María de todas las devociones María de todas las devociones
En buena parte del territorio nacional se replica la siguiente escena: montones de basura –compuestos en su mayoría por platos y vasos desechables... María de todas las devociones

En buena parte del territorio nacional se replica la siguiente escena: montones de basura –compuestos en su  mayoría por platos y vasos desechables, sembrados junto a algunas botellas vacías de alcohol -, un insistente olor a pólvora y un altar de luces marchitas que adornan la imagen de la Virgen María. El panorama nostálgico que sólo las fiestas recién concluidas ofrece, es completado con las detonaciones concurrentes de cohetes de cierta potencia y, al menos en la Ciudad de México, por una larga cohorte de peregrinos en retirada.

Así concluye la 485 celebración anual de la última aparición de la Virgen de Guadalupe ante San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, ocurrida en el cerro del Tepeyac en el año de 1531. La narración de las cuatro apariciones están contenidas en el manuscrito Nican mopohua, voz náhuatl que traducida al castellano dice “aquí se narra”.

Dicho texto, editado por el sacerdote criollo Luis Lasso de la Vega –quien vivió en el siglo XVII- en el año de 1649, fue escrito, asegura el propio Lasso, por el sabio indígena Antonio Valeriano, un peculiar protagonista del proceso de asimilación cultural experimentado por el pueblo mexica. Valeriano logró, entre otras cosas, dominar el castellano, el griego y el latín, además de ser estudiante fundador del importante Colegio de Santa Cruz Tlatelolco, y posteriormente su profesor y director.

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Valeriano –también cronista y traductor del náhuatl al latín-, fue, afirman algunos historiadores, sobrino político del indígena Juan Diego, de quien oiría, dicta la conocida historia, de sus “propios labios” la historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe.

En el Nican Mopohua se consigna que tras la aparición de la Virgen de Guadalupe, esta ordenó a Juan Diego diera cuenta de lo ocurrido al primer obispo Juan de Zumárraga, poderoso clérigo que alcanzó, por disposición de Paulo III, ser arzobispo de México en 1547. El relato refiere que en la última aparición mariana, Juan Diego, como prueba de verosimilitud de su dicho, se presentó ante el obispo y frente a él desplegó su ayate, del que cayó un ramo de flores y la estampa de la Virgen, de piel morena y rasgos mestizos.

Sincretismo

Propio de la astucia religiosa del apostolado en la Nueva España, el sincretismo fungió como una eficaz estrategia propagadora del catolicismo. Se trataba de conciliar dos sistemas filosóficos diametralmente distintos, vinculando tradiciones a partir de símbolos asimilables. El fervor y arrastre popular de la Virgen de Guadalupe puede explicarse, en sus inicios, si apelamos a la importancia de la deidad mexica sobre la que se fincó el nuevo culto.

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El Tepeyacac –castellanizado a Tepeyac- fue un centro religioso prehispánico en el que se adoraba a la Coatlicue –“señora de la falda de las serpientes-, deidad de la fertilidad y patrona de la muerte y de la vida; madre, por cierto, del dios más importante para la cosmogonía mexica, Huitzilopochtli. De acuerdo a la mitología mexica, la gestación de Huitzilopochtli fue propiamente virginal, pues según narra la leyenda, la Coatlicue fue preñada por una “bola de plumas” que cayó del cielo, mientras barría los templos de Tollan. Entre esta historia y la correspondiente a la gestación de Jesús de Nazaret existe una similitud palpable.

No resulta casual, tampoco, que en vista de la importancia de la Coatlicue para el pueblo mexica, cíclicamente se organizaran procesiones hasta el cerro del Tepeyac, mucho antes de que ahí se erigiera una ermita católica que era visitada durante las peregrinaciones.

En buena medida, el fortalecimiento definitivo de la Virgen de Guadalupe como santidad referencial para la Nueva España, tuvo dos trascendentales motivos. Por un lado, la adopción y reconocimiento que esta tuvo frente a la naciente sociedad criolla; y por el otro, la “oficialización” de su culto por las más altas autoridades religiosas mediante el Primer Concilio Mexicano, convocado por el arzobipo Alonso de Montúfar, y al que asistieron Pedro de Gante, Vasco de Quiroga, y Juan López de Zárate, entre otros. En dicho encuentro, que tuvo lugar en la capital de la Nueva España hacia el año de 1555, se decidió fortalecer el culto profesado a los santos patrones en cada localidad.

Las polémicas

Aunque popular y profundamente arraigada en amplios sectores sociales, la Virgen de Guadalupe tampoco ha estado exenta de polémicas. Entre las más graves, se cuenta la protagonizada por el último abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg Prado, quien a pesar de los 33 años que encabezó la administración del centro religioso, no tuvo empacho en señalar la dudosa veracidad de la existencia de Juan Diego –santificado por el papa Juan Pablo II en el 2002.

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Fue en 1996 cuando en una misiva dirigida al Vaticano, declaró lo siguiente: “La existencia del indio Juan Diego no ha sido demostrada, podríamos obtener muchas firmas de eclesiásticos preparados, así como de laicos intelectuales que avalan esta carta, pero no queremos provocar un inútil escándalo, simplemente queremos evitar que disminuya la credibilidad de nuestra Iglesia”. Con ello, naturalmente, ponía también en duda las apariciones de la Virgen María.

Asimismo, sentenció en una entrevista a la revista italiana 30 Giorno, que la imagen de la Virgen, resguardada celosamente en la Basílica de Guadalupe, fue “producto de una mano indígena y no de un milagro”.

Como fuera -y pese a lo que sea-, millones de peregrinos continúan abarrotando el atrio de la Basílica año tras año;  mientras que en miles de pueblos y ciudades a lo largo de toda la geografía nacional, cohetes y altares dejan constancia de su devoción.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.