“Lluvias atípicas” y corrupción mortal que socavan hasta las carreteras “Lluvias atípicas” y corrupción mortal que socavan hasta las carreteras
La naturaleza como pretexto. En las últimas semanas, el manido argumento de las “lluvias atípicas” ha servido al gobierno “Lluvias atípicas” y corrupción mortal que socavan hasta las carreteras

La naturaleza como pretexto. En las últimas semanas, el manido argumento de las “lluvias atípicas” ha servido al gobierno –federal y local- como subterfugio retórico para delegar en las copiosas precipitaciones la responsabilidad de los trastornos y tragedias de fechas recientes. Como la del martes último, cuando la apertura inesperada de un socavón en el Paso Express de la autopista Cuernavaca- México acabó con la vida de dos personas.

Inaugurada por todo lo alto en abril, el Paso Express tenía apenas tres meses de funcionar. En un corto video, el presidente Enrique Peña Nieto –a bordo de un helicóptero- lo describía elogiosamente:“(es) una buena carretera, es una gran autopista, que se puede recorrer de  manera rápida y segura”.

En el mismo tenor, el secretario de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruíz Esparza, aparecía “recorriendo” la nueva vialidad en una camioneta. Durante el video, el funcionario federal afirmó: “el concreto asfáltico que vamos viendo aquí, en esta transmisión, es sin duda un material mucho más resistente”. Luego refirió, “no tenían drenaje, tuvimos que hacerles drenaje, para que la carretera, en un momento dado, tuviera circulación de agua y las casas de al lado pudieran desaguar también los líquidos de las casas (sic)”.

La referencia al drenaje no es gratuita; de hecho, su función resultaría fundamental en la tragedia. En un “chacaleo” ante el socavón, Ruiz Esparza explicó a la prensa que las “lluvias atípicas” –“de más del doble de lo más que ha llovido en la zona”- habían provocado la crecida de un riachuelo que cruza por debajo la autopista, a través de un drenaje. Este, ante el volumen de agua y la basura que recolectó en su camino, se “taponeó” y, con ello, reblandeció el subsuelo. Dicho drenaje tendría, según palabras del propio funcionario, “40 años” de antigüedad; sin embargo, hasta ese día, “había funcionado muy bien”.

Así, pues, el drenaje del Paseo Express, al menos en donde apareció el socavón, no era de reciente manufactura.

Sin embargo, quizá aún más grave que lo referido sea la indolencia del gobierno federal por atender las advertencias que, previamente, autoridades municipales les habían referido.

Horizontum - “Lluvias atípicas” y corrupción mortal que socava hasta las carreteras

El 30 de junio pasado, Mario Meneses Pozo, Ayudante Municipal del Poblado de Chipitlán, emitió un documento dirigido a José Luis Alarcón Ezeta, director General del Centro SCT de Morelos. El oficio, recibido por Alarcón el 3 de julio–entregado personalmente, según confirmó este reportero con el propio Meneses-, alertaba sobre las condiciones en la infraestructura adyacente al Paso Express. Un muro, se describía, “está a punto de colapsarse, ya que el tubo que se encontraba en estado obsoleto, no fue sustituido por otro que fuera apto para dicha obra”; además, acusaban que la construcción de la autopista , “debido a su mala planeación (…) ha provocado inundaciones a todos los vecinos de dicho tramo”.

La construcción misma del Paso Express adoleció de las características habituales que distinguen las obras de infraestructura en México. Su costo, a su conclusión, ascendió a los 2 mil 200 millones de pesos, casi el doble de lo que fue reclamado en la licitación original. Numerosos fueron los señalamientos que, desde la prensa, apuntaron el destino opaco de los recursos destinados a una de las obras más importantes del sexenio, y que tanto escozor causaron a los capitalinos y morelenses por la demora en sus traslados que la construcción provocó.

A reserva de las revelaciones que traiga consigo el peritaje legal correspondiente, o las investigaciones que, desde los medios, se detonen para conocer los intríngulis del Paso Express, queda latente la advertencia municipal ignorada por el gobierno federal. La indolencia con que fue tratado el llamado acredita, por sus consecuencias, como corrupción.

Así pues, el combate a la corrupción no es sólo una bandera política más, tan manoseada por la retórica electoral de nuestros días que, por habitual, no es menos urgente. De hecho, con lo ocurrido, da cuenta de una vigencia más que actual: vital. Tanto es así que cobró dos vidas.

La Redacción

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