejos de ser pronunciada. En días previos, poco después de que se conocieran los resultados adversos a la modificación de ley, el vicepresidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Ojeda, anticipó que en el próximo período ordinario de sesiones impulsará, de nueva cuenta, la iniciativa de ley que reconocerá al matrimonio civil igualitario en todo el país.

Nada, pues, está dicho.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.