La relatividad del tiempo. Notas para una nueva lectura de Elena Garro La relatividad del tiempo. Notas para una nueva lectura de Elena Garro
A Elena Garro la llamaron loca, la acusaron de espía, mentirosa… y asesina. Más de uno quiso encadenarla a sus defectos. Todos fracasaron. En... La relatividad del tiempo. Notas para una nueva lectura de Elena Garro

A Elena Garro la llamaron loca, la acusaron de espía, mentirosa… y asesina. Más de uno quiso encadenarla a sus defectos. Todos fracasaron. En septiembre de 2018, se cumplirán veinte años de que partió para habitar sus recuerdos. Después de todo, ella tuvo una vida larga, llena de memorias, gatos y desbordada por un magnífico talento artístico, al que aún se le deben muchas horas de lectura.

Garro nació en el Estado de Puebla, en diciembre de 1916. Vivió durante siete años en la Ciudad de México, hasta que, en la década de 1920, su familia se trasladó a Iguala. Su principal biógrafa, Patricia Rosas Lopátegui, afirma que la llegada de la niña a Guerrero fue trascendental. La sabiduría indígena que la rodeó marcó su forma de entender la vida y, a la larga, la comprometió con las luchas por los derechos humanos de esos grupos sociales. En Iguala, además, dejó de asistir a la escuela y sus padres comenzaron a ocuparse de su educación.

Garro describió a su madre como una ávida lectora, que vivía en un mundo ajeno a la realidad, donde siempre lo más importante eran los libros. Se sabe, además, que fue una de las primeras mujeres que pudo licenciarse como maestra en su país. Mientras a su padre, el español don José Antonio Garro Melendreras, lo reconoció como hombre culto. Practicante del espiritismo en la misma cofradía de Francisco I. Madero, Don José enseñó a sus dos hijas sobre ocultismo, ciencia, y también sobre libertad.

La relatividad del tiempo. Notas para una nueva lectura de Elena GarroJoseph Sommers entrevistó a Garro en la década de 1960. Para entonces ya se había publicado su novela Los recuerdos del porvenir (1963). En la obra, es fundamental la creencia de los personajes en la existencia de un tiempo variable, no lineal. La autora explicó esta particular perspectiva a Sommers, precisamente, como una de las consecuencias de su ambiente familiar: “Tal vez me viene de que en mi casa se hablaba mucho de Einstein y de la relatividad, y de que papá era budista también, entonces el tiempo en el budismo, el tiempo cambia con las religiones, y comentábamos mucho también el tiempo en México, que el tiempo era finito entre los antiguos mexicanos. Pero el tiempo es variable. Pero como decía mi padre, que como éramos ayer, éramos hoy, y éramos mañana, que es como un juego de espejos”.

Según Peter Galison, las principales preocupaciones de Albert Einstein que dieron a luz la conocida teoría de la relatividad especial, en 1905, tuvieron precisamente una base más filosófica que física. Galison asegura que el científico hizo del texto “Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento,” un documento comprensible para un público lector que no fuera especializado en la materia. Solo eso puede explicar que se trate de un artículo sin notas al pie, con pocas ecuaciones y ninguna mención a resultados experimentales. Es fácil adivinar que, desde esta misma perspectiva filosófica, su trabajo fue leído en el hogar de los Garro.

La relación entre la autora y el científico no se reduce a sus lecturas tempranas. Cuando el Nobel elaboró la polémica teoría, trabajaba como especialista en una oficina de patentes, en Bern, Suiza. La misma ciudad donde Elena Garro asegura que comenzó a escribir Los recuerdos del porvenir, en 1952.

Casi nunca se lee su creación desde una perspectiva científica ni filosófica. Garro permanece condenada a interpretaciones intimistas, las mismas a las que son sometidas los textos de cientos de mujeres brillantes en todo el mundo; como si la cocina y la alcoba fueran sus únicos espacios de saber.

Pero la extensa escritura garriana escapa de estos confinamientos. Los recuerdos del porvenir es una obra maestra desde su título hasta su punto final. En la historia de Ixcatepec, de los hermanos Moncada y el loco Juan Cariño, Garro retrata, en todo su esplendor, a la cultura mexicana, entrelazando para ello sus conocimientos científicos y religioso. A la vez que se muestra como la única autora nacional capaz de igualar la compleja expresividad del universo rulfiano.

A esto se suman las coincidencias en el planteamiento de la dilatación del tiempo que aparecen en otros de sus cuentos más conocidos como “La culpa es de los tlaxcaltecas” y “¿Qué hora es?”, ambos de 1964. Son narraciones muy diferentes entre sí; pero las dos están protagonizadas por mujeres mexicanas, quienes poseen una percepción diferente del tiempo, y por ello son acusadas de locas por el resto de los personajes. Además, las protagonistas están involucradas en triángulos amorosos, y una de sus relaciones transcurre siempre en un tiempo paralelo al de la narración lineal. Las protagonistas desean, en realidad, a los amantes que están en dimensiones diferentes a las de ellas.

Como consecuencia, la escritura de Garro poetiza de forma magistral los resultados científicos obtenidos por Einstein. No hay otra Elena con el mismo talento en México, no hay otra autora ni autor que haya desarrollado en el país un universo de relatividades literarias tan profundo. Su poética del tiempo nació, sin dudas, de su formación como una persona culta, instruida en numerosas perspectivas filosóficas y teológicas. Pero no deja de ser irónico cómo, al cabo de tantos años, sigue siendo percibida por la crítica de la misma manera en que sus personajes femeninos: como una mujer confundida, capaz solamente de expresar sus obsesiones personales en la escritura.

La relatividad del tiempo. Notas para una nueva lectura de Elena GarroNo es arriesgado afirmar que la poética de la variabilidad del tiempo es uno de los grandes aportes de su creación. Es que las lecturas puramente autobiográficas de los textos de Garro no aportan ya una explicación convincente de por qué, en la mayoría de sus obras, dramáticas o narrativas, el tiempo relativo funciona como un elemento determinante en la trama.

A que nazcan nuevas formas de acercarse a su obra contribuirá, sin duda, la investigación Debo olvidar que existí, publicada en 2017 por Random House, con la autoría del periodista Rafael Cabrera. En dicho volumen se reconstruye la participación de la escritora en los sucesos que derivaron en la Masacre del 68. Se desmitifican sus culpas y se aplauden sus valerosas denuncias.

Me abstengo de mencionar aquí los nombres de los olvidadizos, de los verdugos que han intentado borrar a Garro hasta de los márgenes de la literatura nacional. Aunque fueran seres trascendentes en su universo creativo, este texto quiere omitirlos en su grandísima ignorancia, para centrarse en la mujer que dio a luz un universo literario sin equivalente; para celebrar a Elena Garro en su magnífica imperfección y su amplísima sabiduría. Porque ella es una de las voces más importantes de la literatura mexicana. Y punto.

Dainerys Machado Vento

Dainerys Machado Vento

Nació en La Habana en 1986, es periodista, editora e investigadora literaria. Tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana por el Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México y actualmente cursa su Doctorado en Lengua Moderna y Literatura en la Universidad de Miami, Estados Unidos. Recibió el Premio Estatal de Periodismo San Luis Potosí 2016. Trabajos suyos son publicados regularmente en medios estadounidenses y mexicanos, y es la autora del blog letrasqueves.worpress.com, dedicado a temas de actualidad literaria y social.