“Maestra callada, de Peña enamorada”: la protesta del magisterio  “Maestra callada, de Peña enamorada”: la protesta del magisterio
Una marcha son muchas marchas, con ritmos y alientos específicos; escenarios de varias pistas, escaparates del fragor social. En la vanguardia lucen...  “Maestra callada, de Peña enamorada”: la protesta del magisterio

Una marcha son muchas marchas, con ritmos y  alientos  específicos; escenarios de varias pistas, escaparates del fragor social. En la vanguardia lucen tensas, ordenadas, pero hacia el fondo la disciplina se relaja y la creatividad aflora. Todos al concierto de códigos tácitos e inflexibles, al arbitrio de su andar. Eso es una marcha, la manifestación de un secreto entendimiento colectivo.

Son profesores de preescolar, primaria y secundaria de la Ciudad de México. Los acompañan padres y madres de sus alumnos. Todos fueron convocados hacia las 4 de la tarde del martes 5 de julio, en el Ángel de la Independencia, pero desde las 3 y media, un pequeño círculo se congrega ahí. Algunos cargan mantas de la escuela de donde vienen. Platican, ríen. Parecen contentos.

 “Maestra callada, de Peña enamorada”: la protesta del magisterio

A las 4:15, una señal casi imperceptible –un par de personas con playeras negras agitan las manos- hace que todos se pongan en movimiento, y se desencadene un breve connato de anarquía. Los profesores sentados en las escalinatas del Ángel se ponen de pie, y grupos de tres o cuatro personas cruzan la incipiente manifestación para encontrar su lugar. Los contingentes se distribuyen sobre Reforma -epicentro y termómetro del desacuerdo nacional-: tienen que hacer espacio para los manifestantes que siguen llegando. Ninguna marcha sale puntual.

“La reforma educativa nos pone en un estado de indefensión, porque nos quita los contratos, digamos que de base. Nosotros teníamos basificado el empleo, seguro. Y ahora ya no. Eso, pues obviamente, te pone en un estado de estrés. Además que nos dan contratos temporales”.

Profesora de matemáticas en la escuela primaria “Ponciano Arriaga”

Justo al frente de la marcha, detrás del cordón de seguridad que resguarda a los líderes de la CNTE, un hombre alza los brazos, la barba crecida y el pelo cano, “¡Muera el mal gobierno!”, grita, “¡Fuera Peña!”. La voz desgastada, desde que inició la marcha se hizo sentir el carraspeo de su garganta. Camina hacia adelante, hacia atrás, enérgico. Lo entrevistan, dice que es un padre de familia indignado. Le creemos.

Son las 5:37, y la retaguardia de la marcha seguía en el Ángel. Son los alumnos de la UNAM, la UAM y el Politécnico. Una genuina operación de pertenencia tribal no les permite inmiscuirse en los demás contingentes; por ahora, los estudiantes universitarios pueden esperar, ellos cerrarán la manifestación.

 “Maestra callada, de Peña enamorada”: la protesta del magisterio

En 70 puntos de la ciudad escenas similares se replican. La ciudad amaneció “tomada”. 252 escuelas de 4 mil, fueron a paro, dijo la autoridad educativa; ‘la gran mayoría de las escuelas no tuvo labores’, le contestó la Coordinadora en la capital.  Como fuera, desde la Glorieta de Colón hasta el Ángel de la Independencia, Reforma aparecía copada. Una alfombra de sombreros y sombrillas –el cielo gris y encapotado había cedido su amenaza al sol del verano- cubría la avenida.

Aunque cualquier marcha pareciera una materialización del desconcierto y la improvisación, ninguna lo es. Suelen responder a rituales claros y definidos, interiorizados y fecundos para la desenvoltura creativa. Así nacen las consignas, hijas del ambiente y la circunstancia. Fotografías verbales del malestar ciudadano: “¡Maestra callada, de Peña enamorada”, corean las maestras antes de reírse entre ellas.

“Más que una reforma educativa, una reforma laboral. Deshicieron lo que fue nuestra sección: educación física (…) Sin supervisores, ya sin nada. Estamos checando todo lo de la evaluación, porque nosotros entramos por el examen de oposición y ahora está condicionada nuestra plaza”.

Profesora de educación física de la escuela primaria “Carlos Espinoza Romero”.

Hacia el cruce donde Reforma se encuentra con Bucareli, tiene lugar una breve conferencia de prensa. Ahí, Enrique Enríquez, secretario de la sección 9 de la CNTE, insiste en restablecer el diálogo con la Secretaría de Gobernación. Lo secundan dirigentes de Guerrero, Michoacán y Chiapas, los estados donde el magisterio mantiene el paro de labores en sus escuelas.

La marcha sigue su cansino andar sobre avenida Juárez. Al fondo, justo en donde termina la alameda y comienza el Palacio de Bellas Artes, se divisa una línea amarilla y azul. Son granaderos. Una gruesa capa de escudos, cascos y chalecos antibalas frena la marcha. Un hombre –tiene en el rostro la máscara de Guy Fawkes- los encara, les exige el paso. Pero del otro lado nada. Un muro de silencio recibe las consignas, los insultos y las mentadas de madre. “¡Zócalo!”, insisten, “¡Zócalo!”. Pero las puertas siguen cerradas.

 “Maestra callada, de Peña enamorada”: la protesta del magisterio

De un lugar sin precisar, algún prestidigitador hace aparecer la cara del presidente norteamericano, Barack Obama, y del de México, Enrique Peña Nieto. Con el nuevo ariete entre las manos, acuden ante los granaderos, pero éstos, indiferentes a los razonamientos geopolíticos de los manifestantes, siguen inconmovibles, incluso indiferentes.

“Nos afecta bastante. Simplemente, llevamos tres evaluaciones y ninguna le parece al gobierno, por décimas, centésimas, nos reprueban y nos dicen que somos insuficientes. Esto sí está afectando a nosotras como personas”.

Profesora de la escuela preescolar “Concepción González”.

El cerrojazo de la policía capitalina impide que el mitin llegue a su destino: el Zócalo. Se improvisa otro sobre un camión, frente al Hemiciclo a Juárez. Llueve poco. Desde el techo del autobús, los oradores insisten: ‘la reforma educativa caerá, quizá más tarde, pero caerá ahí están todos ellos marchando para demostrarlo’. Aplausos, consignas, vivas y mueras por igual. Llueve un poco más.

Los profesores, de poco en poco, se retiran. Están cansados. Hablan, ríen. Se toman fotos. No parecen marchar a menudo, tienen la novedad pintada en el rostro, la sonrisa de las primeras veces. El mitin acaba, son las 8:15, el orador en turno les pide concluirlo entonando “Venceremos”, el himno legendario de la campaña de Salvador Allende por la presidencia de Chile, símbolo del movimiento social en Sudamérica. Los puños arriba y un buen orador, pero mal cantante, se despide: “¡Hasta la victoria, compañeros!”, remata.

Los profesores parecen contentos. Llueve todavía más.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.