Las mil y una noches árabes de Torreón. La huella mudéjar en la arquitectura lagunera Las mil y una noches árabes de Torreón. La huella mudéjar en la arquitectura lagunera
El norte de México no sólo se caracteriza por su historia relacionada con los desiertos o el paso del movimiento revolucionario, también son... Las mil y una noches árabes de Torreón. La huella mudéjar en la arquitectura lagunera

El norte de México no sólo se caracteriza por su historia relacionada con los desiertos o  el paso del movimiento revolucionario, también son muchos los migrantes de origen árabe-palestino que dejaron su impronta en la arquitectura y varias construcciones que aún permanecen en una ciudad de Coahuila, llamada Torreón.

Las mil y una noches árabes de Torreón. La huella mudéjar en la arquitectura laguneraLa prosperidad de esta región data de finales del siglo XIX y principios del XX, gracias a la cosecha del algodón y el contexto porfiriano que la dotó de recursos industriales como el ferrocarril que la hizo brillar en su geografía. De este modo, una diáspora de españoles, duranguenses, zacatecanos, chinos y árabes-palestinos en su mayoría, allí echaron raíces atraídos por la bonanza. Con ello, se asentó también su idiosincrasia y sello personal en las fachadas de sus hogares y negocios en el centro de la ciudad. En particular, el estilo mudéjar. La historia de este arte se remite hacia el siglo XV, en alusión a los árabes que después de la conquista cristiana se les permitió seguir residiendo en la península Ibérica. De este modo, brotaron como elementos decorativos detalles islámicos con motivos geométricos, caligrafía o modo de tapiz en sus fachadas. Aunque esta estética prevaleció en otras partes del mundo, ciudades españolas como Sevilla, Teruel y Toledo tienen un acervo considerable del estilo mudéjar. Es así como las colonias españolas y árabes-palestinas llevaron su legado arquitectónico hasta Torreón y sus alrededores.

Con el paso de los años, el éxito algodonero se transformó en declive, pero las construcciones con el estilo árabe lograron prevalecer por décadas, aunque hoy en día su número es cada vez más escaso. El desuso, la incierta economía, el abaratamiento de terrenos y la falta de conciencia ciudadana ha ido destruyendo poco a poco ese patrimonio regional. En 2016, un grupo de investigadores del museo Arocena se encargó de realizar una documentación sobre las edificaciones aún existentes, denominado Recuerdos de la Alhambra. Arquitectura orientalista en Torreón. Este es un breve recuento de las muchas que todavía están en pie.

Las mil y una noches árabes de Torreón. La huella mudéjar en la arquitectura lagunera

Casa Mudéjar:

Es uno de los edificios más emblemáticos y, a la vez, infravalorados del centro. La antigua casona cumple una centuria este año. Aunque sobrevivió a los días de la Revolución, la flaca memoria lagunera desconoce su historia. De ladrillo calizo, lleva seis capiteles que sostienen los arcos lobulados de cantera con motivos orgánicos. Perteneció a un médico español llamado Alberto Álvarez García. Luego que su primer propietario falleciera, la morada pasó por diversos dueños quienes la transformaron hasta deteriorarla. Incluso,  en 1996 una universidad local hizo un proyecto urbano para restaurarla, pero una serie de problemas legales hicieron fracasar el proyecto y la han mantenido cerrada. En junio de este año circuló la noticia de un nuevo rescate municipal, que se dice definitivo.  La puerta principal de la casa permanece bloqueada. Sólo se puede visitar de manera clandestina, como la realizada por esta reportera en 2004. Vale todo riesgo.

 

Teatro Isauro Martínez:

Con una trayectoria que lo ha hecho vivir una serie de gozos e infortunios, ha formado parte de la ciudad desde 1930. LLeva el nombre de su fundador, un promotor cultural de la región. Operó primero como un cine. Su historia fue en declive. En 1975 estuvo a punto de convertirse en un episodio del pasado, pero un grupo de universitarios promovió su restauración, la cual se concretó en 1982. Tiene un estilo ecléctico, de influencia gótica y bizantina. Su construcción estuvo a cargo del arquitecto Abel Blas Cortinas. Reúne elementos como un arco de herradura, que adorna la fachada central, coronada con un vitral de motivos orgánicos y un conjunto de arcos lobulados, característicos de la arquitectura islámica. Sus muros interiores fueron elaborados por el artista Salvador Tarazona. Hoy el teatro Isauro Martínez está en una etapa de esplendor. Allí se exponen obras de toda índole, talleres culturales, conciertos de música clásica hasta, por vía satélite, óperas del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Casa de Juan Zarzar:

Una de las evidencias de la prosperidad de los migrantes árabes-palestinos fue el caso de Juan Zarzar (nacido en Belén en 1867), quien emigró a Veracruz en 1907 y su descendencia, al trasladarse a la comarca lagunera, estableció algunos negocios que fueron bautizados popularmente como “Salsipuedes” y “El Puerto de Beirut”. Esta casa habitación sigue siendo de uso privado, pero desde el exterior pueden apreciarse sus detalles árabes de ornamentos, arcos y portales orientalistas y yeserías en las paredes. En la actualidad se encuentra rodeada por una terminal de autobuses urbanos en dirección a los municipios de Gómez Palacio y Lerdo Durango, en medio de otros locales bulliciosos.

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El Torreón:

Rodeado por una refaccionaria y otras tiendas intrascendentes, una solitaria atalaya de ladrillo ha sobrevivido al paso de los años, sin que sus lugareños conozcan su verdadera historia. Esta torre de fundición fue erigida en 1924 por un norteamericano llamado William Dodson Davis quien, según fuentes documentales del museo Arocena,  llegó a la ciudad en 1903 para establecer su negocio. El Torreón está conformado por cuatro niveles de tabique, pero su diseño es una muestra más del estilo orientalista que floreció en la localidad.

La Alhambra:

La añoranza por esta residencia aún sigue en pie desde su demolición en 1981. La llamada Alhambra, erigida sobre la Calzada Colón, fue sustituida por un insípido edificio de oficinas.  Fue propiedad de un agricultor de origen hispano, llamado Fernando Rodríguez Rincón, quien convocó para erigirla al laureado arquitecto Cesáreo Lumbreras Sena, de gran prestigio en Torreón por sus decoraciones con motivo mudéjar. Conocida también como “Casa Morisca”, sirvió como restaurante durante la década de los 70. La morada se pensó también como sede de un centro cultural posterior, pero los fondos fueron insuficientes. Por esa razón, un nuevo propietario optó por derribarla. Aunque la indignación se opuso, no fue posible su rescate.

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Miriam Canales