Los exilios de Roa Bastos y Rulfo, a cien años de sus natalicios Los exilios de Roa Bastos y Rulfo, a cien años de sus natalicios
Hace 100 años nacieron en Latinoamérica dos escritores que, cada cual desde su cuna, develaron “el territorio de sus historias rurales y anónimas Los exilios de Roa Bastos y Rulfo, a cien años de sus natalicios

Hace 100 años nacieron en Latinoamérica dos escritores que, cada cual desde su cuna, develaron “el territorio de sus historias rurales y anónimas con un lenguaje florecido de hallazgos y una audacia que mana del Siglo de Oro”, hablamos del mexicano Juan Rulfo y del paraguayo Augusto Roa Bastos.

De acuerdo con el escritor peruano Jorge Eduardo Benavides, ambos autores exploraron las dos caras del exilio, uno refugiado en su mundo interior; el otro en la Argentina o en Francia.

“Después de escribir un puñado de cuentos y una novela –El llano en llamas y Pedro Páramo, respectivamente- Rulfo decidió emprender un discreto viaje hacia el fondo de sí mismo y afincarse en el exilio interior”, explica Benavides en un artículo publicado por el diario español El País.

Rulfo terminó -o agotó-  su quehacer literario en una década y a partir de allí se pasó el tiempo explicando que la muerte de su tío Celerino, que era quien le contaba las historias que él volcaba después en el papel, le había hecho imposible continuar escribiendo, subraya.

Los exilios de Roa Bastos y Rulfo, a cien años de sus natalicios

Benavides nos cuenta de otro autor “audaz, ambicioso y rupturista” con las formas tradicionales y habituales de la literatura hasta ese momento.

Augusto Roa Bastos, el paraguayo autor de Yo el Supremo (1974), la novela donde se describe el poder omnímodo y brutal de todos los excesos dictatoriales de Hispanoamérica, subrayó.

Benavides recuerda que a diferencia de Rulfo, Roa Bastos no decidió su exilio. “Lo exiliaron. La dictadura de Stroessner en 1947 lo obligó a partir a la Argentina, donde viviría casi treinta años hasta que la llegada al poder del general Videla, en 1976, inauguró una de las más sórdidas y bestiales dictaduras hispanoamericanas”.

Zarpó entonces a Francia. Pero allí también padeció el desarraigo, la inconformidad, los apuros económicos, la añoranza de un hombre comprometido con su sociedad y su tiempo.

Uno decidió replegar velas tempranamente y confinarse en un universo más íntimo, y el otro vivió el desarraigo prácticamente hasta su muerte. Ambos, sin embargo, pertenecen a la misma estirpe de escritores devorados por el fuego de su literatura, concluye Benavides en su artículo, titulado “Roa Bastos y Rulfo: las dos caras del exilio”.


La Redacción

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