“Lo que emociona y deja en shock, da sentido a la vida”: Almudena Sánchez “Lo que emociona y deja en shock, da sentido a la vida”: Almudena Sánchez
Almudena Sánchez es una joven escritora española nacida en Palma de Mallorca en 1985. Es periodista y colabora habitualmente en el web “Lo que emociona y deja en shock, da sentido a la vida”: Almudena Sánchez

Fotografía: Laura C. Vela

Almudena Sánchez es una joven escritora española nacida en Palma de Mallorca en 1985. Es periodista y colabora habitualmente en el web ‘Ámbito cultural’ y en ‘Libros, instrucciones de uso’, realizando reseñas, entrevistas y escribiendo textos de crítica literaria. Uno de sus relatos se publicó en la colección “Bajo treinta, antología de nuevos narradores españoles”. Este año 2017, ha salido al mercado español su primer libro, “La acústica de los iglús”, una selección de diez cuentos para adultos publicada por Caballo de Troya de la mano del editor invitado Alberto Olmos, con gran éxito de ventas y crítica. De hecho, el libro ya vive su séptima edición y mientras realizamos esta entrevista, ha sido uno de los diez finalistas del prestigioso Premio Setenil de narrativa breve.  Diez historias que nos hablan sobre nuestro ‘yo’ más vulnerable, sobre la soledad, el desamparo, la pérdida; todo ello narrado en un estilo musical, onírico, con asociaciones que nos llevan vertiginosamente hacia el umbral del asombro. Almudena sorprende con una madurez inesperada en este primer libro, aunque es una madurez afortunadamente no exenta de ternura y frescura, la que necesariamente debe poseer un autor joven que empieza a recorrer un camino nuevo con seguridad, pero también desde su yo auténtico, con voz propia, aunque ello signifique hacer malabarismos entre el caos y la unidad. En un viaje de ida y vuelta, Almudena escribe y hace magia. Sus personajes atípicos, humanos, sobrecogedores e inesperados nos adentran en un universo en el que la belleza flota en medio de la oscuridad y Almudena se acerca al lector a través de imágenes sutiles, poéticas, se acerca como si ella misma estuviera sentada a nuestro lado y nos susurrara cada historia en medio de una armonía pitagórica, bajo la intimidad cóncava de un iglú, el más perfecto símbolo de la bóveda celeste.

—¿Almudena niña ya soñaba con escribir? ¿Cómo era entonces su mirada ante el mundo y cómo sigue presente en la mujer que leemos hoy?

Creo —por lo que recuerdo y me cuentan— que era una niña reservada, tranquila, con sobredosis de fantasía. Me pasaban muchas cosas (relacionadas con una sierra, aparatos en los pies…). Vivía prácticamente en un bosque. Tenía otitis cada dos o tres meses y el dolor era insoportable. Lo que más me gustaba era bucear y los libros. Me iba con un libro a la otra punta de mi casa, debajo de un árbol y me tostaba al sol con el libro. En el fondo, era una niña-libro, pero eso no se ha materializado hasta muchos años después. Amaba leer. Pienso que nunca pasaré las páginas como entonces, con los ojos llenos de asombro y una piña seca en la mano. Es difícil volver a sentirlo igual, aunque le pongo ganas. En cuanto a la mirada, considero que es parecida. Bueno, ahora veo todo con el realismo brutal del mundo, pero la perplejidad ante la vida, ese no-entender-nada y la atracción irremediable por las rarezas humanas, sigue ahí.

—¿La ficción tiene mucho de realidad?

Tiene bastante. Lo que pasa a nuestro alrededor, en el telediario —incluso— es inspirador. Escribo sobre el mundo, aunque fijándome en pequeños detalles. En la memoria guardo y doy vueltas a situaciones que, en un principio, parece que no tienen importancia, pero luego son grandes. No necesito un temazo, ni un acontecimiento histórico. Al menos, hasta ahora voy escribiendo así: sobre las sensaciones que me produce la realidad y no sobre las cosas que pasan. Prefiero el olor de una calle al ajetreo de la calle (como idea).

—Muchos de tus cuentos abordan el universo adolescente, cuestión que no aparece en muchas obras de autores más veteranos que suelen centrarse en personajes más maduros. Se ha insistido mucho desde varias disciplinas en la importancia definitiva de la infancia en nuestra conducta futura. ¿Crees que la adolescencia es un estado que siempre late inconsciente bajo una apariencia más formal en nuestra vida adulta?

Considero que los adultos somos adolescentes adiestrados. Me interesa la adolescencia porque nunca la llegaré a superar del todo. Se ha quedado latente en mí, me asaltan imágenes, sueño con esa época de sudor y lágrimas. Es el principio de la libertad, que es algo maravilloso, pero terrible (más si tienes quince años). Mi infancia fue mejor. En cambio, la adolescencia vive dentro y cuando me descontrolo sale y explota como un demonio. Es un demonio nostálgico, pero un demonio con alas. Tiene mucha potencia: los recuerdos no se van.

—Almudena crea unos personajes que seducen y enamoran, como la pareja de ancianos que intenta cumplir su sueño subida a un teleférico, la madre que huye con sus dos hijos por carreteras secundarias, dos adolescentes que descubren el amor, la música y la sexualidad entre palabras que no llegan a decirse, el nadador ciego del Hotel Minerva o una filósofa en paro que se adentra en el espacio para capturar elementos perdidos. Todos ellos parecen huir de algo y no dirigirse a ninguna parte. ¿Crees que la literatura puede ayudarnos a encontrar el sentido de la vida asumiendo la improvisación y la incertidumbre como “parte del trato”?

Agradezco lo que opinas de mis personajes. Es verdad que son huidizos. No se sienten bien en ninguna parte. Quizá, lo que intento con la literatura es buscar sentidos inútiles. O tratar de acercarme a una respuesta que tenga que ver con el corazón humano. Lo que emociona y deja en shock, da sentido a la vida. Y los sentimientos que rodean a esa conmoción. La cuestión es quedarse absorto, saturado de belleza por un momento. Pienso que cuando se consigue esa reacción (por parte del lector) estamos dando sentido a la existencia, en cierto modo. Durante un rato, nos sentimos plenos.

“Lo que emociona y deja en shock, da sentido a la vida”: Almudena Sánchez

—La forma de tratar los ambientes y la belleza es muy cuidada en tu obra. Se ha dicho de “La acústica de los iglús” que son relatos atmosféricos, no puedo estar más de acuerdo. ¿El cine te ayuda a la hora de crear esos escenarios tan sensoriales y visualmente poéticos?

Muchas gracias de nuevo, Marta. Las atmósferas y la extrañeza son importantes en La acústica de los iglús. Es como veo la literatura: lo extraño-atmosférico. Considero que una atmósfera puede hacer vibrar más a un texto que un conflicto bien construido. Las fotos movidas, el agujero de la cerradura, los sueños confusos, el cristal empañado, son lugares estimulantes para mí.

El cine es fundamental. No sé qué haría sin el cine. Me encanta dejarme llevar en la sala oscura. Te voy a contar una cosa: antes me sentaba más lejos de la pantalla, en las filas de la mitad, y ahora me siento muy cerca, en la fila dos o tres. Desde que veo el cine así, me absorbe más el color, la expresión de un personaje, la textura, el movimiento de sus manos, la música. La primera vez que fui al cine pensé: “por fin estoy en una nave espacial”.

—¿Alguno de tus personajes te ha dejado un poso especial? ¿Sientes debilidad por alguno en concreto?

Sí, siento debilidad por Berenice, la astronauta a la deriva. Soy yo o se parece mucho a mí. La vida le zarandea y ella acaba fuera de la Tierra. Es el personaje más íntimo de los iglús y el que más lejos consigue marcharse. Está en una situación desafortunada, contándonos sus miserias, su forma irracional de superar la pérdida, su despido inesperado (su jefe le regalaba una magdalena caducada cada día). Ella acepta que su vida es un disparate y la convierte en un disparate aún mayor, con valentía y amor. Cuando la leo desde fuera, me gusta Berenice. Es una mujer rodeada de estrellas y basura. En ocasiones he pensado que debería alargar más su vida, no sé, a lo mejor aparece en una novela o en un relato futuros.

—¿Qué tiene Clarice Lispector para dejar en ti una huella tan profunda? ¿Qué es lo que tanto cautiva a Almudena de la autora brasileña?

Clarice Lispector es una diosa de los sentidos. La manera en la que habla del cuerpo, la forma en la que se remueve en la escritura, como un animal herido, me apasiona. Tiene una naturaleza exótica, es exuberante con el lenguaje y lanzada en los temas. Sensual pero frágil, atrevida pero encerrada. Esas contradicciones me encantan. Estoy convencida de que Clarice se pasaba el día hablando consigo misma. Además, la invitaban a Congresos de Brujería. ¡Es todo tan raro!

—¿Crees que el cuento como género está a punto de vivir una segunda Edad de Oro en la literatura postmoderna? ¿Desplazará en este siglo XXI el cuento a la novela y al fin dejará de ser considerado un ‘género menor’?

Bueno, no sé quién es el que considera al cuento como un “género menor”. Es una afirmación que hacen algun@s, pero yo creo que no tiene mucho sentido. Por ser más breve, porque el desarrollo es menor, porque no sé qué. Al final, todo se resume en que la novela es más grande (¿gruesa?) que un libro de cuentos y nos encanta comprar eso voluminoso. Sobre todo en España. En Sudamérica y en Norteamérica no es así. Es como los edificios: cuanto más alto mejor. Me parece absurdo. Hay cuentos inolvidables, joyitas irrepetibles. El cuento va muy bien, tiene lectores inteligentes, generosos, libres de prejuicios, lo que dice mucho del género.

—¿De dónde viene esa fascinación por lo que podríamos considerar ‘objetos perdidos’? En tus textos es frecuente la aparición de todas esas cosas que parecen abandonadas al azar, con su alma “inútil” y que tú rescatas como por arte de magia haciéndolas participar de la atención y la belleza que nos rodea. ¿Son parte esencial del universo a pesar de vivir como víctimas desapercibidas ante muchos ojos?

Ah, me gustan los “desechables”. Lo que se ha utilizado una vez y ya no sirve. Me recuerda a nuestra vida humana, que solo ocurre una vez. Pienso que nosotros mismos somos desechables. Se nos acaba la batería. A veces no servimos para nada. Otras, somos indispensables y también nos rompemos. La verdad, esos objetos caen en mis textos por casualidad. Están en mi inconsciente. Siempre salen y cada vez son más extraños. El escritor Andrés Neuman me lo dijo: “te atraen los residuos, Almudena”.

—¿Ya tienes en marcha un próximo proyecto literario? ¿Estás inmersa en una nueva obra confesable o inconfesable?

Sí, estoy escribiendo una novela. Va a ser mi primera novela y estoy emocionada. También estoy terminando un cuento que se publicará en una antología.

—Un aspecto que a mí me fascina de Almudena como escritora es su cercanía no estudiada, el modo en que roza al lector mediante un humor delicado y sutil, como si todo el libro fuese un largo monólogo interior plagado de asociaciones inteligentes no exentas de duende. ¿Es importante cierta dosis de humor en literatura?

El humor me ayuda a resistir. Siempre ha sido uno de mis pilares: todo está fatal; me he roto un brazo, mi novio me ha dejado, llueve, cae un rayo en mi cabeza y me chupa el pie un avestruz. Lo desastroso me encanta. Por ejemplo, el de Jacques Tati me parece magistral. Lo que no me convence es el humor en el sentido de chiste fácil o demasiado ingenio. Me gusta el humor tierno y fresco: las viñetas de Peñarroya, Ibáñez o Escobar. Me quedo con ellos.

—Ya que esta entrevista verá la luz en una revista mexicana, ¿cuáles son tus autores favoritos del país azteca? (De cualquier época y estilo).

Voy a nombrar a Rulfo, Octavio Paz, Alberto Chimal y Sara Uribe.

Muchísimas gracias, querida Almudena, por concederme esta entrevista para Horizontum México. Siempre es un placer leerte y también lo es charlar contigo. Te deseamos más éxito aún si cabe con este primer libro y esperamos con ansia futuros proyectos.

Marta Muñiz Rueda

Marta Muñiz Rueda

Nace en Gijón, Asturias, en 1970. Licenciada en Filología Hispánica y titulada en Música. Ganadora del Premio de Poesía Esencia de Mujer (Astorga, 2015), del II Certamen de Poesía Lord Byron (Avilés, 2016), Primer Premio del VI Certamen de Relatos Río Órbigo, (León, 2016).
Ha publicado el libro de poemas “El otoño es nuestro” (Tres voces, tres mundos II, Ed. Csed-Poesía, 2015), la colección de relatos “13 cuentos dementes para mentes insomnes y un relato para supersticiosos” (Ed. Piediciones, 2016) y la novela “Tiempo de cerezas”, (Ed. Camelot, 2017).
Colabora asiduamente en eventos literarios y ha participado en numerosas publicaciones colectivas, tanto en revistas (La Curuja, FAKE-España, Espacio Luke) como en antologías o misceláneas (“Poemas por vidas”, “15 autores, 24 horas”, “Sagrado Invierno”). El próximo día 1 de julio de 2017 participará en el VIII ENCUENTRO POÉTICO de San Miguel de Escalada.