Los decadentistas tomando cerveza en Cuernavaca… Los decadentistas tomando cerveza en Cuernavaca…
En 1889 se funda en Cuernavaca la Compañía Cervecera Porfirio Díaz con una producción de 500 mil litros al año. Compartía honores en la... Los decadentistas tomando cerveza en Cuernavaca…

En 1889 se funda en Cuernavaca la Compañía Cervecera Porfirio Díaz con una producción de 500 mil litros al año. Compartía honores en la misma ciudad con  la firma San Pedro, pero el producto de ésta apenas alcanzaba los 59 mil 712 litros anuales. En ese momento cinco negocios dominaban el mercado nacional: la Compañía Cervecera de Chihuahua, la Compañía Cervecera de Toluca y México, la  Cervecería Cuauhtémoc, la Cervecería Sonora y la Cervecería Moctezuma.

Un año antes veía la luz el primer número de la Revista Moderna, órgano donde se conjugaba la mejor versión del Decadentismo mexicano: escritores y artistas cuyo rasgo distintivo era vivir, por primera vez, la ciudad moderna. José Juan Tablada, que con su “Misa negra” había incendiado las buenas conciencias del país en 1893; Bernardo Couto Castillo, muerto a los 21 años a consecuencia de una vertiginosa juventud infectada de excesos; Alberto Leduc, Jesús E. Valenzuela, Efrén Rebolledo, Francisco Manuel de Olaguíbel, Ciro C. Ceballos, Rubén M. Campos, Jesús Urueta, Amado Nervo, Balvino Dávalos y el extraordinario pintor Julio Ruelas, eran algunos de la nómina de esa infame turba de nocturna aves.

Espiritualmente se ubicaban en París y con ese ánimo recorrían los bares, pero también las cantinas de la Ciudad de México, sus prostíbulos y sus cafés. En esos lugares experimentaron con absenta para besar al hada verde. Todo ello como expresión máxima de la bohemia a la mexicana que iba convirtiéndose en la expresión máxima de aquellos escritores quienes pretendían hacer de su vida una obra artística.

En alguna de sus excursiones el grupo llegó a Cuernavaca. La casona, con jardín y alberca, era enorme. Estaba ubicada en la actual calle Netzahualcóyotl, a espaldas de La Catedral. Mientras tomaban cerveza con el nombre del dictador los decadentistas mexicanos hacían chistes en contra del régimen. Fumaban y bebían en un vergel. Nada les preocupaba. Eran jóvenes, dominaban la escena literaria nacional y cumplían sus excesos. En ese momento Olaguíbel ideó su famoso soneto El bebedor de absenta. Quiso escribirlo pero sus compañeros lo censuraron. El paraíso es para vivirse no para puñetas mentales.

Tablada habló extrañamente del futuro. Tal vez me venga a vivir mi vejez acá. La vejez no se vive, se sufre, le respondieron los otros, con esa burla tan característica de los jóvenes respecto a todo lo que tenga que ver con el porvenir. En un apartado Couto Castillo, que ya traía el estigma de la muerte en el rostro, habló con Juan José en silencio. No podrías vivir aquí muchos años. Aquí nadie puede escribir una obra maestra a menos que haga de esta alborada la entrada al infierno como lo propuso Dante. Este pueblo se hizo para embriagarse no para escribir. Tablada tenía presentes esas palabras cuando regresó a Cuernavaca en 1937 y sólo pudo estar unos meses antes de viajar a Nueva York donde finalmente murió.

Esos malditos poetas malditos veían a los campesinos en las cantinas del poblado. Ruelas se inspiraba en sus caras para mirar la noche, Rebolledo dijo que aquella zona sería idónea para que se refugiara la mujer fatal de su novela Salamandra. Si la última decisión fue Querétaro se debió a meras necesidades geográficas. Todos coincidieron con las palabras de Couto: este pueblo se hizo para embriagarse no para escribir. Cuando llegue la ambición del dinero a estas tierras habrá muerte, violencia y sangre, dijo como en éxtasis el más pequeño de los decadentistas.

Durante muchos años Cuernavaca vivió con su eterna sobriedad de paraíso y con esa hermosa costumbre de emborracharse y nunca escribir nada relevante por parte de sus pobladores hasta que la orgía del narco se desató. En uno de los promocionales falsos de Cuauhtémoc Blanco como candidato a la alcaldía de la ciudad se mencionaba que nadie importante había salido de Cuernavaca. Es una gran mentira que nos ofende a todos los guayabos. Como si vivir borrachos no fuera motivo de orgullo, como lo hicieron decadentistas.

Xalbador García

Xalbador García

Xalbador García (Cuernavaca, 1982) es Doctor en Literatura Hispanoamericana por El Colegio de San Luis. Autor de los libros Leopoldo María Panero o las máscaras del Tarot (Suburbano Ediciones, 2017), Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor del libro colectivo El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015). Realizó estancias de investigación en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en el Instituto Cervantes de España en Manila. Se ha desempeñado como profesor invitado en las Universidades del Ateneo, en Filipinas, y en la Universidad de Miami, Estados Unidos. Poesía, narrativa y ensayos suyos han aparecido en revistas de México, Cuba, España, Estados Unidos, Ecuador y Filipinas.