Manu (Fragmento de novela erótica) Manu (Fragmento de novela erótica)
Después de las presentaciones Manu me arrastra a la máquina de zombies y comenzamos a jugar. En esta ocasión no hay besos entre... Manu (Fragmento de novela erótica)

Después de las presentaciones Manu me arrastra a la máquina de zombies y comenzamos a jugar.  En esta ocasión no hay besos entre cada partida, cada vez que acaba una, Manu corre a la barra y pide un par de bebidas, o me cuenta alguna anécdota de alguno de sus amigos que pasa por allí. No encuentro la oportunidad para acercarme a él.  De vez en cuando su mano se posa sobre mis glúteos dándome un significativo apretón, o lo sorprendo atisbando por entre los botones de mi blusa ligeramente abierta.

Después del tercer vodka, comienzo a sentir un calor que sube de mi bajo vientre y sale por mi garganta en largas bocanadas. Siento que soy la reina de matar zombies, soy muy diestra con la pistola, por lo cual es casi imposible que se me escape un zombie vivo. La puntuación que estamos alcanzando es una locura, al final ganaremos decenas de tickets intercambiables por regalos.

Manu (Fragmento de novela erótica)A mi derecha está Manu, que a su vez se concentra en su tarea, es también muy bueno, la práctica nos ha hecho una pareja temible. Pienso en Bonnie y Clyde. Veo el cabello larguísimo de Manu, la postura que adopta con los brazos extendidos, las piernas entreabiertas y la cabeza ladeada: es absolutamente sexy. Siento que sube dentro de mí una ola de deseo casi irreprimible, pero la tarea que realizamos no me deja acercarme a Manu, tendré que esperar al final de la partida.

Cuando el juego termina, Manu deja la pistola abruptamente y, sin decirme nada, se dirige a un grupo de amigos que está más allá de la barra. Me quedo sentada en un alto banco de bar, imaginando cómo sería jugar en la máquina arcade de Jurassic Park, nunca la hemos probado. Es una especie de chasis de coche con una gran pantalla al frente, se juega sentado, en las puertas cuelgan cortinas corredizas que se pueden cerrar para apartar la mirada de los curiosos y en la parte posterior tiene un gran cristal por donde es posible, desde fuera, observar la partida; pero la visión se limita a la parte posterior de la cabeza de los jugadores, las manos que sujetan las pistolas y la pantalla. Imagino cómo sería jugar allí, la semi privacidad del aparato me provoca un cosquilleo, podría deslizar mi mano hasta el abultado paquete entre las piernas de Manu y acariciarlo. Imagino que me puedo poner un vestido sin la tanga por debajo para así permitir a sus dedos deslizarse dentro de mí. Aunque lo que más me excita es pensar en algún adolescente que con ímpetu y por equivocación abre una de las cortinas y descubre mi vestido subido más arriba de los muslos, y la mano de Manu entre mis piernas. Fantaseo que el mancebo se sonroja primero, pero después, en lugar de irse, tiene el coraje de seguir mirando, esto me provoca ganas de excitarlo, así que gimo y abro un poco más mis piernas para que pueda ver mejor. El adolescente tiene una evidente erección, Manu lo observa y lejos de molestarse se nota complacido, desabotona un botón de mi blusa y mete la mano por debajo de mi sujetador tocando mi seno…

¿Por qué abres las piernas?, escucho que me susurran al oído. Siento el aliento tibio de Manu en mi oreja derecha, vuelvo de mis ensoñaciones y sí, efectivamente, tengo las piernas abiertas ligeramente más de lo debido. Mis mejillas se encienden y no puedo más que balbucear un intento de respuesta. No sé qué decir. Manu mordisquea el lóbulo de mi oreja e inserta la punta de su lengua por mi oído, al mismo tiempo que comienza a bajar su mano derecha hacia mi seno izquierdo. Me alivia por fin tenerlo cerca, pensé que nunca nos besaríamos esta noche. Su pecho grande cubre mi espalda, y desde atrás me besa el cuello, su mano juguetea entre los botones de mi blusa hasta que logra desabrochar uno.

El solo pensar el recorrido que seguirá sus dedos me hace estremecer. Con la mano izquierda acaricia lentamente mi hombro y la va bajando a todo lo largo de mi brazo,  tiro la cabeza hacia atrás y dejo salir de mi interior una gran bocanada de aire dulce y tibio, con un suave sonido. El vodka me ha relajado finalmente. La mano derecha de mi amante busca debajo del sostén y penetra tomando todo mi seno, envolviéndolo con su largos dedos. Continúa besando mi cuello mientras la mano izquierda ha llegado a mi muslo y busca la entrepierna, aprieta la punta de mi pezón con sus dedos índice y pulgar lo cual me provoca un sobresalto.

Hago conciencia de que estamos en un lugar público y me levanto apresuradamente para quedar frente a él, en un acto reflejo de resguardo. De reojo me doy cuenta que algunos de sus amigos nos están observando, -esto no es una de tus fantasías- me recuerdo, -esto es real-.  Cierro los ojos para no dejar que me invada la vergüenza y el miedo, rodeo su cuello con mis  brazos, me pego a su cuerpo lo más que puedo y acerco mis labios a su boca. Bruscamente Manu me toma de los hombros y con una rapidez inusitada, me gira para que quede nuevamente de espaldas a él, expuesta a las curiosas miradas y me susurra al oído con voz firme -siéntate-. Lo inesperado de su reacción me desconcierta, miro a mi alrededor azorada. Me doy cuenta de que los amigos de Manu están dejando los juegos en los que se habían entretenido hasta ahora, comienzan a hablar entre ellos y a lanzarnos miradas furtivas.

Él introduce nuevamente su mano debajo de mi blusa y toma todo mi seno, la otra intenta superar las pantaletas que ciñen mi entrepierna. Me invade una oleada de miedo. Los dedos de Manu intentan afanosos introducirse en mi vagina. El miedo comienza a mezclarse rápidamente con excitación, la mezcla resulta súper potente, una oleada de calor y deseo recorre mi cuerpo a toda velocidad, finalmente y sin pensarlo demasiado suelto…

Abro las piernas lo suficiente para que pueda tocarme con comodidad, al mismo tiempo él desata el broche delantero de mi sujetador que salta con un “click”, a continuación desabrocha todos los botones de mi blusa y la aparta, dejando expuestos mis pechos. Cada vez más excitada, mis sentimientos oscilan entre el terror y el placer. Los amigos de Manu nos observan con descaro, incluso los meseros han detenido su afanoso trajín, la música no deja de sonar en los altavoces reproduciendo algún track de la película Matrix. Veo como uno de los amigos que me presentó Manu anteriormente, comienza a acercarse a nosotros, siento que voy a desfallecer, así que tomo una gran bocanada de aire y cierro los ojos.

Percibo el aire fresco rozando mis pezones, sé que me observan, y decido ceder a todos esos impulsos que me acometen, dejaré que mi cuerpo se libere, haré realidad mis fantasías, no permitiré que el  miedo me frene. Abro definitivamente las piernas cediendo a la lujuria que me provoca la situación, sentirme deseada y observada por más de una decena de hombres.

Los dedos de Manu entran a todo lo largo en mi vagina mientras me susurra al oído -eso es, eso es, hoy tú eres la reina, hoy es tu cumpleaños, eres preciosa y te cumpliré todas tus fantasías-.

L.E.F. Castanedo

L.E.F. Castanedo

Linda Elisa Fernández Castanedo Flores estudia el doctorado en Lengua y Literatura Catalanas y Estudios Teatrales, Maestra en Artes Escénicas y Licenciada en Filosofía. Directora Académica del Centro de Estudios de Diseño y Arte, CEDA; Editora en Jefe de la Revista Digital Seres de Moda, ha colaborado en revistas especializadas como Mexcostura y Assaig de Teatro en Barcelona, España.