Los silencios de Antonio M. Abad, de Filipinas a México Los silencios de Antonio M. Abad, de Filipinas a México
Más de siete mil islas conforman el archipiélago de las Filipinas, ubicado en el cinturón de fuego del océano Pacífico. Los silencios de Antonio M. Abad, de Filipinas a México

Más de siete mil islas conforman el archipiélago de las Filipinas, ubicado en el cinturón de fuego del océano Pacífico. La plural identidad que supone una geografía tan particular, ha sido aún más dinamitada por el caprichoso cauce de la Historia. En 1898, mediante la firma del Tratado de París, España cedió a Estados Unidos los dominios políticos que conservaba sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El ascendente poderío imperial se manifestó diferente en las tres neocolonias, pero todas compartieron, en principio, el dolor de una larga ocupación castrense.

El año de ruptura fue 1900. Gobiernos civiles fueron constituidos por Estados Unidos para reemplazar a los militares. En Filipinas —como en Puerto Rico— una de las medidas más arbitrarias, entre las impuestas, fue la instauración del inglés como idioma oficial. La población se había apropiado paulatinamente del castellano desde que, en 1565, Miguel de Legazpi fundó la ciudad de Cebú, aún hoy uno de los principales centros comerciales del país. El almirante de origen español había viajado desde América inaugurando, ese mismo año, una ruta marítima que permitió que Filipinas fuera regentada por el Virreinato de Nueva España, con capital en la Ciudad de México.

Horizontum. Los silencios de Antonio M. Abad, de Filipinas a MéxicoLa irrupción de Estados Unidos, casi cuatro siglos después de la llegada de Legazpi, significó la anulación inmediata de identidades urbanas que nacieron en la cuna del idioma español. El ensañamiento alcanzó a lenguas nativas, como el tagalo y el cebuano, pero éstas estaban demasiado arraigadas en la conciencia popular. Aferrarse al castellano se convirtió entonces, en los primeros años de ocupación, en símbolo de resistencia, una resistencia que los estadounidenses se empeñaron en borrar y los filipinos en conservar.

En 1910 se presentó el inglés como lengua de instrucción obligatoria en los centros de enseñanza. Mas, por contraste, la condena fungió como abono para el florecimiento de la literatura hispanofilipina. La vida del novelista, dramaturgo y periodista Antonio M. Abad refleja a cabalidad el complejo proceso de reafirmación identitaria que se produjo a través de la literatura escrita en español en las islas Filipinas de principios del siglo XX.

Abad nació en 1894, en un pequeño pueblo llamado Barili, al sur de Cebú. Se aferró al castellano como forma de expresión creativa, aunque tenía sólo seis años cuando el mandato estadounidense devino gobierno civil. Por la correspondencia que sostuvo con varios intelectuales y sus profusos ensayos literarios, es evidente que poseyó siempre conciencia de que el inglés terminaría imponiéndose en el país. Pero decidió no ceder ante el que consideraba el idioma del invasor.

El filólogo Salvador García (Cuernavaca, 1982) es probablemente el primer mexicano que analiza las motivaciones que condujeron a Abad a concebir toda su obra y actividad política a partir de la defensa del castellano en Filipinas. Los resortes históricos, sociales y personales que originaron esta relación del escritor con el idioma se abordan detalladamente en el prólogo a la edición crítica que García elaboró de la novela El campeón (Instituto Cervantes/El Colegio de San Luis, Manila, 2013), escrita por Abad entre 1939 y 1940.

En el estudio introductorio, titulado “Antonio M. Abad: la palabra y el silencio”, el investigador asegura que “si el bagaje histórico europeo podía descifrarse por medio del castellano, este mismo idioma también le ofrecía la posibilidad de dialogar con los pueblos latinoamericanos, en especial con México, que al igual que Filipinas guardaba alma indígena” (p. X).

Este acercamiento crítico a El campeón es además la primera edición de la obra. La novela nunca llegó a imprenta. Había obtenido el Premio de la Mancomunidad Filipina, que se convocó por primera vez en 1940 en inglés, español y tagalo, pero la explicación para su permanencia como obra inédita parece hallarse en que, según García, “una historia del desencanto se encuentra subyacente en la novela. Historia que se va repitiendo de personaje a personaje como si se tratara de un juego de ecos. La primera voz la encarna Abad” (p. XLII).

El campeón narra la decadencia de un gallo de pelea, Banogón, que luego de ser un prestigioso ganador, se descubre con nostalgia, viejo y desechable. Para García la historia es una “metáfora de la invasión de los norteamericanos que a partir de la llegada de nuevos gallos le permite al autor profundizar sobre el ser filipino” (p. XLI). En la novela, Abad explota su amplio conocimiento sobre la tradición gallera y las referencias a las diversas razas de cría les sirven para retratar la pluralidad de su sociedad. A la par, presenta esta costumbre como expresión indiscutible de la identidad filipina, en cuya conformación las peleas de gallo son tan representativas como la tauromaquia para los españoles.

Consciente del desconocimiento generalizado sobre la existencia reciente de una literatura hispanofilipina, García no se conforma con construir un acucioso recorrido sobre la vida de Abad, sino que coloca al escritor en diálogo con un complejo contexto, marcado por el sino de la colonización.

Horizontum. Los silencios de Antonio M. Abad, de Filipinas a MéxicoLa amplia bibliografía producida por Antonio M. Abad, sus reiteradas preocupaciones por definir de manera artística su época y su pueblo se tornan prueba de la obsesión que compartió con otros escritores de su generación por preservar el idioma. García explota esa representatividad contenida en la historia de Abad. Como colofón del capítulo introductorio de El campeón, produce una detallada relación de toda la obra del intelectual. En la lista sobresalen nueve dramas teatrales, una treintena de cuentos e igual número de ensayos, además de cinco novelas.

Uno de los mayores aportes de Salvador García es, sin dudas, el hallazgo de un manuscrito fechado por Abad en 1962, bajo el título de Banogón. El documento, que permanecía en los archivos del escritor, ubicados en la Universidad de Filipinas, es una reescritura de su novela El campeón, que produjo más de 20 años después de haber concluido el primer borrador.

“Entre una y otra la estructura del texto se mantiene: un prologuillo y 12 capítulos. Sin embargo entre las versiones son múltiples los cambios de palabras, de párrafos enteros, de sentidos, de eliminación de líneas” (p. XXIV), asegura el investigador. Se señalan como transformaciones fundamentales de la segunda versión el título y un mayor énfasis literario en los elementos religiosos. El filólogo revisó cuidadosamente cada una de estas variantes, y llegó a consignar más de tres mil.

El extenso aparato crítico presenta además otro tipo de anotaciones: notas culturales a pie de página. A partir de este recurso se traducen frases en tagalo y se aportan datos sobre la cría de gallos. Salvador García tuvo el tino de compartir esta tarea con la traductora local Luisa Young. Esto les permitió presentar aclaraciones históricas y de costumbres regionales, imprescindibles en la comprensión de la gran analogía identitaria que es El campeón.

En 1911, siendo muy joven, Abad sufrió la amputación de un brazo después de un accidente en bicicleta. Según García, el percance lo alejó de su intención de convertirse en sacerdote, pero lo condujo por el camino del periodismo. Desde 1915, en diarios cebuanos como El Precursor y La Revolución encabezó la primera campaña por la conservación del español como idioma de instrucción. En 1937, al ser nombrado profesor asistente en la Facultad de Artes Liberales de la Universidad de Filipinas, impulsó la estructuración de proyectos educativos a favor de la enseñanza del castellano. La labor le fue reconocida con una membresía en la Academia Filipina de la Lengua. García sostiene la hipótesis de que para 1956, aunque Abad logró, junto a otros académicos, la aprobación de las leyes Soto y Magalona para hacer obligatorio el estudio de cierto nivel de español en las escuelas, ya era demasiado tarde. La imposición del inglés parecía irreversible, primero porque el mundo había emergido de la Segunda Guerra Mundial totalmente polarizado y segundo, porque nuevas generaciones comenzaron a oponerse a la ideología del escritor.

Para el investigador mexicano conceptos como independencia, libertad, democracia, pensamiento y crítica, son las directrices que concilian los textos de Abad. A pesar de los esfuerzos del Instituto Cervantes de Manila por promover la literatura hispanofilipina ésta parece condenada al silencio de la transición idiomática. En el archipiélago donde nació, la mayoría de los jóvenes desconocen el español. Mientras, en América y Europa, ejemplares ejercicios filológicos como la edición crítica de El campeón compiten contra el mismo silencio que denuncian.

Dainerys Machado Vento

Dainerys Machado Vento

Nació en La Habana en 1986, es periodista, editora e investigadora literaria. Tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana por el Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México y actualmente cursa su Doctorado en Lengua Moderna y Literatura en la Universidad de Miami, Estados Unidos. Recibió el Premio Estatal de Periodismo San Luis Potosí 2016. Trabajos suyos son publicados regularmente en medios estadounidenses y mexicanos, y es la autora del blog letrasqueves.worpress.com, dedicado a temas de actualidad literaria y social.