Los libros del 68 Los libros del 68
El movimiento social de 1968, en México, fue muchas cosas. Además de representar, para el imaginario colectivo, el símbolo originario de la emancipación... Los libros del 68

El movimiento social de 1968, en México,  fue muchas cosas. Además de representar, para el imaginario colectivo, el símbolo originario de la emancipación política de la sociedad civil, fue también la culminación de un dilatado proceso de transformación interna que encontró un inusitado desfogue a lo largo de aquel año axial para todo el mundo. Fue el año de la segunda gesta nacional más importante del siglo XX –la primera lo fue la revolución mexicana-, y el síntoma inequívoco de la conflagración entre dos generaciones con visiones contrastantes del medio social, de contradictorios diagnósticos y códigos ambivalentes.

Una transición así no podría pasar desapercibida. La literatura de los sesenta fue una prueba elocuente de la transgresión cultural que trastornaba las formas de la expresión literaria, y los temas abordados por los escritores de la época. La “literatura de la onda” modificó la estructura habitual de la narrativa mexicana, y derribó los reflejos totémicos del arte literario nacional. El oficialista olor a incienso que despedía la novela revolucionaria, se trastocó con el picante aroma de la mota transgresora.

Literatura de la revuelta

Los libros del 68La literatura desprendida del movimiento popular del 68 es también un reflejo de la transgresión en la forma del abordaje de la problemática social en la época. Por ejemplo, en La Noche de Tlatelolco, de la escritora Elena Poniatowska, publicada hacia 1971, la autora se diluye en el concierto polifónico que da coherencia a la ascendente cadena de sucesos que culminaron, abruptamente, el dos de octubre en la Plaza de Tlatelolco. En ese libro,  los testimonios, las voces que construyeron el andamiaje de la narrativa oral de la revuelta popular, brindan una visión histórica e injustamente vilipendiada, arrojada, hasta entonces, a las catacumbas de lo anecdótico o del color popular.

En Los días y los años, publicado el mismo año que La Noche de Tlatelolco,  Luis González de Alba – autor recientemente finado-, hizo de su experiencia tras los muros de Lecumberri, una crónica exhaustiva de los sucesos que construyeron el 68; así, pues, formó un complejo mural de la movilización popular que trastocó los cimientos del sistema político mexicano y que marcó indeleblemente el imaginario contestatario del país. No obstante la mitología heroica que, comprensivamente,  acompaña al movimiento, de Alba no escatimó críticas veladas o explícitas a las actitudes de sus protagonistas, o a los usos y costumbres de la organización estudiantil sobre las que descansó la socialización de la protesta.

Por su parte, el periodista y escritor Paco Ignacio Taibo II, en 68, ofrece un relato corto, nervioso y contundente de los días de la movilización social. Las páginas consignan el desconcierto de las primeras horas, la intuición que olfatea las hazañas del porvenir, o el freno cruel de las aspiraciones juveniles; puede decirse que 68 es, además de La Noche de Tlatelolco, uno de los testimonios que mejor supieron aprehender las señales secretas del ambiente que prohijó la movilización estudiantil.

Los libros del 68Con Carlos Monsiváis, cronista recalcitrante, las obras que dedicó al movimiento son una secuencia del desconcierto y la sorpresa; son el testimonio de un habitual militante de la izquierda intelectual, que ha visto muchos caminos recorridos con idénticos resultados, hasta que la efervescencia de las clases medias dio por terminada la condición provinciana que México guardaba en el contexto mundial, y desbarató en el oficialismo, su intención por hacer de México un islote perpetuo, al margen de las tendencias que trastocaban el orden mundial en esa década.

Pero la intelectualidad no fue homogénea en su aceptación al 68 como movimiento rupturista y necesario para el sistema político. Particularmente relevante fue la postura de Salvador Novo como opositor abierto a la protesta estudiantil. Su opinión contrastaba con el papel que el dramaturgo jugaba en la vida social mexicana: Novo fue la piedra de toque de la secularización de la homosexualidad como una realidad oculta, pero cuya presencia trascendía los órdenes sociales. Fue el transgresor por antonomasia del siglo XX mexicano,  que marcó distancia de la revuelta transgresora de su mismo siglo.

La literatura del 68 procuró, en su contexto y realidad, legar una interpretación de la compulsiva realidad que tocó vivir a sus autores. Es un compendio plural de visiones que buscaron comprender la sociedad que sucumbía, y la que nacía de entre sus escombros, los escombros de un régimen que no entendía y que mató para seguir sin entender y diluirse en la ignominia. Por fortuna, todo quedó escrito.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.