Los santos que nunca irán al Vaticano: Pancho Villa y la Santa Muerte canonizados por el pueblo Los santos que nunca irán al Vaticano: Pancho Villa y la Santa Muerte canonizados por el pueblo
Ante un panorama de carencias, de violencia y de incertidumbre, en México ha cobrado fuerza un fenómeno religioso y social que deja ver la... Los santos que nunca irán al Vaticano: Pancho Villa y la Santa Muerte canonizados por el pueblo

Ante un panorama de carencias, de violencia y de incertidumbre, en México ha cobrado fuerza un fenómeno religioso y social que deja ver la profunda desesperación de la sociedad por hallar una solución a sus problemas ante la falta de respuestas por parte del Estado: ahora los mexicanos buscan un refugio en santos que ellos mismos han creado.

Este fenómeno es abordado por José Gil Olmos en su libro Santos populares. La fe en tiempos de crisis (Grijalbo, 2017), una investigación periodística que recopila historias sobre íconos religiosos como la Santa Niña de Cabora, el Niño Fidencio, Juan Soldado, Jesús Malverde, San Judas Tadeo, San Nazario y Pancho Villa, así como de las corrientes religiosas Espiritualismo Trinitario Mariano y la Iglesia La Luz del Mundo.

En entrevista, el reportero de Proceso explica cómo es que surgen estas figuras que están cobrando fuerza y la manera en que han permeado en la sociedad a partir de sus necesidades.

Gil Olmos señala que para explicar este fenómeno hay dos momentos: uno es en la época de Revolución mexicana y otro en la actualidad, ya que a pesar de que hay una diferencia de un siglo, ambos han sido marcados por crisis severas: “La crisis es la madre de todos los santos populares: la gente busca de dónde agarrarse”.

“Cuando fue la Revolución la gente necesitaba también de quién agarrarse; aunque había líderes como Emiliano Zapata y Francisco Villa, existían muchas necesidades que no sabía cómo cubrirlas. Es allí donde entra la fe”.

Destaca que la fe ha sido la clave para entender este fenómeno, pues ante un panorama desolador es necesario creer en algo que te ayude a salir de un problema o un evento desafortunado: “Buscas un asidero, una tablita de la cual agarrarte”.

“Es así que cuando fue la Revolución surge la Santa Niña de Cabora, hija de un hacendado de Sonora, que por cuestiones surrealistas descubre que tiene la facultad de sanar con las manos. La gente que acude con ella es la que no tiene posibilidades de ir a un médico para curarse”.

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Gil Olmos expone que fue tan importante esa figura que cuando los indios mayos se rebelaron contra el gobierno, se les escuchaba gritar durante los enfrentamientos: “¡Viva la libertad!, ¡viva la Santa Niña de Cabora”.

A pesar de no haber participado en alguna rebelión, el gobierno de Porfirio Díaz y la propia Iglesia católica la vieron como una amenaza y la desterraron del país; fue deportada a Estados Unidos, en donde aún la gente la seguía. Para ese momento Teresa Urrea era considerada una santa, pero también una líder revolucionaria por sus prédicas.

“Se junta la necesidad de creer de la gente, pero también la de a quién seguir; es así como la Niña de Cabora se convierte en una santa por sus dones de sanación y, a la vez, en una líder revolucionaria”.

Otros de los santos populares mencionados en el libro del autor es el Niño Fidencio en Nuevo León, el cual cobró popularidad por sus dotes curativas y su asistencia al presidente Plutarco Elías Calles, quien tenía una enfermedad de la piel que nadie podía curar. Desde entonces su fama se acrecentó hasta convertirse en una expresión religiosa que sobrevive hoy en día.

“Es muy curiosa su historia porque dicen que murió inocente; es decir, que nunca tuvo relaciones sexuales, actuaba como niño y tenía una voz atiplada. Si nos fijamos en estas características, lo que te sugiere es que era gay”, señala Gil Olmos. Justamente por eso actualmente cierta parte de la comunidad homosexual de México lo ve como su santo.

De acuerdo con Olmos, una historia que deja más clara la manera en que se crea un santo popular es la de Jesús Malverde, “el santo de los narcos”: la gente hizo de él “una persona de carne y hueso” porque sólo era una leyenda sin rostro, del que no se tenía ningún retrato. Lo hicieron santo por sus acciones heroicas.

Hoy Malverde no sólo tiene seguidores en México sino en distintas partes del mundo; ha sido tal su fama que se ha convertido en un producto cultural y su imagen aparece en nombres de cantinas, bares, restaurantes, productos y marcas. “Se convirtió en un santo posmoderno que ha trascendido fronteras y ha permeado a todas las culturas”, explica el periodista.

Amortiguadores

Otro caso que responde a este fenómeno es el de la Santa Muerte, a la que muchas veces se sataniza, porque se le asocia a los narcos, delincuentes y asesinos. Sin embargo, desde hace tiempo se le ha rendido culto.

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Gil Olmos señala que, según las investigaciones de la antropóloga social Katia Perdigón, hay unos documentos secretos eclesiásticos que señalan que en 1797 en el pueblo de San Luis de la Paz, Guanajuato, encontraron a un grupo de indígenas rezándole a una calavera, a la que ya le llamaban Santa Muerte, y le pedían lo que hasta hoy se le sigue solicitando: protección.

“Durante todos estos siglos la Santa Muerte va y viene, aparece y desaparece. Es un culto marginal, pero Perdigón destaca que en 1996 el culto de la Santa Muerte salta de las clases más marginadas de México hasta la clase media”.

La causa es la crisis financiera internacional conocida como “efecto Tequila”, que impactó a 17 millones de familias en México, las que perdieron casas, autos, propiedades y ahorros. Desesperadas, buscaron apoyo en las instituciones del gobierno, quienes les dieron la espalda.

En ese momento, explica Gil Olmos, los líderes políticos carecían ya de credibilidad y la Iglesia católica pasaba por una severa crisis debido a sus escándalos de pederastia y lavado de dinero en el Vaticano; “Entonces, al no encontrar un referente que les diera confianza, al no encontrar en los santos oficiales de dónde agarrarse, las personas voltearon a ver a la Santa Suerte”.

El autor menciona que durante las misas de la Santa Muerte se pueden ver las grandes necesidades de la gente: “Las amas de casa piden que el gasto diario les alcance, el universitario o egresado solicita hallar un empleo, el policía quiere que lo proteja, pero también están el delincuente y el drogadicto que le pide que lo proteja del soldado y del policía. También está el político que le pide encontrar un hueso”.

En esta crisis económica, política, financiera, religiosa, de familia y hasta amorosa, la gente pide a los santos populares derechos que corresponde al gobierno proveer; por ello Gil Olmos resalta: “El Estado mexicano debería darle gracias a los santos populares, porque le están haciendo la chamba, y porque están siendo amortiguadores o catalizadores de la inconformidad social”.

Fe e inconformidad

No obstante, esta febril devoción trae consecuencias para la sociedad, porque en lugar de que las personas exijan sus derechos, prefieren rezarles a estos santos para que les haga el favor de tener lo que por derecho deberían tener.

“La inconformidad social se está yendo por la fe: las necesidades sociales de millones de mexicanos se están yendo por aquella frase que dice ‘la religión es el opio de los pueblos’, porque los tiene tranquilos”.

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También está por un lado el lucro con la fe, que la mayoría de las veces es una cuestión de intereses económicos: “Vemos una serie de personajes que se han enriquecido de la fe popular. El mejor negocio de la historia de la humanidad es la religión”.

Por otra parte, el autor asevera que estos santos populares son una esperanza para esos millones de mexicanos que no encuentran una solución a sus problemas. Y aunque la Iglesia católica ha condenado a algunos, a sus seguidores poco les ha importado si son reconocidos, “porque ellos se arriman al santo que más les responde. A lo mejor nos les resuelve su vida, pero les da una esperanza y eso es ganancia en medio de toda la incertidumbre, confusión y violencia en la cual estamos viviendo”.

Gil Olmos concluye que en la medida en que la crisis permanezca o se incremente, la fe también lo hará y buscará sus conductos, como está sucediendo ahora con el culto a héroes nacionales de la época de la Revolución y en nuevas expresiones religiosas como son Iglesia La Luz del Mundo, de Jalisco, que también menciona en su investigación.


Karla Neri