Los sueños y las pesadillas de Goya en San Carlos Los sueños y las pesadillas de Goya en San Carlos
Francisco de Goya y Lucientes fue un crítico social exquisito y portentoso. Observador quisquilloso de su realidad, volcó la mirada sobre las miserias del... Los sueños y las pesadillas de Goya en San Carlos

Francisco de Goya y Lucientes fue un crítico social exquisito y portentoso. Observador quisquilloso de su realidad, volcó la mirada sobre las miserias del pueblo español. En él se confirman las sospechas: el artista, en efecto,  desnuda y refleja, con desbocada nitidez, el escaparate social de su tiempo.

Goya plasma en sus grabados y pinturas –de inusitada manufactura técnica-, las postales de su entorno. Es un hombre sensible a su época, que replica en sus trazos las ambiciones del presente y las derrotas del futuro. Ahí está, por ejemplo, la grandilocuencia de sus retratos reales, la luz que devela la corte marchita de Carlos IV –La familia de Carlos IV, de 1800-, a los generales españoles en pausa y descanso de la guerra –Retrato de Manuel Godoy, de 1801- o en plena actividad guerrera –El general José Palafox, a caballo, de 1814-, o las damas inocuas de la aristocracia –Retrato de Leocadia Zorrilla, de 1815.

Los sueños y las pesadillas de Goya en San Carlos

Cortesía del Museo Nacional de San Carlos.

 

De aquella época, cuando España gozaba de la holgura que le permitían las colonias en América, datan las Majas, una pudibunda – la vestida-, y la otra sensual –la desnuda-, testimonios de la liberalidad artística que permitía la abundancia del oro que fluía hacia la metrópoli.

Luego vendrían las convulsiones sociales, y con ellas, el ocaso del resplandor español, del que Goya no fue –no podría serlo- indiferente. España caía, pues, bajo las botas francesas, y Napoleón Bonaparte se encaramaba, imparable, en el pináculo del poder en toda Europa. El país de Goya pasaría a ser una medalla más en el pecho del general francés. Coincidentemente, una a una, las colonias de occidente se rebelaban para repudiar la corona que los dominaba, en no pocas ocasiones, con excesiva crueldad.

Los sueños y las pesadillas de Goya en San Carlos

Cortesía del Museo Nacional de San Carlos.

En Los desastres de la guerra, Goya desnuda la brutalidad de la ocupación francesa. Es la España de los relumbrones gastados, pasados; la monarquía quebrada y derrotada en su tierra y en ultramar. Hombres serrados por la mitad, fusilamientos, perros muertos, mujeres vejadas; una galería de atrocidades que se posaron como alfileres en las pupilas del artista, y de las que de poco en poco se fue desprendiendo tras los rituales habituales para la elaboración de sus grabados -82 en esa serie.

Más allá del dramatismo de la guerra de independencia española, nimbados sus grabados por cierta visión nostálgica de la grandilocuencia guerrera del pueblo español, Goya detuvo la mirada en la mundanidad de la vida común de la sociedad, a la que retrata sin piedad; de ella satiriza sus costumbres, la mezquindad y su ignorancia, condición, por cierto, que le permite cohabitar con realidades imposibles, pero que el milagro de su credulidad hace factibles, atávicas. Así, pues, no serán pocas las referencias en su obra a las “brujerías”, los “diablos” o los “aparecidos” que residen en el mundo paralelo de las supersticiones.

Para dejar constancia de todo ello, el pintor –aquejado de una grave sordera – se dedicó hacia las postrimerías del siglo XVIII a Los caprichos, elaborados en la finca de la Duquesa de Alba, en el sureño pueblo de Huelva, Andalucía. El paquete de grabados se ofertaba así: “Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al aguafuerte por don Francisco de Goya”, y podían adquirirse –especificaba el texto que acompañaba los grabados- “en la calle del Desengaño, número 1, tienda de perfumes y licores, pagando por cada colección de 80 estampas 320 reales de vellón”. Una ganga.

Los sueños y las pesadillas de Goya en San Carlos

Cortesía del Museo Nacional de San Carlos.

No obstante la vocación artística de Goya para reparar en las miserias de su pueblo, denunciarlas y, con ello, de alguna manera extirparlas, el pintor también consignó las pesadillas de su duermevela y de sus virajes introspectivos. En Los disparates –una colección  de 22 estampas-, dio rienda suelta al mundo íntimo y onírico que se volcó sobre él hacia la última etapa de su vida. Al volver sobre sí mismo, Goya maquiló un trabajo impenetrable, inexpugnable a la interpretación y receloso a los asideros de la lógica. En esa serie, el mundo del artista se pobló de seres contrahechos, de sonrisas mezquinas y ojos esquivos, estampas irreales de fenómenos y sujetos –en ocasiones indescifrables- con los que buscaba representar la deformación inherente al relajamiento moral de la sociedad española, acosada por la derrota.

La colección recogió, asimismo, la acidez de sus críticas a instituciones tan poderosas como la Iglesia Católica, lo que colocó a Goya en la mira de la Santa Inquisición. Sin embargo, sus igualmente poderosos amigos –el Rey y su familia, a mayores señas-, le franquearon las dificultades que en otros contextos podrían haber concluido fatalmente.

El genio en San Carlos

Esas dos importantes series de grabados –además de la serie La Tauromaquia-, vitales para comprender las realidades que impregnaban el universo de Goya, así como las condicionantes técnicas de su arte, son exhibidas en el Museo Nacional de San Carlos, en la exposición Francisco de Goya, único y eterno.

El montaje está compuesto por cerca de 125 piezas de Goya y de otros pintores influenciados por su obra -Mariano Salvador Maella, Eugenio Lucas Villamil y Agustín Esteve, entre otros.-, provenientes, por ejemplo, de los museos del Prado, Meadows, Soumaya, Hammer, Franz Mayer, y de la Basílica de Guadalupe; así como de las colecciones de Jorge Ramos, Juan Antonio Pérez Simón y de la Fundación Zuloaga.

Los sueños y las pesadillas de Goya en San Carlos

Cortesía del Museo Nacional de San Carlos.

En Francisco de Goya, único y eterno, admiramos a “un ser único e irrepetible –dijo la directora de San Carlos, Carmen Gaytán- y que pudo traducir el mundo, tanto el de la aristocracia y la riqueza, como el mundo de la calle, de la guerra, del dolor, el mundo tétrico y espantoso y ese lado oscuro que también todos tenemos”; dicha exposición es, en sentido concreto, una “oportunidad de redescubrirlo (al pintor aragonés) y podernos meter en ese universo tan complejo y fascinante de luces y sombras”.

La exposición, inaugurada el pasado 11 de noviembre, estará abierta al público hasta el 20 de marzo del 2017, en el Museo Nacional de San Carlos, ubicado en la avenida Puente de Alvarado, número 50, colonia Tabacalera; muy cerca de la estación del metro “Revolución”.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.