¡La revolución va mejor con Coca Cola! ¡La revolución va mejor con Coca Cola!
Durante los años sesenta y setenta, el fotógrafo suizo Luc Chessex fue corresponsal en Sudamérica de la agencia de noticias cubana Prensa Latina. Su... ¡La revolución va mejor con Coca Cola!

Horizontum. ¡La revolución va mejor con Coca Cola!Durante los años sesenta y setenta, el fotógrafo suizo Luc Chessex fue corresponsal en Sudamérica de la agencia de noticias cubana Prensa Latina. Su misión no era simple: debía seguir la ruta del Che Guevara por aquella parte del continente para descubrir qué había ocurrido con su cuerpo, tras ser asesinado. Sólo encontró su pipa y reloj. Sin embargo, durante su travesía y, en los años que vivió en La Habana, algo le llamó la atención: la forma en que convivían en las calles la imagen del revolucionario argentino, desarrollada a partir de la famosa foto de Alberto Korda, y la publicidad de la Coca Cola, para muchos el máximo símbolo del capitalismo.

Chessex documentó el diálogo que mantenían esas imágenes con la cotidianidad en los lugares donde se encontraban y Editorial RM las recopiló en el libro Coca Che (2016). El fotógrafo nos habla acerca de las imágenes y su viaje.

-¿Cómo surge Coca Che?

-Durante los años 60s y 70s viajé por Sudamérica como corresponsal de la agencia Prensa Latina. Yo vivía en Cuba entonces y me llamaba la atención esa doble imagen, muy antagónica, que se veía en todas las calles: la cara del Che, la imagen de la revolución, del cambio y de la lucha armada, y la Coca Cola, el símbolo del capitalismo.

-¿Cuándo empezaste con las fotos?

-Era el ‘65. Las primeras fueron la publicidad de Coca Cola en Cuba, les tomé fotos hasta 1970, año en que partí a Sudamérica. Dos años viajé por Bolivia, Argentina Uruguay, Brasil y Perú, y en todos vi ambas imágenes, y por ello pensé que con eso podría ilustrar perfectamente lo que pasaba en el continente: una lucha entre dos sistemas, pues la influencia de la revolución cubana era todavía bastante fuerte, por lo menos en Colombia, en El Salvador y en Argentina y en países donde había una dictadura armada.

-Cuentas que la caída del Che se debió a que la gente que buscaba ayudar no confiaba en él, por lo que lo traicionaron

-Los campesinos bolivianos eran realmente muy poco educados, no entendían la propuesta del Che, que era realmente cambiar a favor de la gente más pobre. En Bolivia la ignorancia era tal que sólo aprovechaban y vendían cosas, como información, para sobrevivir. Por otra parte, los soldados los presionaban y obligaban a denunciar cualquier cosa que ocurriera. Y aunque fuera latinoamericano, el Che era argentino blanco que no hablaba como ellos, que eran mestizos, lo cual les generaba desconfianza.

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-En tu viaje encontraste su pipa…

-Y su reloj. El gobierno de Cuba, y los cubanos en general, estaban muy deseosos de recuperar su cuerpo y de saber qué había pasado con él. Sólo se sabía que había sido asesinado por oficiales del ejército y que se había visto su cuerpo en Valle Grande. Pero como los cubanos no podían viajar a Sudamérica, porque todos los países habían roto relaciones con ellos, pues aprovecharon que yo tenía pasaporte suizo y me enviaron junto con un periodista uruguayo para investigar. Estuvimos seis meses en Bolivia, dando vueltas, hablando con testigos, gente que lo conoció, soldados, pero nunca supimos realmente qué había pasado con su cuerpo, hasta que muchos después encontraron sus huesos en una fosa de Valle Grande.

-En esta búsqueda de su cuerpo me imagino que viste mucha iconografía de él

-Veía mucho la foto famosa de Korda, el fotógrafo cubano que la había retratado en La Habana. Ésta la utilizaban pintores, dibujantes y diseñadores en toda clase de propaganda, porque era fácil de dibujar y reconocer.

-¿Cómo encontraste a Cuba después de la muerte del Che?

-Bueno la cosa siguió, los cubanos le tenían más afecto a Fidel que al Che, porque este era un poco prepotente. La gente lo admiraba, porque fue un tipo muy valiente: cuando la guerrilla en Cuba el tipo siempre iba en primera línea, era un hombre con mucho coraje, pero realmente los cubanos no le tenían mucho afecto como a Fidel o a Camilo Cienfuegos, que era otro comandante.

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-También haces hincapié que después de esto, la publicidad de Coca Cola empezaba a aumentar

-Sí, la Coca hacía años que tenía publicidad en América Latina: en cualquier pueblo de Perú y Bolivia con cinco centavos podías comprar una botella, y eso era para mucha gente acercarse un poco al sueño de la vida americana, pues en la televisión veían cómo la bebían. Muchos latinos soñaba con irse a Estados Unidos, porque pensaban que ahí la vida sería más fácil que en su propio país.

-Se dice que el Che quería sacar todas las botellas de Coca Cola de Cuba, porque decía que la forma de éstas era un símbolo imperialista

-No, es más simple: lo que pasó es que la Coca se hace con un extracto que viene de EE UU, de la fábrica madre en Atlanta, el cual obviamente había que pagar en dólares. Como las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se rompieron, estos no vendían nada a la isla y además Cuba no tenía plata para comprar el ingrediente, por lo que el Che, que en ese momento era el ministro de industria, quiso inventar otra bebida. Son de Cola creo que se llamaba, que era una mala copia, que a la gente no le gustó. A los dos años de que se rompieron las relaciones ya no encontrabas Coca en la isla, quedó la publicidad que sólo los años borró.

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-Entonces desde que el Che hizo eso, se dejó de vender Coca Cola en Cuba

-Sí. Ahora ya empieza otra vez a haber Coca Cola, porque con Obama se arreglaron más o menos las relaciones y desde hace casi un año los norteamericanos pueden ir de turistas a La Habana, y por ello los hoteles de lujo comenzaron a importarla, pero no para los locales.

-¿Qué tan paradójica encuentras esa convivencia entre la figura del Che y la de la Coca Cola?

-Hoy se ve claro que la ideología del Che ha desaparecido, ya no hay más movimiento de lucha armada en América Latina. Leí en el periódico hace unos días que las FARC, de Colombia, estaban desarmandose. La figura del Che ya es una cosa quizá mitológica, de la historia, del pasado, mientras que la Coca Cola sigue siendo comercial y hasta de la cultura popular.

-Me llaman la atención mucho las fotos con las que cierra el libro, son como unas velas del Che

-Esto es en Bolivia, en una casa particular, gente que le hizo un altar al Che, porque después de su muerte fue venerado, pues mucha gente quizá tuvo mala conciencia por no haber entendido que iba a ayudarlos. Muchos lo empezaron a venerar como un santo, porque en las imágenes de su muerte lo vieron con un aire de Cristo.

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-Me contaste que fuiste hace un año a Cuba, ¿aún se sigue viendo esa euforia hacia el Che?

-No, la historia pasó ya. Los cubanos ahora están metidos con el turismo, mayormente norteamericano, y están luchando para mejorar su nivel de vida. Cuba se ha vuelto un país con los casi mismos problemas que los demás del continente, que la gente tiene que encontrar trabajo para vivir, ya no es la locura de la revolución, el sueño, eso ya hace años que se fue.

-¿Qué podrías concluir de tu trabajo?

-Mi libro es testigo de un momento de la historia de América latina, no muy reciente, pero no muy vieja, hace como… ¿tú cuántos años tienes?

– Tengo 24 años…

-Eres muy joven, no te tocó vivir hace 30 años atrás, cuando realmente el panorama histórico era muy diferente de lo que es hoy en día. Creo que el libro es un testigo de esa época o, por lo menos, de una faceta que marcó la historia del planeta.

Raúl Campos

Raúl Campos

Raúl Campos (Ciudad de México, 1992) Periodista cultural y fotógrafo documental (con licencia). Decidió adentrarse a estos medios por tres razones: 1. Cuando niño le regalaron una cámara fiestera desechable de instantáneas (eso me traumó). 2. Por su afinidad para escuchar y contar historias (quizás sirvió de algo). 3. Por querer entrarle al negocio familiar (ni hablar). Su trabajo se ha publicado en Revista Yaconic, Milenio Diario, Milenio Dominical y recientemente en algunas publicaciones de Editorial Notmusa y Horizontum. Asegura ser pionero del "Periodismo Kitsch".