Los homenajes del Benemérito Los homenajes del Benemérito
Benito Juárez es parte fundacional, constitutiva, del cementerio heroico nacional. Su gesta es conocida por el ciudadano promedio, o al menos... Los homenajes del Benemérito

“(…) si Juárez no hubiera muerto,

todavía viviría (…)”

Fragmento de la letra del danzón “Juárez”.

Benito Juárez es parte fundacional, constitutiva, del cementerio heroico nacional. Su gesta es    conocida por el ciudadano promedio, o al menos se sospecha de ella con alguna claridad, gracias a la indeleble influencia de la Historia Oficial. Su enseñanza, por ejemplo, dejó inexplicablemente plasmada en las mentes del mexicano “de a píe”, el motivo de la muerte del Benemérito: Juárez murió, se sabe, de “angina de pecho”.

La clara distancia entre la desmemoria sobre su periplo al frente de los destinos nacionales, y el popular motivo de su muerte, devela buena parte de las características de la Historia Oficial, más ocupada en los episodios únicos que en la visión de conjunto. Así pues, la Historia Oficial coloca al actor histórico como un inusual compendio de contundencia y voluntad. Y en el caso de Juárez,  algo hay de eso, a decir verdad.

Sin embargo, otra voces, especializadas o no, se dieron a la tarea de pasar por el tamiz de su juicio y mirada al Benemérito, siempre solemne e “impasible”, todo seriedad y dureza.

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Así consignó su figura Jorge Ibargüengoitia, el radiólogo de la conciencia nacional, en su artículo “Regreso al Castillo. La Historia como canción de cuna”, publicado por el diario Excélsior el 13 de junio de 1972, y compendiado en el libro Instrucciones para vivir en México (Booket, 2007).

            “La figura de Juárez en el acervo literario-pictórico-popular (…), era como la de Dios en la Biblia: sus intervenciones eran escasas, breves y contundentes. En teatro lo representaba un actor de segunda que no tenía más función que la de decir frases como ‘Lo siento mucho, pero no queda más remedio’, y firmar una sentencia de muerte”.

En otro artículo, “Natalicio del Benemérito. Difamaciones, viejas y nuevas”, publicado el 21 de marzo de 1972 por el mismo medio, y contenido en Instrucciones…,  el escritor guanajuatense reivindica su proverbial anti solemnidad y da rienda suelta a su conocida sinceridad:

            “El problema fundamental de la figura de Juárez es que nunca tuvo, ni tiene, ni   tendrá nunca, a menos que se le deforme, ninguna de las características que son    indispensables  para llegar a ser popular. No es guapo, ni tuvo actos famosos de pasión, ni murió luchando por sus creencias, ni conquistó nuevas tierras. Es un héroe     de la resistencia… pero de los que sobrevivieron”.

Por su parte, el historiador Carlos Tello Díaz consignó para el diario Milenio el pasado 16 de marzo, en su artículo “Benito Juárez: luces y sombras”, la opinión que del oaxaqueño tuvieron tres importantes liberales que le acompañaron en distintas épocas de su historia. Por ejemplo, José María Iglesias, ministro de Hacienda, afirmó: “Aunque don Benito Juárez tenía notoria capacidad y no carecía de instrucción, ni su erudición ni su inteligencia eran de primer orden”.

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En tanto, el escritor y político Ignacio Manuel Altamirano decía de Juárez lo siguiente: “De talento mediano, y con una instrucción escasa e imperfecta, él suplía estos defectos con una percepción recta y con un juicio reflexivo y sólido”. Justo Sierra, por su parte, reconocido biógrafo del Benemérito, brinda la pincelada más implacable sobre el héroe nacional. “(…) Se creía inferior a muchos de los hombres que entraron con él en contacto, desde el punto de vista intelectual, al grado de preferir, no sólo, sino de sentir una tendencia constante a preferir la opinión ajena a la propia (…)”.

No obstante, las tres figuras concordaban en las características que, finalmente, hicieron trascender a Juárez como elemento central del panteón cívico. El Benemérito es reconocido por la “firmeza de sus principios” –Iglesias-, su “voluntad de granito” –Altamirano-, y la “confianza en su voluntad” –Sierra.

Pero más allá de las opiniones, apologías o críticas al margen, Juárez ejerce sobre el imaginario histórico mexicano un peculiar embrujo, condensado en la letra del danzón “Juárez”, cuyo nebuloso origen y autoría da más pistas de su carácter popular. Así pues, “si Juárez no hubiera muerto, todavía viviría; porque si Juárez no hubiera muerto, otro gallo cantaría”.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.