Legitimidad en juego; los organismos electorales hacia el futuro Legitimidad en juego; los organismos electorales hacia el futuro
Las últimas elecciones en el Estado de México pusieron en perspectiva las implicaciones de la legitimidad Legitimidad en juego; los organismos electorales hacia el futuro

Las últimas elecciones en el Estado de México pusieron en perspectiva las implicaciones de la legitimidad, o su ausencia, en el desarrollo del sistema político. Aunque el desenlace de ese proceso electoral aún no es definitivo, el desprestigio de la política, incluidos sus actores e instituciones, es, por lo hasta ahora visto, muy extendido.

Desde hace algunos años a la fecha, los procesos electorales detonan toda una serie de cuestionamientos en cuanto a su capacidad para dotar de legitimidad a quienes acceden a  cargos de elección popular. No obstante que su idoneidad como el mecanismo mejor para el recambio periódico del poder no es puesta en duda, los resultados de los procesos electorales no terminan de convencer a la ciudadanía –y a ciertos políticos- de contener las condiciones elementales para asegurar su confiabilidad.

Willibald Sonnleitner, profesor del Colegio de México, especializado en Sociología Política, Metodología, Sociología Electoral y procesos de cambio político en Latinoamérica, contesta algunas preguntas en torno a las más recientes elecciones, sobre la legitimidad de los procesos electorales y su futuro de cara a las, se anticipan, complejas elecciones del 2018.

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1. ¿Cómo estimaría el desempeño del IEEM en las elecciones del domingo 4 de junio?

Para empezar, recordemos que la Democracia, con MAYÚSCULA, es una idea filosófica abstracta, una utopía. Así que mejor analicemos las elecciones realmente existentes a la luz de los siguientes  tres criterios prácticos y operativos. Hablamos de elecciones democráticas cuando éstas garantizan tres requisitos básicos: a) incertidumbre sobre los resultados; b) certeza sobre las reglas del juego y c) que los perdedores acepten sus derrotas electorales.

Bajo estos criterios, el IEEM y los organismos electorales sí están garantizando una incertidumbre real sobre quién será el ganador: a la hora, no sabemos todavía quienes han ganado los cuatro comicios, y existen posibilidades reales de que ganen candidatos con proyectos claramente diferenciados. Lo que no está funcionando es la aceptación de resultados adversos por los derrotados, porque éstos incluso se auto-proclaman vencedores antes de tener certeza sobre los resultados oficiales. Ese es un problema muy grave porque la legitimidad de cualquier elección depende del respeto de las reglas del juego por todos los participantes y, sobre todo, del consentimiento de los perdedores. Lo preocupante es que hay candidatos de todos los grandes partidos que no están respetando esa regla básica. Ello nos lleva a otro tipo de incertidumbre, negativa ésta: la incertidumbre que generan esas actitudes sobre la efectividad de las reglas del juego democrático. Y ahí estamos ahora en una zona gris, sujeta a la interpretación de jugadores con intereses encontrados.

2. ¿En qué medida el descrédito de la autoridad se volca a las autoridades elegidas en los procesos electorales?

Probablemente, esa pregunta se pudiera plantear al revés: el desencanto parece provenir de las limitaciones del proceso político, de la clase política, de los partidos y de los gobernantes, cuyas acciones y políticas no están convenciendo a los ciudadanos. Los organismos electorales no gobiernan; organizan elecciones en las que compiten partidos y candidatos. La crisis profunda de legitimidad por la que atraviesa la política, no solo en México sino en el mundo entero, rebasa ampliamente las atribuciones de los organismos electorales y tiene que analizarse en un marco más amplio que incluya a todos los actores de la gobernanza electoral, empezando por los partidos y por los gobernantes.

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3. ¿Cómo restablecer la confianza en las instituciones electorales?

Esa es la pregunta crucial, que tendremos que atender y resolver de forma colectiva. Mis investigaciones sobre ese tema me llevan a pensar que la legitimidad democrática es un bien público sumamente valioso, pero sumamente frágil. A lo largo de los noventa, se logró un consenso muy amplio sobre la necesidad de construir confianza en torno a elecciones cada vez más limpias y fiables, y ello culminó con la alternancia histórica del 2000. Ese año, 86% de los mexicanos dijeron confiar en las elecciones. Desde entonces, hemos entrado en un proceso inverso, de desconstrucción de la confianza, y de reconstrucción de la desconfianza ciudadana. En 2015, ese porcentaje cayó al 28%, ¡por debajo de Venezuela y Honduras!, y entonces solo 2% de los encuestados por Latinobarómetro declararon que las últimas elecciones habían sido “muy limpias”. Esas cifras son dramáticas, y tenemos que entender mejor qué está pasando, y cómo podemos revertir esa tendencia, para volver a fabricar credibilidad, confianza y legitimidad democrática.

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 4. ¿Las instituciones electorales cuentan con la legitimidad necesaria para enfrentar un proceso tan complejo como el que se antoja para el 2018?

Los organismos electorales mexicanos, el INE y los OPLE’s, cuentan con muchos recursos –legales, jurídicos, técnicos, logísticos y humanos–, que deben utilizar de la mejor forma para enfrentar los retos considerables que representa el macro-proceso electoral de 2018. Es un reto mayúsculo, y dependerá sobre todo del liderazgo, de la autonomía y de las habilidades de los Consejeros Electorales, nacionales y locales. El problema no se limita a los aspectos técnicos y procedimentales, matemáticos o estadísticos, de algún PREP o conteo rápido. La pregunta es cómo se puede reconstruir la confianza ciudadana, y cómo hay que utilizar esos –y todos los otros recursos disponibles- para fabricar más legitimidad democrática. Eso es lo que está en juego.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.