Los juicios orales y la negación a ser Los juicios orales y la negación a ser
En el inicio, la Retórica surgió como camino seguro para llegar a la verdad. Fue precisamente su relación con la verdad lo que alejó... Los juicios orales y la negación a ser

En el inicio, la Retórica surgió como camino seguro para llegar a la verdad. Fue precisamente su relación con la verdad lo que alejó a la Retórica de la Filosofía y la Dialéctica, para acercarla más a la Estilística, al ornamento verbal, para que se le confundiera con una de sus partes, la Elocutio, mejor conocida como Oratoria.

Para el siglo XVII, con el predominio del racionalismo y el empirismo en la Filosofía, la Retórica fue reducida a una especie de estilística: un simple medio de expresión con diversas técnicas estilísticas. No fue sino a partir de la segunda mitad del siglo XIX y hasta el siglo XX que se comenzó a llevar a cabo una verdadera rehabilitación de la Retórica y la teoría de la Argumentación. Este resurgimiento de la Retórica estuvo ligado a circunstancias políticas y sociales, el llamado momento democrático de nuestras sociedades relacionado de manera estrecha con lo informativo, lo político y lo económico; este momento, justo este momento, es el que obliga a pensar en la necesidad de una Retórica fortalecida por la argumentación y por la persuasión a través del lenguaje.

Es lamentable que en un incipiente siglo XXI, el trabajo implementado para la rehabilitación de la Retórica en el siglo XIX no se vea reflejado en quienes se autonombran o se hacen llamar instructores de Argumentación, de Retórica.

Quienes se autonombran conocedores y maestros de Argumentación, consideran aún a la Retórica como un manual de figuras que se deben aprender de memoria para expresarlas de bonita manera ante jueces, magistrados y abogados; lejos están esos “maestros” de los que hablaba la definición aristotélica de Retórica, que la ubicaban como el arte de la persuasión. Los “maestros” e “instructores” de hoy en día,  reducen a la Retórica a un manual de estilo o de técnica expositiva como promotores del trabajo de Pierre de la Ramée y Talon, ambos del siglo XVII. Esos instructores de argumentación continúan en el siglo XVII, les ha pasado de noche todo el proceso de rehabilitación que se ha llevado a cabo para que la Retórica ocupe -de nuevo- el lugar que le corresponde y se le anule -por completo- el término peyorativo o de sinónimo con lo falso, con la hinchazón verbal, la variedad conceptual, tal como afirman Perelman y Spang.

En la Retórica se encierran todas las estrategias de persuasión que, posteriormente, se trasmiten (ya sea de forma oral o escrita) a través del texto que contiene en sí un mensaje. Es aquí en donde debemos detener un poco la marcha y poner especial énfasis en reafirmar que la Retórica desempeña un papel importante en el auge de los medios de comunicación de masas, como arte de persuasión que, a partir de la lógica aristotélica -tan necesaria para la decisión y elección de la vida práctica, planteamiento de Aristóteles retomado por Perelman- considera a la nueva Retórica como importante en los campos filosóficos como la filosofía del derecho, la lógica, la ética y, en general, para todo saber que dependa de la razón práctica.

La Nueva Retórica, o Teoría de la Argumentación, exige la no separabilidad de la retórica-argumentación y la retórica-ornamentación, Shopenhauer ya había planteado esta exigencia y, con este máximo requerimiento, aparece también la urgente necesidad de tener una buena redacción ya que, como afirma Shopenhauer, “escribir negligentemente significa no apreciar las propias ideas expresadas, del mismo modo que una joya no se guarda en una caja de cartón”. Lamentablemente, y por desgracia, la mayoría de los instructores de argumentación que actualmente imparten sus cursos a miles de abogados y estudiantes de este país, no tiene bendita idea de lo que es tener calidad en su redacción y no tienen conocimiento que les deje en claro qué es la Morfosintaxis e ignoran de Gramática, una de las principales ramas de la Lingüística. En este sentido, Florescu, en La rehétorique et la neórhétorique, afirma: “El interés excepcional que los filósofos atribuyen últimamente a los problemas del lenguaje, el hecho de que la Lingüística es considerada como ‘ciencia humana global’, la rehabilitación de la sofística, la insistencia con que se proclama el alcance reducido de la lógica formal, el surgimiento de lógicas no formales, preparan la rehabilitación de la retórica como término, al tiempo que su reintegración en la problemática filosófica”.

Filosofía, Ética y Lingüística son la base de esta nueva disciplina conocida como Nueva Retórica o Teoría de la Argumentación. Quienes se han encargado de llevar a cabo la rehabilitación de la Retórica, lo han hecho encaminados a reintegrar a la Retórica a ese “corpus filosófico” en el que Aristóteles y Platón le dieron vida. En cuanto a la Ética, podemos afirmar que es necesaria en la total rehabilitación de la Retórica debido a la “conexión de vital importancia en un mundo de medios de comunicación cada vez más potentes y una propaganda política, ideológica y comercial cada vez más omnipresente. Estos y otros muchos riesgos del mundo actual exigen que la rehabilitación de la retórica sea filosófica, incluyendo su sentido humanista y ético”.

Nos leemos la próxima semana.

dsoniasilva@hotmail.com

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Sonia Silva-Rosas

Sonia Silva-Rosas

Escritora. Periodista. Editora y Promotora Cultural Ha colaborado en revistas de Canadá y España. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés y portugués. Fue Coordinadora de la Casa de Cultura Morelos 10, de la Delegación Azcapotzalco. Codirectora de Noctis Ediciones y Columnista del periódico mexicano El Sol de México. Actualmente colabora con el Cuerpo Académico Lenguajes Discursos Semióticas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Su desempeño como editora le ha dado la beca Edmundo Valadés para revistas independientes del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y en dos ocasiones el apoyo Financiarte del Consejo para la Cultura de Nuevo León. Trabajó en el Departamento de Difusión (área de Comunicación) de la editorial Fondo de Cultura Económica (FCE), en la Subdirección de Prensa del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y en el departamento de prensa del H. Congreso de la Unión. Se ha desempeñado como correctora de estilo para las editoriales Alfaguara, McGraw Hill, Televisa, Fundación SM, Fondo Editorial Tierra Adentro de Conaculta y EDIMEND. Ha sido dictaminadora del Grupo Editorial Planeta. Laboró en la Oficina de Asuntos Internacionales del Gobierno del Estado de Veracruz en el Distrito Federal. Fue Jefa de Prensa y Relaciones Públicas de la Editorial Jus; y Jefa de Relaciones Públicas del Museo Nacional de San Carlos. Su obra aparece en las antologías: Poetas de Tierra Adentro II, Diccionario de Mujeres Poetas de Nuevo León; Desierta Memoria (Saltillo, Coahuila); en la Antología Sor Juana Inés de la Cruz y Poetisas Mexicanas (9 tomos) del Dr. Fernán Pavía Farrera (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas). Antología de Poesía Hispanoamericana y en la Muestra de Poesía Hispanoamericana Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Madrid, España. Tiene publicados: Laberinto de Siluetas (Poesía. Col. La hoja murmurante de Toluca, Estado de México. 1994), Ídolos de Sal (Poesía. Historias de Entreten y Miento de Saltillo, Coahuila. 1995), Lluvia ácida sobre la danza de las horas (Poesía. Ediciones de Pasto Verde, Orizaba, Veracruz. 1996), Tanta Memoria (Poesía. Fondo Editorial Tierra Adentro, CONACULTA. 2002), Cuentos para entristecer al payaso (Cuento. Editorial C&F, Guadalajara, Jalisco. 2009. Reimpresión, 2015), Cuarto Menguante (Algunos poemas. Editorial La Regia Cartonera. Monterrey, Nuevo León. 2011), Caban. El reclamo de los dioses (Novela. Noctis Ediciones. 2013) y Cuarto Menguante (Poesía. Noctis Ediciones. 2015). Se desempeña como maestra de Gramática Española, Argumentación, Comunicación Política y Análisis del Discurso, así como de Creación Literaria. En el 2008 recibió Mención Honorífica en el Premio Nacional de Poesía Tinta Nueva.