Las dos caras de Eva Las dos caras de Eva
Una chica de 21 años se desnuda cada madrugada frente a su webcam, mientras en el día compone universos en la escuela de arte... Las dos caras de Eva

Una chica de 21 años se desnuda cada madrugada frente a su webcam, mientras en el día compone universos en la escuela de arte “La Esmeralda”

Horizontum. Las dos caras de EvaDos mujeres habitan en María Fernanda Oropeza. Las dos conviven sin conflictos, aunque son día y noche, luz y sombra, agua y fuego, tierra y viento. Dos mujeres en el mismo esqueleto y carnes. Mientras una dibuja rostros, compone universos con sus pinceles, estudia arte y se prepara para una maestría en Estados Unidos, la otra se desnuda cada madrugada frente a su webcam y cobra por cada pose, después de convocar orgasmos con dedos, labios, vagina, pechos, nalgas, fetiches.

María Fernanda suele seguir siendo su nominación oficial, aunque prefiere ser su metamorfosis: Mafufu Sejmet. Una chica de 21 años, estudiante de Artes Visuales en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, del Instituto Nacional de Bellas Artes, “La Esmeralda”, una de las academias más prestigiosas del país, que se gana la vida como modelo porno-erótica-sexual. El Sejmet se lo debe a una deidad egipcia, con la que comparte la misma voracidad por la vida. Las dos son poderosas, mágicas, provocadoras de pasiones, amorosas, terribles, sanadoras.

Ella no se encasilla en una orientación sexual. “Me encantan las mujeres. He tenido novias y novios”, precisa abiertamente. Pero si hay que definirla se considera una queer (extraño o poco usual). Término que designa a quienes no son heterosexuales o de género binario y  no se conforma con la sociedad heteronormativa. Tampoco le preocupa que la designen prostituta, como le han dicho más de una vez por sus redes sociales. “No me molesta. Es gente envidiosa. De eso se trata mi proyecto. Soy una artista plástica enfocada en el erotismo y la pornografía. Amo la sexualidad, lo trashy del cuerpo. Cómo se mezcla todo. El cuerpo es arte y el arte es forma. Busco explicar eso. Por eso soy modelo porno-erótica-sexual. Prostitución es cuando realmente hay un intercambio físico. Yo sólo vendo mi imagen. Nadie me toca”, aclara.

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No obstante, toda duda sobre su trabajo nocturno puede ser despejada si se logra llegar hasta su página en Internet, ubicada en el sitio MyFreeCams.com.  A los mexicanos los tiene bloqueados. “Por no querer pagar”, dice. En su página mafusejmet.manyvids.com están liberados los trailers de sus videos. “En cada toma elimino los estereotipos. Son shows con enfoque weird. Eso lo relaciono con una educación social, no institucional. Muestro mi cuerpo como un performance. Al final son piezas artísticas”.

A María Fernanda/Mafufu la podemos describir como una muchacha de baja estatura, piel blanca, pelo negro, ojos rasgados, curvas definidas, labios carnosos, senos notables. Puede o no maquillarse. Viste frecuentemente de negro. Simpática, conversadora, alegre, fiestera. Una mujer liberada de todo pudor. “Nunca los tuve”, asegura.

“Más bien, desde siempre querían reprimirme. Pero logré vencer esas voces. Realmente quiero ayudar a otras chicas. Porque muchas padecen de inseguridades o tuvieron una infancia muy violenta y machista. Siempre las están juzgando por su apariencia y creen que ser ‘femeninas’ es lo único que las puede salvar. Las educan sólo para casarse y tener hijos, ser bonitas y con buenos cuerpos. Si no son así, no valen como mujeres. No estoy de acuerdo con ese concepto. No puedes ser femenina opuesto a lo masculino. Pues todos poseemos ambas energías”.

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Con tales ideas no es extraño que su filosofía de vida gire en torno a la sexualidad. “Para mí es la base de todo. La vida se crea mediante un acto sexual, pero no evolucionamos saludablemente nuestro erotismo. Lo dañamos, lo reprimimos”, confiesa.  En su caso ella tuvo una feliz infancia. Creció rodeada de mujeres. Con toda la libertad del mundo, sin límites. Su madre era muy joven cuando la tuvo. La abuela y tías se encargaron de cuidarla, mientras su mamá iba a la universidad. “No era problema estar en calzones por toda la casa, bañarnos juntas. Para mí eso era muy normal. Siempre preferí jugar con los niños. No encajaba con las de mi edad. Sin embargo, la familia de mi padre es superconservadora. Estricta. No quieren saber de mí desde que soy modelo webcam. Dicen que es cosa del Diablo”.

Casi toda la infancia de María Fernanda se desarrolló en Tlaxcala, en la casa de su abuela. Luego tendría una breve estancia en Puebla, donde reside su padre. Realmente lo conoció a los nueve años. Su relación fue complicada. Nunca pudieron congeniar. De ahí iría a vivir con su madre a Playa del Carmen, Quintana Roo,  donde terminó la preparatoria. A la Ciudad de México llegó tras ser aceptada en la escuela de arte. “Entré a la primera, y mucha gente tarda años en lograrlo. Siempre dibujé. Vine a la aventura total. Viví en varios lugares, con muchos desconocidos.  Aprendí que existen miles de personas, pero todas tienen la misma situación: crecieron en una familia violenta. Descubrí que yo era la rara”, recuerda.

Su trabajo como modelo, además de pagar las cuentas diarias, es también su proyecto de tesis en “La Esmeralda” y la base para estudiar una maestría en sexualidad y sociología en los Estados Unidos, en la ciudad de San Francisco. Sus sesiones en la webcam han sido una vía para conocer a muchas personas. Sus clientes oscilan entre los 21  y 60 años. Algunos son mujeres.  No ha tenido experiencias desagradables. Bloquea a todo el que intente acosarla. Ha tenido quien le ha pedido verla orinar o simular un vendaje en una pierna o enviar el bote de basura de su baño. “No lo hice porque el correo no acepta esos paquetes. Mis clientes radican en Estados Unidos, Europa y Australia”, aclara.

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“Ser modelo webcam es un medio de expresión artística para mí. Lo menor es el dinero que gano. Hasta 16 mil pesos en un mes. También menos. Eso depende del tiempo que le dedique. Pero cuando ves el impacto sicológico en la gente de lo que hago, observas también sus traumas.  Todavía hay miles de hombres que piensan que es ofensivo, horrible y hasta asqueroso que una mujer libre tenga derecho a mostrar su cuerpo. Es interesante eso. Más que una nota, lo que me importa son las reacciones. Por eso mis obras no tienen nombre. Yo sólo pido que me digan lo que piensan. Me parece mucho más importante lo que les hace sentir”, comenta.

Horizontum. Las dos caras de EvaEsas reacciones le han servido además para realizar talleres en su casa. “He encontrado muchos traumas sexuales. Varias de mis amigas no saben lo que es un orgasmo. A mí tampoco de niña me hablaron del tema, aunque siempre tuve mucha curiosidad. Le robaba a mi tía un libro sobre sexualidad, cada vez que entraba al baño. No culpo a mi mamá, a ella tampoco se lo enseñaron. Es un tema complicado”, dice, mientras rememora alguno de esos encuentros en su morada.

El primero fue sobre cómo ser modelo webcam. “Es una forma de ganar dinero seguro en esta ciudad. Cuando llegué tuve que hacer trabajos riesgosos. Con éste estoy muy tranquila en mi cuarto. Nadie me asalta. Ni tengo horario ni jefe”, aclara.

Luego convocaría otro sobre la técnica del huevo de obsidiana para equilibrar energías, al que le siguió el taller para “redescubrir tu yo sexual”. “Vinieron chicas que nunca pensé. Algunas habían sufrido abuso sexual en su infancia o fueron violadas. Las ayudé a reencontrar sensaciones, a conectarse con las caricias pequeñas, los olores… Superaron esas situaciones violentas. Estoy orgullosa de eso”, confiesa.

También ella dibuja todas esas vivencias. Inventa rostros sin nombres ni géneros.  Destaca sus expresiones de dolor, angustia, soledad, tristeza, locura… Les pone ojos trasnochados, rojizos, desorbitados por lujuria o desamor. Inventa cuerpos flexibles y cabezas de vaginas. Se dibuja así misma, desnuda y menstruando.  “Así somos las mujeres”, dice, al tiempo que muestra un autorretrato con colores fríos y angustiosos. “Esa era María Fernanda.  Ahora no sé si soy mejor o peor, pero sí me siento cómoda conmigo”, aclara, mientras veo  a Mafufu Sejmet del otro lado de la pantalla colocarse un dildo en la boca, como si intentara dispararle a su cerebro.

 

Katia Monteagudo

Katia Monteagudo

Licenciada en Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Especializada en temas políticos, globales, económicos y sociales, y en el uso de técnicas narrativas, investigativas, manejo de las nuevas herramientas digitales para la búsqueda, procesamiento, publicación y distribución online de información, junto a la capacidad de articular comunidades a partir de estrategias comunicativas 2.0. Dominio de procesos de edición de medios impresos, digitales y en el fotoperiodismo.