La Semana Santa en el arte novohispano La Semana Santa en el arte novohispano
Si las imágenes son memoria o contribuyen a reflejar una época, no cabe duda de que el arte novohispano, desde su génesis y sus... La Semana Santa en el arte novohispano

Si las imágenes son memoria o contribuyen a reflejar una época, no cabe duda de que el arte novohispano, desde su génesis y sus transformaciones, ha sido la base para comprender el espíritu de la época colonial. En esta semana mayor, tanto los fieles católicos como todos aquellos interesados en el arte, podrán redescubrir la importancia histórica y cultural de algunas obras del arte sacro de este período.

Para este viaje a los siglos XVI, XVII y XVII, nuestro guía es el historiador Abraham Villavicencio, actual curador de arte virreinal en el Museo Nacional de Arte (MUNAL).

Después de su reparación, el Santo Sepulcro de Cristo atrae a millones de fielesRelata Villavicencio: A lo largo del sigo XVI se fueron modificando los temas abordados en los retablos en los que se mostraban distintos pasajes de la vida de Jesús, dando fe de las manifestaciones de su divinidad, de modo que solía contarse la Enunciación, la adoración de reyes y/o pastores, así como La Crucifixión y La Resurrección, estos dos últimos temas propios de las festividades de la Semana Santa, así como el Pentecostés, en el que se celebra la venida del Espíritu Santo (Veni, Sancte Spiritus). Estos temas se pueden apreciar en el retablo mayor del Templo de San Bernardino de Siena, en Xochimilco –fundado hace más de 480 años por los frailes franciscanos–. De acuerdo al INAH, este retablo es el único completo conservado en la Ciudad de México con influencia renacentista. También se pueden apreciar en el retablo principal del Templo de Santo Domingo Yanhuitlán, Oaxaca –de estilo barroco-salomónico y construido en el año de 1582–, con pinturas del español de escuela sevillana Andrés de Concha (1568-1612).
Villavicencio, timonel de este itinerario, precisa: durante este siglo la figura de Cristo es central, por lo que los temas pasionarios buscan mostrar la parte triunfante de Jesús –como héroe cristiano–, de modo que no hay una alusión al Cristo sufriente, salvo, acaso, en la representación de la Oración del Huerto. Sobre este episodio el MUNAL conserva dos pinturas, una que se realizó a finales de ese siglo por Baltasar de Echave Orio (Zumaya, Guipúzcoa, País Vasco, 1548 – México, c. 1620); y otra de principios del siglo XVII, de Luis Juárez. En ambas, el dolor de Jesús es matizado de manera superficial, ya que son Cristos más bien contemplativos. Incluso en el caso de Juárez se trata de un dolor sublimado ya que los ojos manifiestan cierto éxtasis, comenta.

La primera iconografía pasionaria

Conforme avanza el siglo XVII se va explotando más la figura, primero, del Cristo muerto y después del Cristo atormentado. Explica Villavicencio: la referencia obligada es una pintura que data de 1521 de Hans Holbein (Augsburgo, 1497?-Londres, 1543), considerada un parteaguas en la historia del arte porque es de las representaciones más tempranas de un Cristo cadáver –cabe recordar que, en la Edad Media, Cristo era representado con una corona o con cierta expresividad–; sin embargo, a partir de El Concilio de Trento –también conocido como la Contrarreforma católica, que ocurrió entre 1545 y 1563– la iglesia se ve obligada a matar a Jesús, entonces las representaciones de un Cristo yacente se convierte en una imagen constante. Lo anterior se suma a una liturgia alrededor de la muerte y el dolor, dimensiona.

La Semana Santa en el arte novohispanoA la vez, Ignacio de Loyola (1491-1556), fundador de La Compañía de Jesús, escribe los “Ejercicios espirituales”, una práctica que los cristianos deben realizar durante un mes y –bajo instrucción de un jesuita– reflexionar sobre su propia vida, purgar sus pecados en ejercicios de auto meditación y transitar, ‘en alma viva’, por la pasión que vivió Jesús para visualizar –en la mente– imágenes de la Gloria.

Si uno revisa la Biblia canónica –dice Villavicencio– salvo algunos aspectos en el Evangelio de Lucas no se encontrará un relato minucioso de la Pasión de Cristo; sin embargo, serán los Evangelios Apócrifos (que no fueron reconocidos como parte del cuerpo oficial de la Biblia pero, debido a su riqueza descriptiva de la vida y predica de Jesús, se fueron transmitiendo desde la Edad Media hasta convertirse en parte del imaginario cristiano), así como del ideal de La Compañía de Jesús, de donde surgirá una gran iconografía pasionaria, ya que a lo largo del s. XVII se difunden con mucha aceptación diversos grabados que los jesuitas legaron para ilustrar lo que Ignacio de Loyola pretendía. Estos grabados serán muy populares especialmente en el territorio hispánico y serán un importante legado para que los pintores hicieran representaciones de este tema, esclarece.

De regreso a la Nueva España, será Cristóbal Villalpando (1649-1714), el más renombrado de los pintores novohispanos de la segunda mitad del siglo XVII y principios del siglo XVIII, quien represente algunos momentos de la Pasión de Cristo con base en aquellos impresos de Europa. Sin embargo –comparte Villavicencio–, los novohispanos harán su propia tradición literaria con base en la oralidad de los sermones, algunos de ellos en ocasión de la Semana Santa, que fueron dichos por los teólogos o los obispos de las diferentes catedrales; pero también de los jesuitas, quienes despertaron toda una sensibilidad de las emociones al dotar de una fuerte carga afectiva a su prédica y, a partir de esta retórica hecha para meditar, los artistas novohispanos introducirán una serie de recursos retóricos del martirio para crear un impacto a quienes ven sus óleos. Un claro ejemplo es una pintura del propio Villalpando: Cristo en el aposentillo en la que se muestra a Jesús en las tinieblas de la cárcel de Poncio Pilatos…

La Semana Santa en el arte novohispano

De esta etapa, Villavicencio recomienda:

Dentro de la exposición Melancolía, que el MUNAL exhibe hasta julio, se encuentran dos lienzos de Cristóbal Villalpando muy importantes por su carga emotiva, las cuales provienen de la serie de la Cajonera, cuyo lugar de origen es la Sacristía del Convento del Carmen, en San Ángel. Se trata de las obras Cristo atado a la columna y El Señor de la meditación/Rey de burlas.

 Imperdible acudir a la Sacristía de la Catedral Metropolitana y dar cuenta de la pintura sobre la Entrada de Jesús a Jerusalén, obra de carácter afectivo del artista mestizo Juan Correa (Ciudad de México, 1674-1739).

Siglo XVIII, entre lo siniestro y lo ilustrado

En esta época, el afrancesamiento en el mundo hispánico y la regulación de los estados anímicos –a partir del Tratado de  las pasiones de Charles Le Brun, director de la Academia de París– son la principal influencia para el arte novohispano. Villavicencio detalla: aunque prevalecen los lienzos con una representación descarnada de Jesús –que producen la sensación de ver a un hombre despedazado–, a la vez, los pintores con más influencia francesa, como Miguel Cabrera (San Miguel Tlalixtac, Oaxaca, 1695-Ciudad de México, 1768) o el mestizo Juan Patricio Morlete Ruiz (Guanajuato, 1713-1772), realizaron una obra que ya se interpreta ilustrada. Un ejemplo de ello es la representación del Ecce Hommo (Aquí el Hombre), en la que Pilatos muestra ante el pueblo judío a Jesús para que escojan entre él o Barrabás quién será el crucificado.

La Semana Santa en el arte novohispano

Dos obras más para ver en el MUNAL:

Una pintura de formato pequeño de 1729 de Nicolás Enríquez de Vargas (1704-1790) en la que se muestra una flagelación a Jesús por parte de varios hombres con el rostro deformado por el odio mientras la mirada de Cristo está en el espectador; misma que contrasta con la obra Cristo consolado por los ángeles, de Juan Patricio Morlete Ruiz, en la que, con la ayuda del Arcángel Miguel, Cristo se va reincorporando mientras los ángeles, llorando, recogen pedazos de piel sobre charolas y con paños limpian la sangre para vaciarla en copas: una alegoría de la Eucaristía.

Queda mucho por seguir redescubriendo del arte novohispano, mientras tanto podemos disfrutar de estas obras que aún nos estremecen por su intencionalidad.

Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.