‘Más pobres de todo’.  Crónica sobre las librerías de Donceles ‘Más pobres de todo’.  Crónica sobre las librerías de Donceles
Las librerías de Donceles –una de las calles más antiguas en la ciudad- tienen una condición iniciática, casi mistérica, en la vida lectora de... ‘Más pobres de todo’.  Crónica sobre las librerías de Donceles

Las librerías de Donceles –una de las calles más antiguas en la ciudad- tienen una condición iniciática, casi mistérica, en la vida lectora de todo capitalino. Fueron el escenario de los habituales saqueos que Carlos Monsiváis acometía sobre las ilustres bibliotecas, ahora apolilladas, cuando su pulsión acumulativa se desataba. En Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, esas librerías sirvieron como proveedoras, a espaldas de los libreros, naturalmente, para nutrir las exiguas colecciones de los realvisceralistas.

Ahora, dos de esas librerías están por cerrar; el mandato cruel de la mano invisible ha dictado su sentencia de muerte, y la inviabilidad económica las conduce, sin escalas, a la inanición.

‘Más pobres de todo’.  Crónica sobre las librerías de DoncelesSituadas justo al inicio de la calle de Donceles, en el número 12 A, “La Casona de Aura” fue inaugurada en el 2007, mientras que “La última y nos vamos”, ubicada en el 12 B, ofreció sus libros hace apenas dos años, en el 2014. Ésta librería fue abierta cuando “precisamente, se vino abajo, se sintió más el que no haya compradores de libros”, relata Rosario Hernández, encargada del mostrador en  “La Regia”, una de las muchas librerías de viejo que la familia López Casillas tiene sobre la calle.

Con 30 años de experiencia dedicada al negocio de la compra, Hernández es clara sobre las causas del cierre en sus librerías: “No hay ventas, no salen los gastos. Tenemos que pagar seguro social, luz, teléfono, renta, todo”.

Los factores que han intervenido en la debacle de las librerías, son conocidos por Hernández: “Uno de ellos es la crisis”, otro, pues el aumento del uso del internet, y el poco tiempo que tenemos todos. Entonces todo mundo recurre a resolver la duda de la forma más rápida que es el internet. Ya no se dan a la tarea de investigar, ni nada.”.

En el pasado, los mejores días para la venta de libros eran los sábados; sin embargo, ahora “no hay día. Podemos estar horas solos y no sale nada. Está horrible (…) Todos estamos en el mismo tenor”.

‘Más pobres de todo’.  Crónica sobre las librerías de DoncelesUn contenido desastre las caracteriza; envuelto en el polvillo de añejos libros, estantes de piso a techo sostienen textos de manufactura irregular, heterogénea. Ejemplares de superación personal, de dudosa efectividad, comparten escaparate con obras de Blasco Ibáñez o Alfonso Reyes, de probada eficacia novelesca y ensayística, respetivamente.

Hacia las cuatro de la tarde, la afluencia es agónica. Tres o cuatro personas barren con la vista los lomos desgastados en las secciones de “Medicina”, “Novela” y “Política”. En la zona de “Periodismo”, ubicada en las estanterías superiores, apenas asoman 15 o 20 libros, todos del mismo título y autor.  Sobre una desordenada mesa, novelas policiacas presumen su escandaloso contenido; uno de esos libros anuncia que las historias que contiene, fueron elegidas por Peter Sellers. Quién sabe.

‘Más pobres de todo’.  Crónica sobre las librerías de DoncelesLa circunstancia económica ha llevado a los López Casillas, a mudar su negocio al contexto digital, prosigue Hernández: “Nosotros tenemos, en particular, un catálogo en internet, donde ofrecemos libros muy selectos, que, creo, las otras librerías no lo tienen. Entonces de ahí, a veces, salimos a flote con eso”.

“Igual libros que la gente compra para decoración, es increíble que no compran para leer (…) Eso es un negocio. Hace no mucho vino un cliente (…) que está decorando con libros un hotel y nos compró una buena cantidad; pero eso sucede una vez cada (tiempo). Hay arquitectos que buscan determinado encuadernado para decorar un área de no sé qué, y necesitan ocho metros de libros”, explica Hernández.

‘Más pobres de todo’.  Crónica sobre las librerías de DoncelesUn estante de madera resguarda los libros más viejos, los más preciados. Gruesos volúmenes, recubiertos de piel agrietada, dan fe de su importancia y solemnidad. Son viejos textos de Derecho, mezclados con anuarios e inventarios de monumentos que no conocimos, álbumes que registraron escenas de tiempos que ya no son los nuestros.

Afuera, dos hombres jóvenes fuman tras sus ‘diablitos’ llenos de cartón. En un costado, una torteria satisface los apetitos de sus comensales, del otro, un estacionamiento sigue recibiendo coches. Pronto serán las siete de la noche, y buena parte de los protagonistas de ésta escena echarán un candado a su local, y marcharán a casa.

De acuerdo a su experiencia, los libros más solicitados por sus clientes son “el ‘Algebra’ de Baldor; antes pedían mucho a García Márquez. Ahora lo que piden son las cosas que están de moda, uno que siempre piden es a Stephen King, Lovecraft (…) Sí es triste, poca gente, pocos chavos son los que llegan, se echan un clavado y sacan buenas cosas (…) Cada día estamos más pobres de todo”.

‘Más pobres de todo’.  Crónica sobre las librerías de DoncelesPor virtud de la vejez, quizá, todas las librerías de Donceles lucen y huelen igual. Con variaciones mínimas en su composición, las postales son las mismas: corredores abarrotados de libros, paredes tapizadas con lomos de piel o papel. Resalta el silencio de sus rincones; como valladares del desquiciamiento habitual, una pila de libros viejos se opone a los flujos y reflujos de una ciudad agreste, violenta.

Ínsulas de tiempos viejos, todavía ostentan, orgullosas, lugares para sentarse y leer con algún sosiego lo que resguardan sus libreros. Pero cuando los banquillos no son suficientes, el piso desvaído no tiene empacho en recibir lectores. Parecen respetar el íntimo entendimiento, la venturosa casualidad,  entre el lector preciso y el libro correcto.

Ya son las siete, y la cauda de sonidos que acompaña el tráfico de la hora asiste puntual a desquiciar, aún más, el débil equilibrio de esta ciudad. Pero, seguramente, ahí dentro,  entre los estantes llenos de libros, en sus calladas esquinas, no se oirá nada más.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.