La tragedia en Monterrey La tragedia en Monterrey
En la historia de la humanidad el miedo es una constante que, paradójicamente, ha sido poco estudiado desde las múltiples acepciones que involucra en... La tragedia en Monterrey

En la historia de la humanidad el miedo es una constante que, paradójicamente, ha sido poco estudiado desde las múltiples acepciones que involucra en la vida cotidiana, en los intersticios de sus edificios fundamentales: lo público y lo privado.

Jean Delumeau, historiador francés, publicó en 1978 un estudio de fundamental trascendencia para la comprensión de la historia de occidente estudiada, precisamente desde el miedo. Desde ahí, analiza cómo el miedo ha estado siempre presente en la cultura en diferentes lugares y épocas, acompañando silenciosamente a las colectividades atrapadas en un diálogo cotidiano con su presencia ineludible.

El 18 de enero pasado, en un colegio localizado al sur de Monterrey, el miedo entró abruptamente en una de sus aulas. El miedo había sobrepasado los límites de la vida privada, un espacio que se ha configurado como una fortaleza de seguridad en una ciudad que ha vivido bajo la égida del miedo más cruel e infame en manos de los cárteles de la droga.

La tragedia en Monterrey

De la casa al automóvil y el adiós vigilante que observa a los hijos hasta que cruzan el umbral del colegio, bajo la mirada cómplice de quien vigila que nada ni nadie ajeno ingrese a esa extensión del control de la privacidad. Un colegio, como muchos otros en la ciudad, por el cual los padres pagarán el costo mensual de la seguridad de que ese espacio no será vulnerado por los otros, los “malitos” que habitan fuera de esa extensión de la fortaleza. Al medio día los niños terminan la jornada escolar y de nuevo vuelven al cuidado de los padres cuando suben al auto que los llevará a su casa-fortaleza.

Al cerrar la puerta el imaginario hace suponer que el miedo quedó fuera. Los niños están bien y la vida sigue su curso en una población de clase media alta que paga por ello; familias que no quieren ver, ni siquiera imaginar, que el peligro es una contante que se filtra en la luz de computadoras, tabletas y celulares; en el simple traslado de la casa al colegio o en colegio mismo.

La tragedia en Monterrey

Cotidianamente la realidad otra se hace presente en las noticias para confirmar que fuera de los espacios en los que han construido sus fortalezas, el miedo es de los otros, le pertenece a los pobres y marginados; casi podría pensarse que les es connatural, que se han acostumbrado a vivir con él. Por eso no resulta extraño que la terrible realidad de los niños empleados por las bandas de narcotraficantes se haya convertido en algo normal. Esos son los otros niños, los no amados, pobres y frágiles, niños desechables. Son los “niños sicarios”, entrenados para matar con armas de alto calibre que apenas pueden sostener entre sus manos. Los niños sicarios no viven en fortalezas, viven junto al mal o duermen con él. Matan a sangre fría a quienes se les ordena matar y guardan en el bolsillo el pago de su temprana adultez a sabiendas de que la vida no vale nada. No verlos es suficiente, no escucharlos parece necesario; también son niños que cargan armas en sus mochilas y que tiene padres con miedo, pero sus causas no convocan a la reflexión ciudadana sobre el bien y el mal, los valores compartidos, o sobre la paz y la guerra.

El individuo ha entrado en guerra con lo ciudadano, dice Zygmunt Bauman. Importa lo propio, la privacidad que teme que se derrumben sus “valores familiares” construidos en el imaginario de una seguridad ficticia de control sobre lo ajeno. Las familias blindadas que viven en municipios blindados son convocadas por el presidente para hacer un llamado a la moral familiar, a fortalecer el blindaje frente a los otros. Una moral que flota en el aire como un hecho compartido, pero difícilmente asequible en el contexto de la privacidad que imponen las reglas personales.

La tragedia de Monterrey es cotidiana y persistente. Es una ciudad de compleja composición social en la que las tragedias que involucran niños son las de todos los días, pero que hoy le toco al nosotros, a ese sector blindado que ocasionalmente genera  noticias que diseminan el miedo fuera de las fortalezas privadas.

Cecilia Sheridan Prieto

Cecilia Sheridan Prieto

Email: heridan@ciesas.edu.mx