“La red de los espejos”  y los reflejos de la prensa “La red de los espejos”  y los reflejos de la prensa
La historia del periodismo mexicano continúa surcada por silencios injustificables; amplias franjas de su pasado siguen sumidas en el olvido, alejadas de las miradas... “La red de los espejos”  y los reflejos de la prensa

La historia del periodismo mexicano continúa surcada por silencios injustificables; amplias franjas de su pasado siguen sumidas en el olvido, alejadas de las miradas escrutadoras de la prensa misma, o de los apetitos intelectuales de la academia. El análisis riguroso y profundo del desarrollo de la prensa en México, es un tópico necesario en el contexto de la reconfiguración democrática de la sociedad, y del debate público – ahora más vigente que en el pasado reciente- en torno al papel de los medios de comunicación, vistos como articuladores de la realidad política y como sujetos preponderantes de la transición democrática.

“La red de los espejos”  y los reflejos de la prensaEn buena medida, la ausencia de abordajes introspectivos y de orden histórico a la configuración del periodismo, es consecuencia de la naturaleza misma del oficio, atenazado a la inmediatez y al vértigo del presente. “La historia es la relación de la vida que pasó –decía  al respecto el periodista Carlos Septien García-; el periodismo es la relación de la vida que está fluyendo ahora”.

Por ello, atendiendo a la necesidad por brindar contexto y dimensión histórica a los medios informativos, y a su influencia a lo largo del tiempo en la construcción del Estado mexicano y su sociedad, un puñado de historiadores ha puesto de relieve la importancia en abordar el periodismo del país, como una dimensión vital -importante e injustamente inexplorada- para comprender a cabalidad la realidad actual de la prensa, y explicarse así su circunstancia, vicios y alcances. Labor no menor por donde se le vea.

En el marco de esta reciente corriente historiográfica, el libro La red de los espejos. Una historia del diario Excélsior, 1916-1976, escrito por el historiador Arno Burkholder, y editado por el Fondo de Cultura Económica, aborda los avatares de esta empresa periodística durante la primera y segunda mitad del siglo XX,  y analiza la relación entre los medios informativos y el poder político institucional –el Estado mexicano y su clase política-, como condición originaria para su desarrollo y construcción en el tiempo.

Así, pues, la historia de “el periódico de la vida nacional” –como reza el lema de Excélsior desde su creación, en 1917-, funciona como escaparate para develar los entresijos de un diario representativo del periodismo mexicano, y a través de su desempeño y evolución, atestiguar la configuración de la cultura periodística actual, diseccionando los usos y costumbres heredados desde entonces, y desplegando un análisis útil y desapasionado de figuras fundacionales para la prensa en México.

Tal es el caso del periodista Julio Scherer, legendario director de Excélsior durante los críticos ocho años que corren de 1968 a 1976 –periodo histórico convulso, en el que la faz profunda del país cambió por completo -, cuya figura constituye el implícito detonante para el análisis histórico de Burkholder. El abordaje que el historiador hace del periodista, apunta hacia una imparcialidad manifiesta -quizá la primera en el campo del análisis periodístico-, procurando un acercamiento ponderado y cuidadoso a su figura.

El libro de Burkholder constituye, también, una oportuna revisión crítica –es decir, que apunta a la objetividad como horizonte académico- al legado de una de las figuras más importantes del siglo XX mexicano: Julio Scherer, quien ejerce un tutelaje referencial en el periodismo del país, desde que el 8 de julio de 1976, como consecuencia de una cuidada estrategia desestabilizadora urdida en la oficina presidencial, que se aprovechaba de un crispado ambiente interno en la cooperativa, fue expulsado del diario en el que  había trabajado durante décadas, el diario que ayudó a catapultar a sus días de mayor influencia y calidad. Época, por cierto, aún ahora recordada con admiración como el “Excélsior de Scherer”.

“La red de los espejos”  y los reflejos de la prensa

La red de los espejos es una obra que se inscribe en la cauda de trabajos académicos que revisitan los hechos pasados, sobre los que se han dictado juicios históricos, en ocasiones inflexibles, para ser analizados tras la pátina del tiempo, y garantizar un abordaje razonable, ecuánime y atemperado por la distancia temporal; características, por cierto, que la obra de Burkholder cumple con vastedad.

En palabras del propio Burkholder –entrevistado por Horizontum-, su libro es “una recuperación histórica de uno de los periódicos más importantes de este país, y como la necesidad de entender como se ha hecho el oficio periodístico en México, desde los años de la revolución, hasta los años de Luis Echeverría; una época que ha sido abordada, especialmente, por comunicólogos, pero que a los periodistas nos faltaba verla para entender un montón de cosas que pasaron en ese entonces, y para entender porqué tenemos la prensa que tenemos”.

Excélsior cumplirá, próximamente, 100 años de existencia; ha sido testigo de la creación misma del Estado mexicano, y de sus posteriores transformaciones. La coyuntura en la que fue creado representa, también, un hito vital para comprender la arquitectura del periodismo mexicano durante el siglo XX. Habla el historiador: “Excélsior se convierte en un puente entre el periodismo y la forma de hacer periodismo en el siglo XIX, con su auténtico padre El Imparcial –diario de raigambre porfirista-, que es una de las puntas de ese puente, y la otra punta del puente es ese periodismo que surge en los años ochenta en este país, que intenta ser un poco más crítico, más propositivo, como Proceso, Vuelta, el primer Unomásuno, La Jornada, todos ellos son los maestros del periodismo que se está haciendo actualmente. Todo el periodismo mexicano contemporáneo, de una u otra forma, reclama su origen o legitimidad de nacimiento, en estos medios que mencioné”.

Plataforma de las transformaciones en el periodismo mexicano, vínculo histórico entre dos etapas contrastantes, contradictorias incluso, para el ejercicio de la libertad de expresión, el Excélsior “se vuelve fundamental para entender esas dos cosas: el pasado, y el futuro del periodismo mexicano”.

La obra de Burkholder entraña un ejercicio de reflexión novedoso en torno al periodismo; los alcances y motivos de esa novedad, según su óptica, se deben a que “históricamente, el periodista no ve su pasado, hay una serie de circunstancias metodológicas y hasta personales, que no lo llevan a eso; y la verdad es que le haría mucho bien. Estoy convencido de que si vemos la historia, si no evitar su repetición, sí podemos entender porqué tenemos el presente que tenemos. Y a los periodistas contemporáneos no les haría mal entender por lo menos, que muchas de las cosas que hoy hacen, que parecen novedosas, son tremendamente antiguas”.

Entre las inercias históricas con falsos ropajes de novedad, a las que refiere el autor, destaca la esencial relación entre la prensa y el poder. De nuevo Burkholder: “Sigo viendo a estos periodistas, ahora jóvenes, treintañeros o veinteañeros, a los cuales les engolosina estar cerca del funcionario en turno, del secretario, del delegado, etcétera; esa es una relación antiquísima”.

“La red de los espejos”  y los reflejos de la prensa

El periodismo del futuro

Además de la revisión necesaria al pasado, La red de los espejos detona un cuestionamiento vital para el replanteamiento del periodismo en México y la revalorización de su ejercicio. Dicho ejercicio reflexivo pasa, invariablemente, advierte Burkholder, por “tener lectores. Somos una prensa que tiene muy pocos lectores, y de ahí vienen nuestros enormes problemas. Y eso es histórico. Si para un país de casi 120 millones de personas, tienes poco más de tres millones de personas que consumimos periódicos y revistas; si los periódicos mexicanos siguen tirando entre 100, 140, quizá 200 mil periódicos, eso es tremendamente menor. Esa falta de lectores provocó, precisamente, desde principios del siglo XIX que la prensa necesitara al Estado para sobrevivir, y que el Estado decidiera que se veía muy bien el impulsar a la prensa, para también poder dirigirla a su conveniencia”.

“Mientras no tengamos lectores –remata el historiador-, mientras no tengamos un enorme público, va a costar muchísimo trabajo tener, por ejemplo, reporteros de tiempo completo, me refiero a gente que hace grandes investigaciones especiales y que sólo se dedican a eso. (A los reporteros) les cuesta mucho trabajo hacer periodismo, y ese es el gran problema de este país”.

En ello, pues, radica la gran tragedia del periodismo mexicano: su supeditación al poder –salvo honrosos y en cada vez más numerosos casos-, que condiciona su contenido y línea editorial. Tiene la palabra Burkholder: “El periodismo mexicano contemporáneo sigue pegado al Estado, sigue dependiendo de él, y eso implica que el periodismo también esté viviendo una crisis como la que está viviendo el Estado”.

Así, pues, el antídoto no es otro más que el de construir el futuro, naturalmente, pero modificando el presente y atendiendo al pasado. Concluye el historiador: “Los periodistas, así como necesitan ver hacia el futuro, tienen que ver hacia el pasado, necesitan esas dos cosas. Necesitan darse tiempo, darse distancia para entender su oficio, y entender así qué es lo que tienen que dar a esta sociedad del siglo XXI, que siempre va a necesitar buenos periodistas”.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.