Los 22 monarcas españoles descendientes del linaje visigótico: tesoros del Panteón de los Reyes de San Isidoro-León Los 22 monarcas españoles descendientes del linaje visigótico: tesoros del Panteón de los Reyes de San Isidoro-León
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Al noroeste de la Península Ibérica, bajo las altas cumbres de la Cordillera Cantábrica, la ciudad española de León conserva Los 22 monarcas españoles descendientes del linaje visigótico: tesoros del Panteón de los Reyes de San Isidoro-León

Un paseo por el Medievo español

Al noroeste de la Península Ibérica, bajo las altas cumbres de la Cordillera Cantábrica, la ciudad española de León conserva un legado histórico-artístico de considerable importancia e indudable interés monumental. Su toponimia proviene del vocablo latino “Legio”, pues debe sus orígenes a un primitivo asentamiento militar del Imperio Romano, la denominada “Legio VII Gemina”, fundada en el año 74. Durante la ocupación musulmana la ciudad atraviesa un periodo de decadencia y despoblación, pero cuando comienza la Reconquista (711), León formará parte del Reino de Asturias, que aspira a extenderse hacia el sur para recuperar los territorios que reclaman los Reyes Astures como sucesores de los monarcas visigodos y restauradores del cristianismo. Será en el año 910 cuando esta ciudad viva una de sus épocas de mayor esplendor, dando origen al Reino de León, heredero y continuador del asturiano; reino que será fundamental en el contexto histórico, político y social de la Edad Media pues junto con el Reino de Castilla se convertirá en una pieza clave para la configuración de España.

Si bien León es conocida por su emblemática catedral gótica que actúa de embajadora artística de la ciudad —la “Pulchra Leonina”—, este municipio cuenta con otras joyas monumentales de incalculable valor, como el Panteón de los Reyes de la Real Colegiata de San Isidoro.

Horizontum. Los 22 monarcas españoles descendientes del linaje visigótico: tesoros del Panteón de los Reyes de San Isidoro-León

Fotografía por Vicente García

 

La Basílica de San Isidoro es uno de los más emblemáticos edificios religiosos del Románico español. Tuvo rango de abadía y su emplazamiento intramuros la sitúa dentro de la antigua ciudad romana. El templo original, del que apenas se conservan restos, estaba consagrado a San Juan Bautista. Tomará el nombre de San Isidoro en el año 1062, pues los reyes Sancha de León (hija de Alfonso V) y su esposo Fernando, comprenden que para ensalzar el templo deben contar con reliquias que susciten admiración, por esta causa ordenan traer desde Sevilla los restos de San Isidoro (célebre arzobispo, autor de “Las Etimologías”).

Tanto Sancha de León como Fernando I deseaban ser enterrados aquí, por lo que destinaron muchos recursos a mejorar el recinto que comprende la iglesia, el antiguo monasterio, las dependencias palatinas y por supuesto, el Panteón Real, adjuntando un ajuar sacro que hoy se conserva en el Museo de la Colegiata. Así nos consta gracias a un cronista de la época llamado el “Silense” que fue, además, clérigo de San Isidoro en el siglo XI.

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Fotografía por Vicente García

 

El Panteón de los Reyes está situado a los pies de la basílica y en él recibieron sepultura los principales reyes y reinas de León, así como algunos nobles de la época. Según el periodista Cayetano Luca de Tena aquí duerme toda la historia del Medievo español.

La planta del Panteón es rectangular y se accede al interior a través de un pórtico de unos ocho metros de lado apoyado en dos columnas recias que dan paso a siete arcos fajones y formeros, arcos que sustentan seis bóvedas de crucería en los que se pintará el más bello mural románico, la denominada Capilla Sixtina española.

Cuando visitas el Panteón, su situación un tanto “sumergida” da sensación de cripta, pero no lo es, simplemente se construyó a una altura inferior a modo de nártex dado su carácter de mausoleo.

Las pinturas murales que hoy componen esta grandiosa obra de arte fueron pintadas al fresco entre 1124 y 1176 aproximadamente. Se realizaron al temple sobre estuco blanco.

La basílica de San Isidoro por aquella época seguía el culto religioso mozárabe y la influencia de este ritual se advierte en los textos que aparecen bajo las imágenes de cada escena. El mural recorre el ciclo litúrgico evangélico dividido en tres etapas: Navidad, Pasión y Resurrección.

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Fotografía por Vicente García

 

Pertenecen a la Navidad las siguientes escenas: “Anunciación”, “Visitación”, “Epifanía”, “Natividad”, “Ángelus ad pastores”, “Huida a Egipto”, “Circuncisión” y  “Matanza de los inocentes”.

Destaca en esta serie la escena relativa alAnuncio a los pastores, por la expresividad de los rostros, su realismo y caracterización. Su fisonomía los delata como a campesinos y pastores de León, así como los animales que retratan, pertenecientes a la fauna de la provincia. Un mastín leonés bebe leche del plato de un pastor, dos machos cabríos se enfrentan, dos cerdos comen las bellotas que se han caído de un árbol, cabras y ovejas pacen en el campo, un pastor toca un cuerno y otro un caramillo. El fondo en el que cabría imaginarse la montaña se resuelve mediante líneas geométricas. El hecho de que los personajes y la naturaleza representados resulten tan autóctonos hace pensar en la posibilidad de un autor o un taller de autores leoneses y no atribuir su autoría a artistas franceses, como se creyó en un principio. Aun así, la influencia francesa es clara, como lo demuestra la elección del fondo blanco, los colores primarios y la abundancia de ocres y rojos. Influencia natural, por otra parte, teniendo en cuenta que León es parada obligada del Camino de Santiago que se inicia en los Pirineos y muere en Compostela y muchos peregrinos pertenecían al país galo. Lo que sí resulta evidente es que las pinturas del Panteón Real de San Isidoro están alejadas de toda influencia bizantina, mucho más proclive a la ornamentación ostentosa y también de la italiana, más colorida y delicada, presente esta última en el nordeste español.

La “Matanza de los inocentes” nos muestra unas figuras inexpresivas, con ausencia de perspectiva, volúmenes simplificados y abundancia de líneas geométricas —características todas ellas comunes a la pintura románica europea—, tan sólo las caritas de los niños provocan cierta ternura. El realismo en el tratamiento de Herodes y los soldados, su vestuario, sus gestos, resultan sin embargo sorprendentes.

Los 22 monarcas españoles descendientes del linaje visigótico: tesoros del Panteón de los Reyes de San Isidoro-León

El ciclo relativo a la Pasión de Cristo está compuesto por “La última cena”, “El Prendimiento” y “La Crucifixión”, siendo la primera la imagen más llamativa e impactante. Cristo aparece bajo un arco a modo de ábside y a su derecha san Pedro. San Juan reposa en su regazo. Judas es dibujado robando un pez (símbolo de Jesús, anticipación de su traición) y el resto de los apóstoles se reparten en torno a la mesa. Al lado de cada uno de ellos podemos leer sus nombres en latín y como no podía faltar detalle, un gallo nos recuerda la triple negación de Pedro.

En el centro de la siguiente bóveda se sitúa la escena del “Prendimiento”, con la representación del Monte de los Olivos, el beso de Judas y el ataque defensor de San Pedro.

Por fin, la sección dedicada a la Resurrección comienza con la imagen “Gloria de Cristo”, referente a un capítulo del Libro del Apocalipsis de San Juan, concretamente al capítulo 1, versículos 11 al 16: “Lo que vieres escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias, a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia, Laodicea, …vi siete candelabros de oro”.

Pero sin duda, la imagen más importante de todo el conjunto es la que cierra el mural: “Maiestatis Domini”, el Pantocrátor o Cristo en Majestad. Es una representación muy habitual en el arte románico. Cristo se nos muestra en actitud sedente, enmarcado dentro de la mandorla o almendra mística, que en esta ocasión se configura como un óvalo de fuego símbolo de lo sagrado e indestructible. Jesús nos bendice con la mano derecha y con la izquierda sobre sus rodillas sostiene un libro con el lema: “Ego sum lux mundi” (Yo soy la luz del mundo). Sobre su cabeza un nimbo crucífero en señal de divinidad cristiana. Su rostro es amable y apacible dentro de la actitud hierática de la pintura medieval, realizada en trazos sencillos pero decididos. El fondo de la mandorla es azul oscuro, un azul que pertenece a la noche y que en su origen debió estar preñado de estrellas. A sus pies no resulta difícil imaginar la tierra. Es sin duda, uno de los Pantocrátor más perfectos y delicados del arte románico. Coronando la escena, podemos contemplar el Tetramorfos, los cuatro evangelistas (uno en cada esquina), acompañando al Mesías. Hombres con cabeza humana y cuerpo simbólico: San Lucas es el novillo, San Marcos el león, San Juan el águila y San Mateo el hombre.

Los 22 monarcas españoles descendientes del linaje visigótico: tesoros del Panteón de los Reyes de San Isidoro-León

Por último, a la derecha de la Maiestatis Domini los artistas de esta capilla sixtina nos dejan como legado un calendario agrícola pintado en el intradós de un arco que será el elemento más llamativo del conjunto. A modo de “tira” se suceden en imágenes los doce meses del año a través de escenas típicas de cada estación. Las figuras humanas, la flora y la fauna, una vez más, parecen ser autóctonos, paisajes y paisanajes de León y su provincia.

Enero se representa mediante un dios Jano bicéfalo, con una cabeza que despide al año que se va y otra que recibe al venidero. Con sus manos sujeta las puertas que dan inicio y fin a cada ciclo.

Febrero es un anciano calentándose al fuego, escena común de nuestro invierno.

Marzo se simboliza en la poda de la vid y la preparación de la siembra de las uvas.

Abril es una alegoría de la primavera, con un hombre que sostiene ramas y flores en cada una de sus manos.

Mayo era en la Edad Media el mes de la guerra, pues el buen tiempo animaba a los soldados a adentrarse en el campo de batalla. Por eso aparece en nuestro calendario la imagen del guerrero.

Los 22 monarcas españoles descendientes del linaje visigótico: tesoros del Panteón de los Reyes de San Isidoro-León

Junio supone el inicio del verano y por ello un labrador siega la cebada con una hoz.

Julio sigue la misma línea agrícola y podemos ver a un campesino segando trigo con una hoz dentada.

Agosto se nos muestra como la época de la trilla. Un hombre con un mayal (instrumento rudimentario precursor del trillo), separa el grano de la paja.

Septiembre es el momento de la vendimia. Podemos contemplar a un campesino recolectando uvas con su cesta.

Octubre requiere alimentar y cebar con bellotas a los cerdos para que engorden antes de su sacrificio.

Noviembre es el mes de la matanza del cerdo. Se realizaba en esta época en meses fríos para que su carne durase fresca y en condiciones comestibles más tiempo. El hombre sujeta al animal de una oreja y levanta en el aire una pica.

Diciembre es un mes de celebración en la cultura cristiana, ya que tiene lugar el nacimiento de Cristo, un tiempo para rendir culto a la divinidad, por eso aparece un anciano (símbolo del año que se acaba) al frente de una mesa, festejando, y con los pies cerca del fuego debido al frío invierno.

Si bien es cierto que esta secuencia de imágenes siempre ha sido considerada como un calendario, las últimas hipótesis (en concreto la revisada por el leonés Ricardo Puente) apuntan a que no se concibió como tal, sino que era una alegoría que pretendía representar el paso del tiempo, en la tónica de los tópicos medievales que inundaban la poesía de la época, como el Carpe Diem y el Ubi Sunt que aparecen, por ejemplo, en las célebres Coplas de Jorge Manrique: “Recuerde el alma dormida/ avive el seso e despierte/contemplando/cómo se pasa la vida/cómo se viene la muerte/tan callando…” (copla I) o la XVII, que enfoca el segundo de los tópicos: “¿Qué se hizieron las damas,/sus tocados e vestidos,/sus olores?/¿Qué se hizieron las llamas/de los fuegos encendidos/d’amadores?/¿Qué se hizo aquel trovar/las músicas acordadas/que tañían?/¿Qué se hizo aquel dançar,/aquellas ropas chapadas/que traían?”.

 Y si las pinturas son una auténtica joya del medievo, las muestras escultóricas labradas en los capiteles no se quedan atrás, constituyendo en sí mismos el inicio de la escultura románica, con sus motivos indígenas, descriptivos y naturales de inspiración mozárabe.

Los 22 monarcas españoles descendientes del linaje visigótico: tesoros del Panteón de los Reyes de San Isidoro-León

 Muchos son los tesoros que encierra este panteón, que acoge bajo sus bóvedas los restos de treinta y tres reyes y nobles de León, aunque sus restos no se han podido clasificar tras la invasión de las tropas napoleónicas, que usaron el recinto como establo para sus caballos repartiendo sus huesos entre diferentes tumbas.

La Capilla Sixtina del Románico está unida a la iglesia de la Basílica por medio de una puerta cegada, que se cerró ya en la Edad Media mientras se efectuaban ampliaciones del templo.

Todo el conjunto histórico es un edificio de leyenda, con su torre al norte, vigilando, rematada en una veleta en forma de gallo. Es un universo de símbolos que parece albergar misterios de toda índole entre sus muros. Fragmentos de muralla romana defienden el perímetro lateral y en su interior, el Museo de la Colegiata cuenta con piezas de inestimable valor, como el famoso “Cáliz de Doña Urraca”, donado a la Abadía por la infanta en el siglo XI, y que algunas tesis avaladas por documentos del historiador Gustavo Turienzo Veiga señalan esta obra de orfebrería románica como el verdadero Santo Grial, arquetas de marfil, de Limoges, la arqueta de San Isidoro o la Biblioteca medieval que cuenta con 300 incunables, 800 pergaminos y 150 códices, así como numerosos cantorales.

El Claustro románico fue sede, en el año 1188 de los llamados “Decreta”, el testimonio más antiguo del sistema parlamentario europeo, lo que la UNESCO consideró “Memoria de la Humanidad”, convirtiendo a la ciudad de León en Cuna del parlamentarismo.

Marta Muñiz Rueda

Marta Muñiz Rueda

Nace en Gijón, Asturias, en 1970. Licenciada en Filología Hispánica y titulada en Música. Ganadora del Premio de Poesía Esencia de Mujer (Astorga, 2015), del II Certamen de Poesía Lord Byron (Avilés, 2016), Primer Premio del VI Certamen de Relatos Río Órbigo, (León, 2016).
Ha publicado el libro de poemas “El otoño es nuestro” (Tres voces, tres mundos II, Ed. Csed-Poesía, 2015), la colección de relatos “13 cuentos dementes para mentes insomnes y un relato para supersticiosos” (Ed. Piediciones, 2016) y la novela “Tiempo de cerezas”, (Ed. Camelot, 2017).
Colabora asiduamente en eventos literarios y ha participado en numerosas publicaciones colectivas, tanto en revistas (La Curuja, FAKE-España, Espacio Luke) como en antologías o misceláneas (“Poemas por vidas”, “15 autores, 24 horas”, “Sagrado Invierno”). El próximo día 1 de julio de 2017 participará en el VIII ENCUENTRO POÉTICO de San Miguel de Escalada.