Las palabras del racismo Las palabras del racismo
El racismo se injerta, a trasmano, en los pliegues más inofensivos de la vida cotidiana. Día con día convivimos con él, lo vemos y... Las palabras del racismo

El racismo se injerta, a trasmano, en los pliegues más inofensivos de la vida cotidiana. Día con día convivimos con él, lo vemos y sentimos, incluso lo reproducimos. A su detección y posterior erradicación, Federico Navarrete dedica Alfabeto del racismo mexicano (Malpaso, 2016), un puñado de ensayos que se encargan de develar, en tono irreverente, la realidad de la discriminación en nuestro país.

En el Alfabeto se recorre, con mirada crítica no exenta de mordacidad, episodios públicos –y alguno privado- que dan cuenta de los perfiles eminentemente racistas de la vida social del país. El libro se inscribe en la veta abierta un año antes por el mismo autor, que en México racista. Una denuncia (Grijalbo, 2016) se ocupó de criticar sin anestesias la vena discriminatoria, a veces visible –otras no tanto-, de la sociedad mexicana, a la que advierte en su nuevo libro:

“Si algo muestran las diferentes entradas de este alfabeto es el carácter pernicioso, asesino incluso, de estas formas de discriminación y los daños múltiples y profundos que infligen a la mayoría de los mexicanos”.

El racismo, ¿cómo se come?

Las palabras del racismo“El racismo son instituciones, son prejuicios y actitudes de las personas, que parten de la idea de que los seres humanos pertenecemos a diferentes grupos – supuestas ‘razas’- por nuestro aspecto físico, origen, y por diferencias supuestamente biológicas. Sin embargo, el consenso científico en los últimos años ha dicho que esa distinción de razas no es cierta”; así lo dijo, en entrevista para Horizontum,  Federico Navarrete.

No obstante, aún y cuando la ciencia descartó como válida cualquier clasificación de origen racial, en sociedades como la mexicana o la estadounidense, el racismo es una práctica común y actual; sobre todo por su historia: “El racismo es particularmente fuerte en sociedades coloniales, o que así fueron creadas cuando los europeos conquistaron un territorio que estaba habitado por indígenas americanos, y luego trajeron a los esclavos africanos”, señaló.

“Esta división entre americanos, africanos y europeos –explicó-, es algo que encontramos en toda América, y en todo el continente existe racismo entre los tres grupos”.

A pesar de que el racismo se explica por los procesos sociales y políticos que marcaron la historia de toda América, el fenómeno cuenta con perfiles particulares en México, en vista de su muy peculiar desarrollo histórico. Así lo expuso Navarrete:

“La particularidad del racismo mexicano tiene que ver con la idea que surgió a finales del Siglo XIX en México, de que el país debería convertirse en una nación mestiza, y que las mujeres indígenas y los hombres europeos debían mezclarse para crear una nueva raza. Es la idea de (José) Vasconcelos, pero también es la idea de Manuel Gamio, (Andrés) Molina Enríquez o Justo Sierra. Es la idea de la mayoría de los intelectuales de finales del Siglo XIX, comienzos del XX, que definieron la identidad nacional mexicana”.

Sin embargo, en el proceso de integración cultural y social propuesto por la intelectualidad mexicana, un importante segmento fue marginado, ignorado: la población africana de México.

“En el Siglo XIX había, probablemente, tantas personas de origen africano como de origen europeo, pero se les excluyó (…), nunca se reconoció la existencia de esta parte africana. Y a la fecha, los mexicanos de origen africano son un sector invisible de nuestra sociedad, casi no reconocemos su existencia”, apuntó.

El proceso de mestizaje, de acuerdo con Navarrete, exigía a los indígenas el abandono de su idioma y  cultura, todo en aras de consolidar el ideal “mestizo”; es decir, que el “polo blanco” de la sociedad terminara por difuminar la raíz indígena de la ecuación mestiza. Tal fue el verdadero carácter que se le imprimió al proceso.

Las palabras del racismo

El libro del racismo

“Mi intención (al escribir este libro) fue siempre satírica, quise hacer una sátira social, una revisión a nuestras costumbres; un retrato de familia y social, sobre lo que todos decimos y hablamos”, manifestó Navarrete sobre el Alfabeto del racismo mexicano.

A pesar del delicado tema que abordó, la intención del autor fue la de invitar al lector “a reírnos de nosotros mismos, a vernos en el espejo de nuestras actitudes racistas, porque para este tipo de actitudes como el racismo, que son vergonzosas y vergonzantes, la sátira es la mejor manera de denunciarlas”.

“Reírte de ti mismo te ayuda a darte cuenta y verte de esa manera. Puede ser el camino a la conciencia y a la autocrítica”, manifestó.

El racismo es una intoxicación de juicios hechos y lugares comunes. Pero, como toda enfermedad, también tiene remedio. Para atacarla, Navarrete recomendó “ser conscientes, más conscientes de nuestros prejuicios, tener más claro cuándo estamos discriminando, cuándo los juicios que hacemos sobre las personas no son realmente sobre los méritos particulares de esa persona, sino sobre su aspecto físico o el grupo social al que lo estamos adscribiendo”.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.