Luis Bugarini, en Estación Varsovia, Palabras de un discreto y Se encogió de hombros y dijo Luis Bugarini, en Estación Varsovia, Palabras de un discreto y Se encogió de hombros y dijo
El escritor que presentamos esta ocasión es narrador, ensayista y poeta. Busca temas que otros autores no tocan con frecuencia. Reflexiona sobre ellos y... Luis Bugarini, en Estación Varsovia, Palabras de un discreto y Se encogió de hombros y dijo

 

Luis Bugarini, en Estación Varsovia, Palabras de un discreto y Se encogió de hombros y dijoEl escritor que presentamos esta ocasión es narrador, ensayista y poeta. Busca temas que otros autores no tocan con frecuencia. Reflexiona sobre ellos y diserta frente a la hoja de papel. Sus personajes e historias dialogan de inmediato con el lector, quien seguramente se identificará con alguno. El autor de la semana es… Luis Bugarini, quien ha escrito Estación Varsovia, Palabras de un discreto y Se encogió de hombros y dijo.

-¿Podrías mencionarnos tus cinco libros favoritos y por qué lo son?

-Han variado a lo largo de los años. Siempre descubro nuevos libros de autores maravillosos, que le quitan o dan sentido a lo que hago de manera cotidiana. A este momento, podría dar noticia de los siguientes:

Gay Talese. Los hijos.

La narrativa de este autor norteamericano es profusa aunque tiene la virtud de una meditada ligereza. El libro da cuenta de una familia de emigrantes italianos que llega a los Estados Unidos, con lo que inicia su batalla por la integración a la vida norteamericana. Esta es una historia que se ha contado de manera reiterada por diversos autores, sea desde la perspectiva irlandesa, por ejemplo, o italiana, como es el caso. La abundancia de Talese siempre es pertinente porque suele detener la mirada en aspectos que luchan por pasar desapercibidos.Casi cualquiera de sus libros es una maravilla, en especial, Honrarás a tu padre.

Don Delillo. Cero K.

Este autor es uno de los más necesarios de la actualidad. Este es su último libro traducido y una vez que terminé de leerlo, me pareció una de las narrativas más desafiantes que haya leído. El asunto de la “nueva carne” con el trasfondo de alta tecnología lo acercan a David Cronenberg y J.G. Ballard, con lo cual se logra una mezcla de novela posmoderna y a un tiempo una resurrección del cyberpunk ochentero, que él conoce a la perfección. Es la novela que William Gibson hubiera deseado escribir. Ahora bien, lo cierto es que todo Delillo me parece relevante. Nunca lo recomiendo porque prefiero mantenerlo como un placer individualista. Poco a poco, tristemente, esto ha cambiado.

David Foster Wallace. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.

Luis Bugarini, en Estación Varsovia, Palabras de un discreto y Se encogió de hombros y dijoEs inusual preferir el ensayo de Wallace a su ficción, ya que él lo escribió sólo porque necesitaba dinero y las revistas le pagaron sendas cantidades de dólares por hacerlo. Dicho por él mismo. Sin embargo, y es el mismo caso de El tenis como experiencia religiosa, su mirada panóptica detona en múltiples direcciones y hasta permite entender cómo trabajaba la ficción. Su capacidad para el detalle es patológica y genera un tedio que se impone al lector como un obstáculo a vencer. De aquí sólo salen victoriosos los lectores “duros”. Además, según Fresán, que lo ha leído como pocos, escribe en “Wallaciano”, un lenguaje personalizado que inventó con un sello personal. Más allá de las exageraciones, es un autor que conviene ser analizado por su arrojo y tentativa brutalmente desmesurada.Wallace implosionó, literalmente.

Alberto Manguel. El viajero, la torre y la larva. El lector como metáfora.

Las dimensiones sobre el lector que Manguel descubre en cada uno de sus libros de ensayos, no dejan de sorprender. Este opúsculo es una prueba de que la lectura es el viaje más auténtico e inspirador de todos cuantos puedan emprenderse. El lector nunca está solo y puede darle consistencia a sus intuiciones para llevarlas a un terreno inesperado y hasta sublime. Toda la obra de Manguel me parece visitable, pero acierta especialmente en este libro, ya que está armado a través de una pedacería de notas que van desde los libros iluminados a Hamlet, pasando por la literatura de viajes y figuras, a meditar como Casandra.

Philip Larkin. Poesía reunida.

Me aficioné a su poesía durante la carrera de letras y al hacer memoria concluyo que es una de las más hospitalarias en las que haya buscado refugio. Quizá tenga que ver con su ritmo, la elección de su autor de asumir la música como principio vital o, como suele suceder, con que a cierta edad te encuentras más receptivo a ciertas formas de entender el mundo y quienes se presenten durante ese periodo, terminan por acompañarte de manera casi permanente. Así la poesía de este autor tímido, extravagante, inquisitivo. No he dejado de leer sus poemas a lo largo de los años aunque jamás he escrito de ellos y quizá ya debería hacer algo para remediarlo.

-¿En qué momento de tu vida decidiste incorporar la lectura como un acto cotidiano?

– Sucedió, simplemente. Los libros llegaron para quedarse y pienso que muchos abandonan la lectura porque carecen de la paciencia suficiente para avanzar en esta disciplina (no hay otro modo de definirla) y conectar lo que han leído con su vida diaria. Una vez que sucede es fabuloso y es entonces cuando el acto de la lectura se vuelve revelador y, por lo mismo, adictivo. Es una espiral que promete con nunca terminar.

Luis Bugarini, en Estación Varsovia, Palabras de un discreto y Se encogió de hombros y dijo-¿Siempre deseaste ser escritor o qué otro trabajo te hubiera gustado desempeñar?

– Inicialmente deseaba ser pintor y dibujaba de manera febril. Luego empecé a leer y entonces sucedió la conversión. Ya no quisiera ser pintor aunque sí debería saber lo mínimo de música, esto es, a nivel formal y no sólo desde la parte que te permite disfrutarla.

-Si vivieras en otro país, que no sea tu tierra natal (o si lo estás haciendo) ¿a qué otra profesión u oficio te gustaría dedicarte?

– Quisiera ser propietario de un taller mecánico de motocicletas y, sin trabajar directamente en él, esto es, como uno de los mecánicos, estar relacionado a diario con ellas. El motor a gasolina es uno de los inventos más grandes de la historia humana.

– Mi madre no lee ni por asomo y siempre asoció la lectura a una forma de ocio. Leer equivalía a “no hacer nada” en contraposición al mundo productivo, en donde todo debe ser mesurable y atender hacia un objetivo definido. Yo, claramente, siempre leía y defendía este tiempo como si fuera una jornada laboral, no distinta a la del dentista o el arqueólogo. A la par, es una mujer “piadosa”, esto es, vive su religiosidad con sobrada pasión. Una tarde la acompañé a la iglesia. Nos sentamos adelante, casi frente al párroco. Llegado cierto punto, él explicó algún dicho de Jesús y preguntó a los presentes si el ese dicho era real o si era un invento.

Lo dijo para que pusieran atención. Se instaló un murmullo en la iglesia. Nadie respondía en voz alta. Yo levanté la mano y le dije con exactitud el dicho de Jesús, de lo que se mostró falsamente admirado.

Cuando volvimos a casa, mi madre me preguntó cómo sabía aquello y le respondí que “lo había leído” (lo cual era cierto). Asintió y ya no dijo nada. Fue la única vez en que logré hacerla vislumbrar las relaciones íntimas entre el “mundo real” y el mundo de los signos en la página.

Diana López

Diana López

Comunicóloga y etnohistoriadora. Se ha desempeñado como promotora cultural independiente, RP para editoriales y eventos culturales. Fue coeditora web en la sección cultural del periódico Reforma y paleógrafa del Archivo General de la Nación. También ha sido asesora pedagógica de fomento a la lectura. Oficio que mejor la define: mochilera.