Los dilemas del maíz transgénico (I Parte) Los dilemas del maíz transgénico (I Parte)
En México hay regulaciones bastante laxas. No hay apoyos para la pequeña agricultura, que busca producir más alimentos, además de estar limitada por las... Los dilemas del maíz transgénico (I Parte)

A principios de marzo, el Segundo Tribunal Unitario en Materia Civil y Administrativa manifestó la suspensión definitiva que exige a la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) “abstenerse de otorgar permisos de liberación o siembra de maíz transgénico hasta que se resuelva el juicio colectivo promovido por especialistas, campesinos y científicos”, según un comunicado que hizo extensivo.

Tras conocerse esta sentencia, Horizontum entrevistó a Sandra Laso, coordinadora de campaña de Comida Sana del equipo de Greenpeace, para saber qué sigue en este proceso.

 

Horizontum: ¿Cuál es el estatus del proceso después de la suspensión de permisos para la siembra de maíz transgénico?

Greenpeace: Con esta suspensión de siembra de maíz transgénico se registra una medida cautelar, que suspende la fase comercial, pero mantiene a la piloto y a la experimental abiertas, bajo monitoreo por el uso del muy tóxico glifosato. Este es el herbicida más usado en los transgénicos, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo tiene indicado como un probable agente cancerígeno.  Son buenos avances los candados del juez a esas siembras pilotos y experimentales.

Lo que sigue es estar alerta para cuando llamen a finalizar el juicio. Es un proceso legal con mucha fuerza. El mismo pondrá en claro qué tiene más peso, si los intereses trasnacionales y la política de mercado que beneficia a un puñado de empresas, o las evidencias científicas y los argumentos de la sociedad civil de por qué debemos decir no a los transgénicos.

Hace 20 años se liberó la siembra del maíz a nivel comercial en Estados Unidos. En México se siembra soya, canola y algodón transgénico. Se ha comprobado que no hay mayor rendimiento, ni resistencia a estreses climáticos -sequías e inundaciones-, como se argumentó cuando se vendieron estos modelos de agricultura industrial. Lo que se ha generado, en realidad, es una mayor dependencia de sustancias altamente tóxicas.

Pero plagas y malezas se hacen cada vez más resistentes a estos productos. En Estados Unidos hay 14 tipos de malezas que ya son resistentes al glifosato, por lo que se aplican más cantidades y las combinan con otros componentes. Estos cocteles son sumamente tóxicos para las personas. Aquí el problema se agudiza, porque hace más de una década no se actualiza con información relevante el catálogo oficial de plaguicidas. Muchas personas no saben lo que están dispersando en los cultivos. Nosotros hicimos un estudio donde se encontraron unos 30 químicos prohibidos en muchos otros países por sus niveles de toxicidad.

Aquí no hay regulación efectiva, ni monitoreos, ni evaluaciones. Las autoridades tampoco están velando los intereses de la sociedad afectada. Tampoco los transgénicos han sido la solución al hambre. A nivel mundial se desperdicia un tercio de lo que se produce. La capacidad de producción no es el problema, sino la forma en que se están tomando las decisiones, cómo se distribuyen los alimentos y los recursos económicos. Este modelo está impulsado por la agricultura industrial, la cual beneficia a empresas y no a la sociedad.

En México hay regulaciones bastante laxas. No hay apoyos para la pequeña agricultura, que busca producir más alimentos, además de estar limitada por las regulaciones de los intermediarios. Sin embargo, esta produce el 40% de los alimentos que consumimos.  Al 10% del campesinado rico se le destina el 90 por ciento de los recursos.

Nosotros protegemos la alimentación del futuro. Este tipo de semillas generan erosión de la tierra y la contaminación de otros ecosistemas. Como sociedad, empresa y gobierno, debemos apostar por la producción limpia, libre de transgénicos y agrotóxicos, donde garanticemos comida sana y medios de vida rurales más justos y dignos. La tierra se va muriendo con tantas sustancias.

Greenpeace sí ha demostrado con estudios que hay otras opciones. Además la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) reconoció que son cosas del pasado, porque no han podido cumplir con la promesa de erradicar el hambre. Muchos gobiernos, sobre todo en Europa, están pidiendo prohibir la siembra de transgénicos, También existen las leyes de etiquetado, que aquí no se dan. El nuestro es poco claro y transparente. Juega con conceptos, no da cantidades reales, ni dice si el producto contiene ciertas harinas u otros componentes hechos a partir de transgénicos o que son importados de un país que sí los usan.

Apoyamos a la agricultura ecológica libre de transgénicos y agrotóxicos. Somos un país con conocimientos milenarios en la siembra del cereal. Por lo que resulta contradictorio hacer que los campesinos produzcan con estas semillas, hechas por empresas transnacionales, en lugar de investigar el mejoramiento de las semillas nativas, apoyados en los conocimientos pasados de generación en generación. La ciencia ha aportado muchísimo y ha mejorado la calidad de las semillas y su rendimiento, sin embargo se le está apostando por empresas que no aportan a las comunidades productoras. (CONTINUARÁ)

Horizontum

La Redacción

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