La visión de los caídos La visión de los caídos
El fruto mordido rodó inocente sobre el pasto, hacia la presencia multiluminosa de los ángeles de Dios La visión de los caídos

El fruto mordido rodó inocente sobre el pasto, hacia la presencia multiluminosa de los ángeles de Dios; de todos ellos que son sólo uno…

Adán no sabía qué responder, ni cómo explicarse. ¿Había sido la curiosidad, su verdadera y única compañera, la culpable de su falta?

Para entonces, Lilith caminaba muy lejos: se agitaba libremente sobre las dunas, proclamando su propio reino, mientras seducía a las pesadillas del Altísimo…

Eva no sabía nada, o eso quiso insinuarnos con su dramática sorpresa…
A una distancia considerable (tan frío y distante como Eva de Adán) descansaba sobre las piedras un dragón, tomando el sol de la tarde, estirando, de vez en cuando sus alas majestuosas de halcón y murciélago…

La manzana todavía no fermentaba en su estómago, cuando el hombre originario tomó su primera decisión: ¡una mentira! Culpó a Eva y al dragón de lo sucedido, les inventó un diálogo fantástico, terrible para sus respectivas descendencias…

Desde entonces, el castigo estúpido, ciego en la Omnipresencia, transformó al dragón en serpiente arrastrada, y a la mujer, en pura maldad sangrienta. El hombre se autoproclamó Altísimo Cuentista y aquel escéptico Dios terminó por desvanecerse en la fugacidad de sus obras…


Iván Araujo