Los mexicanos somos muy gandallas: Juan Miguel Zunzunegui Los mexicanos somos muy gandallas: Juan Miguel Zunzunegui
El libro Masiosare, nuestro extraño enemigo (Grijalbo, 2017) es una lectura que enfrenta los claroscuros de la historia nacional Los mexicanos somos muy gandallas: Juan Miguel Zunzunegui

El libro Masiosare, nuestro extraño enemigo (Grijalbo, 2017) es una lectura que enfrenta los claroscuros de la historia nacional, hace una reflexión sobre la versión maniquea de los vencidos, que no justifica el victimismo y que exige un reconocimiento de los vicios sociales de los mexicanos. Su autor, Juan Miguel Zunzunegui (México, 1975), intenta con él que los mexicanos por fin se decidan a dar el primer  paso para solucionar por ellos mismos sus problemas.

-Dices que querías contar estos mitos históricos porque se enseñan, y perpetúan, desde la escuela.

Horizontum-Los mexicanos somos muy gandallas: Juan Miguel Zunzunegui-Nunca te explican bien cómo acontecimientos como la Conquista llegaron a pasar. Te hacen creer que Cortés era un delincuente y que llegó acá con lo peorcito de España y saquearon un imperio esplendoroso. A mí nunca me cuadro eso último, porque si era tan magnífico su caída no podía darse de forma tan sencilla.

“Por costumbre nos cuentan la historia de forma tan absurda, como en muchas de sus versiones, que pareciera que sencillamente hemos tenido muy mala suerte. Como si nuestro acontecer no fuera del todo nuestra responsabilidad”.

-¿Qué te reveló de nuestra cultura la investigación y reflexión de estos temas?

-Que gran parte de los problemas en México nacen de la forma en que nos contaron la historia a nivel individual. Imagina, si yo te digo todos los días que tú eres el resultado de un fracaso, no puedo pedirte que salgas a la vida siendo exitoso y orgulloso. Eso es lo que hacen con la historia que nos narran, nos cuentan una versión que elimina el autoestima de cualquiera.

La repetición de esa versión histórica resultó en un pueblo domado, pero no por la Conquista, sino por nuestra propia versión de la historia.

-¿De qué hábitos mexicanos te das cuenta al escribir Masiosare?

-Puntualmente: de que somos muy gandallas en su máxima expresión. Creo que esa es la razón de que México agonice. Entendamos que el gandalla encuentra placer en chingarse al otro por lo que sea. Si uno le roba su teléfono a otro no es porque sea un buen teléfono, no. Hay de fondo la idea satisfactoria de que yo a ti te chingue. Si lo que te puedo quitar es un lápiz me da igual porque el tema es que ¡te lo chingue!

“Cuando se educa a un pueblo con un trauma de conquista, como ha sido el caso inequívoco de México, se genera una actitud revanchista. Es educar a un pueblo ardido que se quiere desquitar con lo que sea, y como sinceramente no tenemos con quién hacerlo lo hacemos contra nosotros mismos. En ese sentido el gandallismo es un problema psicológico tremendo del pueblo. Por eso no importa quien tome el poder: será igual de gandalla.

“Uno de los pilares de Masiosare es tratar de entender la razón por la que no podemos cohesionarnos como pueblo. Históricamente la cohesión nunca ha sido prioridad. Eso ya se notaba en el imperio azteca y, obviando las diferencia, continuó en la Conquista, donde la forma de gobierno era que muy poquitos vivieran como reyes y el resto trabajara como esclavos; era una estructura de explotación perfecta en la que se te somete mentalmente con la religión”.

-Dada la urgencia de crear un proyecto de nación funcional para la clase popular  ¿qué recomiendas?

-Lo dejo claro en Masiosare: recortar las distancias entre los de  arriba y los de abajo. Entre menor sea esa distancia es más fácil decir “somos todos un pueblo, sigamos un mismo camino”. Pero no puedes hacer eso en un país donde vive el hombre más rico del mundo y el güey que lo enriquece está ganando 3 mil 500 pesos al mes: a este tú dile que es igual de mexicano que Carlos Slim. La pregunta que se debe plantear es cómo se hace una nación unida cuando el tipo de clase megaalta se gasta en una peda de fin de semana lo que un obrero gana en toda una vida de trabajo. Hemos llegado a esos extremos y a esa indolencia.

“Lo que no ha cambiado en México desde el virreinato es la política-económica-social en la que muy poquitos joden a todos”.

-¿Qué medidas pueden salir del pueblo para mover la rueda?

Horizontum-Los mexicanos somos muy gandallas: Juan Miguel Zunzunegui-Lo digo en el segundo capítulo, “El mito del pueblo unido”: la unión que de forma real supere las intenciones de mantener al pueblo eternamente dividido. Solo tendríamos que darnos cuenta de que ese pequeño grupo, que vive de aprovecharse de la masa, depende necesariamente de ese todo social. Pero tenemos toda una estructura para que el colectivo no se dé cuenta de ese poder, de esa salida.

“Además, todo ese poder contenido en la gente no se usa porque somos gandallas y el gandalla es siempre individualista”.

-¿En qué otros actos crees que se nota la falta de cohesión que hace que los problemas como los que describes se repitan?

-Uno importantísimo: votar. Es un tema que he comentado en diferentes lados y que se nota cuando llegan las elecciones. Por alguna razón se sigue saliendo a votar por el que ya sabemos que es corrupto. En México no se vota por el político de tal o cual partido: se vota “por él menos peor´”. ¡No voten! ¡No legitimemos al menos peor! Es terrible y demuestra que la democracia en México es una farsa utilizada por los mismos de siempre.

-Masiosare, nuestro extraño enemigo es una secuela de Los mitos que nos dieron traumas (Debolsillo, 2014), pero ¿qué temas aún han quedado fuera?

-Ninguno en especial. En Los mitos ya habló sobre los cuatro pilares míticos de México: nuestro hermoso y glorioso pasado indígena (lo llamo “el mito del indígena mágico”), la Conquista, la Independencia y la Revolución. Así, ese libro junto con este son en realidad una reflexión continuada sobre esos temas.

“Una diferencia entre uno y otro es que Masiosare tiene la propuesta, que muchos pueden llamar ingenua, de entender que sí, estamos jodidos, pero que a parir de ahí podemos intentar ver cómo cambiar individualmente para solucionar esos traumas culturales. De otra forma continuaremos viviendo en la eterna postergación del cambio”.


Oswaldo Rojas